Poesía de África: Congo
*
Canto fúnebre
Oh gran Nzambi, lo que tú haces es bueno,
pero tú nos has dado una gran tristeza con la muerte.
Tú debías haber hecho que no muriéramos.
Oh Nzambi, tenemos una gran tristeza.
*
(Tomado de 'Poesía Libre', número 14; revista de poesía; Ministerio de Cultura, Managua-Nicaragua; año V; marzo de 1985)
En un principio este blog nació para reproducir el cuento 'Pequeño Pez Negro'. Usted puede encontrarlo si retrocede. Luego, se le han añadido otros escritos.
lunes, 21 de septiembre de 2009
martes, 25 de agosto de 2009
Alma herida y corazón partido de Doña Agustina Alonso González (*)
"Angel Martín Alonso que fue fusilado el 4 del 9 de 1936, era el novio (sic) de la famosa y mito de Moraleja del Vino, Agustina Alonso. Cuenta que se lo arrancaron de sus brazos y desde entonces ha tenido el alma herida y el corazón partido.
Agustina, según cuentan los que la conocieron en los años de su juventud, era una mujer dulce y amable, pero las circunstancias de la vida le cambiaron el carácter y su modo de ser, convirtiéndose, en ocasiones, en agresiva, llamado al pan pan y al vino vino.
Cuando unos compañeros y vecinos suyos me la presentaron, ya era una mujer de edad avanzada, aunque su energía demostró que continuaba viva, ya contaba con 94 años y convivía con una de sus hijas, al no permitirle sus fuerzas valerse por si misma.
Recuerdo que cuando la saludé y le conté el motivo de mi visita, le intuí que su corazón dio un salto de alegría al decir:
-Ya ha querido Dios que alguien se preocupe de nuestros muertos, ya que los fariseos no nos dejaron, durante cuarenta años, rezarle sobre su tumba ni siquiera un padrenuestro, ni llevarle flores por estar aislados del resto.
-Aunque a decir verdad -dice Agustina- no son nuestros muertos, porque no fuimos nosotros quienes los aseninamos, sino que fueron ellos, aunque nosotros somos quienes les echamos de menos.
-Y ¿cómo olvidarlo?... -dice Agustina- yo que me encontraba feliz y en lo mejor de mi vida, arrancaron de mis brazos mi primer amor, el que nunca se olvida; a pesar de que después también lo fui; aunque distinto; porque en aquel momento ya mi vida no tendría sentido; pero después, pasado un tiempo, me casé y Dios me dio hijos y un marido que me supo comprender y yo a él; lo que dio lugar a que mi corazón se dividiera en dos, con un solo recuerdo: el que no perdona ni olvida (*)"
(Tomado del libro de Alfonso Lara Díaz y Serrano, Prejuicios de la guerra civil española 1936/1939 a 1975, páginas 109/110, Imprenta Jambrina -Zamora-, 2009)
__________
(*) En el libro aparece una foto (préstamo de Doña Agustina Alonso Gonzáles al autor) con tres jóvenes (uno de ellos subido a caballo de los otros dos) y en el reverso de la fotografía se leen estas palabras de puño y letra de Doña Agustina:
"estos son Adolfo (su hermano), Paco y Angel Patudo asesinados en el 36 por los asesinos de Moraleja".
Cuando se la entregó le dijo:
-Cuídela usted, porque le entrego parte de mi vida. Paco es el que está a caballo.
Observase que para Doña Agustina Alonso González no hay 'represariados' solo asesinados y por lo tanto asesinos; asesinos que el autor -no sabemos por qué, quizás por miedo- no cita jamás con nombres y apellidos. Y nos consta que ella se los nombró.
Este miedo es una prueba del poder que siguen teniendo los fachas en España y explica el por qué no se ha hecho un homenaje estatal a las víctimas del franquismo. Pero, en fin, a pesar de ese miedo del autor y de las mismas víctimas que aun viven y de sus familiares, que todo hay que decirlo, bien venidos sean estos libros que, luego, servirán para que historiadores concienzudos lo plasmen en libros científicamente escritos.
Recuerdos amargos de Doña Agustina Alonso González (+)
Represariados (sic) (*) en Moraleja del Vino y fusilados en el cementerio del mismo lugar:
No solo en una misma noche, según relata Agustina Alonso, otros a manos de los falangistas del pueblo, los sacaron de sus casas a goteo para sembrar la incertidumbre.
Agustina lleva a sus espaldas 96 años y un recuerdo no muy grato:
El 3 del 9 de 1936 fusilan a Julián Catarín González y la misma noche a Andrés Jambrina Domínguez.
El 4 del 9 a Ángel Martín Alonso.
El 21 del 7 a Valentín Castaño Martín.
El 21 del 8 a Ramón López Alonso yla misma noche a Ezequiel López Fernández.
El 24 del 9 a Bernardino Domínguez González.
El 25 del 9 a Francisco Martín Fernández.
El 27 del 10 a Ángel Martín Rodríguez.
El 17 del 11 a Ángela Alonso Alonso (1).
El 7 del 12 a Emilio Diéguez Fernández e hijo Emilio Diéguez.
El 12 del 12 de 1936 a Adolfo Alonso González (3)
El 15 del 12 a Santiago Bartolomé Santiago, la misma noche a Ángel Chapado Bajo, a Serafín Chapado Bajo, a Isaac Esteban Isidro, a Domingo Gago Mayor y a Andrés García Isidro. Estos seis últimos fueron fusilados la misma noche del 15 del 12 de 1936.
Estos tres últimos, Isidro Alonso, Alfonso y Gregorio Delgado no hay fecha de su fallecimiento; lo que si es cierto, según testimonio de los arriba indicados (sic), que fueron fusilados y enterrados en el cementerio del lugar de Moraleja del Vino después de ser humillados, masacrados y apaleados en el Ayuntamiento del susodicho lugar a manos de falangistas del pueblo.
Cuentan los lugareños de Moraleja del Vino que a Francisco Martín Fernández, apodado 'El Poroque', fue fusilado en el cementerio de este lugar a manos de los falangistas del pueblo el 30 del 9 de 1936. Fue fusilado dos veces. Yo pregunto a ambos (sic):
-Y ¿eso cómo pudo ser?
Respuesta convincente de estos (sic):
-Le sacaron de su casa, le condujeron al Ayuntamiento donde le humillaron con vejaciones intimidatorios (sic), le apalearon después y cuando se saciaron, le llevaron al cementerio y fuera, sobre la pared, le ametrallaron, cayendo su cuerpo al suelo. Creyendo estos verdugos de que estaba muerto, le abandonaron como a un perro, pero no fue cierto que había muerto. Este al observar que el ambiente se hallaba despejado, arastrando su cuerpo sobre la tierra, pudo llegar a su casa, llamó a la puerta y al ser altas horas de la noche y el clima que se respiraba, la familia pensó que serían los falangistas que venían a por los demás de la familia, estos aterrorizados, abrieron la puerta y allí estaba Francisco, sangrando en el suelo, pidiendo auxilio, le adentraron como pudieron y enseguida llamaron al médico de cabecera, el que le practicó una cura de urgencia y a continuación dio cuenta a los falangistas que en aquel momento eran las máximas autoridades. De no haberlo hecho, posiblemente el médico también hubiera sido fusilado como estos otros. Le trasladaron al Hospital Provincial, donde estuvo custodiado por dos falangistas hasta su curación y una vez dado de alta lo condijeron al ementerio de la capital denominado 'Cementerio de San Atilano', donde lo fusilaron, asegurándose esta vez que estaba muerto, rematándolo con un tiro de gracia de pistola, no como la primera vez que sus asesinos cuando vieron que cayó al suelo, cobardemente salieron corriendo.
*
(Tomado del libro de Alfonso Lara Díaz y Serrano, Prejuicios de la guerra civil española 1936/1939 a 1975, páginas 108/109, Imprenta Jambrina -Zamora-, 2009)
__________
(+) El título es nuestro
(*) 'Represariados' es el término utilizado por el autor en lugar de 'Asesinados'.
(1) De esta mujer asesinada se dice que le cortaron los pechos y, después de abusar de ella, le patearon la barriga, porque estaba embarazada, para sacarle el hijo y, ya malherida y medio muerta, la lanzaron a una fosa echándole cal viva.
(*) 'Represariados' es el término utilizado por el autor en lugar de 'Asesinados'.
(1) De esta mujer asesinada se dice que le cortaron los pechos y, después de abusar de ella, le patearon la barriga, porque estaba embarazada, para sacarle el hijo y, ya malherida y medio muerta, la lanzaron a una fosa echándole cal viva.
lunes, 3 de agosto de 2009
Artenavas 09: 'Sueños del ser' de Ignacio Llamas
Artenavas 09: 'Sueños del ser' de Ignacio Llamas
Artenavas divide las obras expuestas en tres locales: Los Toriles, Covento de Santo Domingo y San Pablo y el Espacio Cultural Caja de Avila.
En Los Toriles expone su obra Ignacio Llamas titulada 'Sueños del ser' (2007) con materiales bien sencillos como son la madera y la luz. 47 x 90 x 90 cm.
En la oscuridad más absoluta solo encuentras 4 o 5 focos de luz.
*
Están ahí y ellas están alli.
Estás ahí, si, en la oscuridad.
Y ellas allí como una esperanza.
Tu está ahí en la angustia del no ser.
Y ellas allí en la alegre negación de la nada.
Caminas a tientas, indeciso, en pos de los cuadrados iluminados.
Te acercas a uno con temor y miras dentro.
No hay nadie.
Es el vacío.
Iluminado.
La nada radiante.
La esperanza truncada.
Te derrumbas.
*
Es un momento de decepción. Un solo instante.
Te tocas. Sigues siendo. Respiras.
En la negrura de la noche.
Te izas.
Sigues estando ahí y otras allí.
Avanzas más decidido hacia otra luz.
Quizás allí lo que buscas te sonría.
Y te asomas con renovada ilusión.
La luz te ciega.
Ilumina una estancia deshabitada.
Luminosa nadería.
Desengaño.
Te hundes de nuevo en la soledad.
*
Te tambaleas por un momento.
Un solo instante.
Otra luz te invita hacia su centro.
No lo piensas dos veces.
Avanzas más seguro.
No tienes nada que perder.
Solo la oscuridad que te rodea.
Tus ojos se abren de nuevo.
A la luz. Otra luz.
Donde compruebas que la soleda persiste aun.
Un renovado no ser
iluminado
te tumba en el negro callejón.
*
Por un momento.
Un solo instante.
Pues continúas estando ahí y ella luce allí.
De repente recuerdas, como en un fogonazo,
la escalera que subía.
Lo intuyes: es una invitación
a hallar la entrada
de la casa y poseerla.
Tu sueño de mileurista.
El gozo te derrama de alegría.
Y te afanas por encontrar las llaves.
¡Ah! ¡Ahí están! Alargas la mano
y... te despiertas.
*
Fdo: José Mª Amigo Zamorano
Artenavas divide las obras expuestas en tres locales: Los Toriles, Covento de Santo Domingo y San Pablo y el Espacio Cultural Caja de Avila.
En Los Toriles expone su obra Ignacio Llamas titulada 'Sueños del ser' (2007) con materiales bien sencillos como son la madera y la luz. 47 x 90 x 90 cm.
En la oscuridad más absoluta solo encuentras 4 o 5 focos de luz.
*
Están ahí y ellas están alli.
Estás ahí, si, en la oscuridad.
Y ellas allí como una esperanza.
Tu está ahí en la angustia del no ser.
Y ellas allí en la alegre negación de la nada.
Caminas a tientas, indeciso, en pos de los cuadrados iluminados.
Te acercas a uno con temor y miras dentro.
No hay nadie.
Es el vacío.
Iluminado.
La nada radiante.
La esperanza truncada.
Te derrumbas.
*
Es un momento de decepción. Un solo instante.
Te tocas. Sigues siendo. Respiras.
En la negrura de la noche.
Te izas.
Sigues estando ahí y otras allí.
Avanzas más decidido hacia otra luz.
Quizás allí lo que buscas te sonría.
Y te asomas con renovada ilusión.
La luz te ciega.
Ilumina una estancia deshabitada.
Luminosa nadería.
Desengaño.
Te hundes de nuevo en la soledad.
*
Te tambaleas por un momento.
Un solo instante.
Otra luz te invita hacia su centro.
No lo piensas dos veces.
Avanzas más seguro.
No tienes nada que perder.
Solo la oscuridad que te rodea.
Tus ojos se abren de nuevo.
A la luz. Otra luz.
Donde compruebas que la soleda persiste aun.
Un renovado no ser
iluminado
te tumba en el negro callejón.
*
Por un momento.
Un solo instante.
Pues continúas estando ahí y ella luce allí.
De repente recuerdas, como en un fogonazo,
la escalera que subía.
Lo intuyes: es una invitación
a hallar la entrada
de la casa y poseerla.
Tu sueño de mileurista.
El gozo te derrama de alegría.
Y te afanas por encontrar las llaves.
¡Ah! ¡Ahí están! Alargas la mano
y... te despiertas.
*
Fdo: José Mª Amigo Zamorano
jueves, 23 de julio de 2009
Juan Urbina Osegueda: La vende-frutas
Juan Urbina Osegueda: La vende-frutas
Cargando una bandeja
llena
de naranjas, guayabas, maracuyá
en la cabeza o en la cintura.
La he visto
en el parque 16 de Julio
en la calle
en la fábrica de puros.
No sé su nombre pero la veo
siempre por la mañana la veo.
Sus guindajes de colochos
se mueven sobre sus hombros.
Morena
persistiré en tu gracia.
Tus ojos grandes y negros se me grabaron
y te veo siempre
aunque no estés delante de mi.
*
Taller de Poesía de Estelí
Revista 'Poesía libre'. Ministerio de Cultura (Managua, Nicaragua) Año IV, número 10, enero de 1984
Cargando una bandeja
llena
de naranjas, guayabas, maracuyá
en la cabeza o en la cintura.
La he visto
en el parque 16 de Julio
en la calle
en la fábrica de puros.
No sé su nombre pero la veo
siempre por la mañana la veo.
Sus guindajes de colochos
se mueven sobre sus hombros.
Morena
persistiré en tu gracia.
Tus ojos grandes y negros se me grabaron
y te veo siempre
aunque no estés delante de mi.
*
Taller de Poesía de Estelí
Revista 'Poesía libre'. Ministerio de Cultura (Managua, Nicaragua) Año IV, número 10, enero de 1984
miércoles, 10 de junio de 2009
José Mª Amigo Zamorano: Canto amargo y desesperado
Él lo decía. Si, fue él el que lo dijo: su canto tiene un contenido humorístico agudo y penetrante, mejor dicho, picaro y amargo que, en conjunto, suena bastante desesperado.
Ese escritor se refería a aquel poeta judío, ya fallecido, que comenzó una parte de su poemario, titulado 'la gracia del canto', con rotundidad manifiesta:
-El hombre es como un pájaro, mientras en él su alma cante.
Así de claro. Mas siendo, como era, 'a-religioso', añadía que su meta no podía ser otra que elevar su canto a las nubes porque, más temprano o más tarde, llegará la hora en que su polvo se aposentaría en la tierra. Su conclusión no era fruto de un mal día sino de profundas reflexiones. Pero había más: con el paso del tiempo (y apostaba por él) oía crujir su cuerpo con música de requiem. Nada singular pues ya otro poeta, José Bergamín, nos decía que al caminar sus huesos se reían de su sombra. También Bergamín había apostado por el tiempo. Y ganó. Ganan todos los poetas que apuestan por el tiempo del hombre, por su llanto y por su canto. Y se redimen. Como León Felipe.
Decíamos que este poeta apostó por el tiempo. Aunque fuera arañándole unos minutos. Con tal de que el mar reflejara algún cántico. Un mínimo chispazo que luciera entre sus olas manchas de púrpura o naranja. Con poco se conformaba. Con eso se libera.
Hasta en los libros más aburridos buscaba esos chispazos, esas combinaciones de palabras para el ultimo viaje. Entonces, cuando las hallaba, era como encontrar notas escondidas para una sinfonía postrimera.
Se preguntaba muy a menudo cómo podría soportar la visión angustiosa de la vida sin esas palabras consoladoras. Esas que lo van sosteniendo. Melodías perdidas halladas por el espacio, lamentos del hombre que, luego, transformará en poemas para recordar que anduvo por estos lares. Bagaje antes de que el jardín se cierre y se caigan las máscaras. Las máscaras y las cáscaras, los halos y las galas que, al decir del poeta Claudio Rodriguez, eran las más burdas mentiras; como la de libertad mientras se redobla la vigilancia.
Quiere quitarse adornos, afeites. Quedarse en cueros cuando emprenda el postrer sendero y dejar todo lo que fue su vivir en el canto, para que galope en el sueño de los justos que caminan aun sobre la tierra. Pues la realidad sabe lo que es: vejez que brota del alba y un pequeño montículo de piedras como recuerdo; o dicho de otro modo: llanto de recién nacido y suspiro final del que se va para nunca más volver. Es la verdad. ¡La puta verdad! Por amarga que sea.
Se consuela, eso si, aun siendo 'a-religioso', porque lo fue, amando la palabra 'Dios', fruto de la fantasía y anhelo del alma humana. Otra manera de cantar en el pequeño territorio de su vida. Donde no tienen fin ni la felicidad, ni el horror. ¡Oh álamos desnudos, ríos de aguas negras, lirios flotando despaciosamente sobre el agua, negros cisnes de cuello melancólico...! Para qué seguir.
En fin, le es imposible, a viejos embaucadores, como ellos, mentir más. Aunque como no poseen nada, ningún reino celeste, al menos recogen (haciendose plural) pequeñas parcelas de palabras para cuando la luz se apague y suenen como en eco.
A su memoria acuden poetas queridos como Natan Zaj, Yesenin, Ajmatova. Grinberg, Walt Witman... que fueron derechos al silencio voraz.
-Si hasta mejores que tu y yo -asegura el poeta- fueron devorados. Y mas de uno ligó toda la brevedad de la vida en una sola y repentina bala de plomo.
Recordaba sin duda al poeta Rubén Yaron y su propio hijo.
Empero aun le late un ligero optimismo pensando que alguna clara mañana se quedarán sin alas las mentiras. Esas cáscaras y máscaras a las que aludía el poeta zamorano como las más burdas. Entonces, está seguro, que contemplará hermosos lirios flotando lentamente sobre las aguas. Y ya no serán necesarios lo poemas.
Mientras tanto un día llegará solo al jardín; un día en que todo se cerrará: ventanas, libros...; y la poesía se alejará; y el propio canto de los pájaros; ese día en que además le dirán que cambie de carnet.
Ese día quizás le ocurra, como él hizo ante la tumba del poeta palestino y amigo Fawzy Abdala, que alguien, uno cualquiera, quizás tú lector, deposite en su féretro un ramo de crisantemos.
Justo enfrente de la inscripción: 'Natán Yonatán, Poeta'.
Bardo que, es cierto, murió un viernes 12 de marzo de 2004.
Dejonos esta gracia del canto que, como afirmaba Amos Oz, nos suena bastante desesperada.
Que le vamos a hacer.
Etiquetas:
José Mª Amigo Zamorano,
Literatura hebrea,
Natán Yonatán,
Poesía,
Reseña
martes, 12 de mayo de 2009
José Mª Amigo Zamorano: En pos de la belleza '¿Te duele?'
Libro: ¿Te duele?
Autora: Angela Segovia Soriano
Edita: Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes
Año: 2009
Autora: Angela Segovia Soriano
Edita: Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes
Año: 2009
Ángela Segovia Soriano, de 21 años, nacida en Las Navas del Marqués (Ávila), estudiante de Publicidad en la Complutense y alumna de la Fundación Centro de Poesía José Hierro es la flamante ganadora del V Premio Nacional de Poesía Joven Félix Grande 2009, dotado con 6.000 euros y que incluye la publicación del libro dentro de la colección literaria Universidad Popular, patrocinada por el Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes. El jurado, compuesto por Luis Alberto de Cuenca, Ignacio Elguero, Luz Pichel y Manuel Romero Mancha emitió el fallo por unanimidad y destacó el alto nivel de las obras presentadas al certamen, entre las que destacó ¿Te duele?, la ganadora Ángela Segovia considera "demasiado difícil definirse a uno mismo", pero describe su poesía como "una secuencia de imágenes con potencia, como si fueran la secuencia visual de una poesía surrealista". Con anterioridad, ha publicado en el taller de Poesía José Hierro de Getafe Cuadernos del matemático y ha ilustrado el libro Torrijas y balas, de Miguel Ángel Martín.Fuimos a ver la presentación del libro en su pueblo Las Navas del Marqués. De factura surrealista, (a '¿Te duele?' le hemos hallado algún eco de Saint John Perse en 'Anábasis'), es como un camino hacia la apropiación de la belleza en tres fases: 1ª, 'casa-mano'; 2ª, 'Dentro, sin respirar' y 3ª, 'Una funda con mi nombre''. En el avance hacia esa meta, un avance seguro, casi sin titubeos, va arrojando trozos que no le sirven y los abandona sin mas. Duela a quien le doliere. Es un movimiento imparable. Sin consideraciones. Porque sabe quien es, de que lugar procede y hacia dónde se dirige su canto. O eso cree ella.
Comienza con una suerte de reflexión sobre la caducidad de las cosas, de los seres o sobre el destino en el que se verán abocados. Una mirada impropia de su edad. Aunque 'impropia de edad' es un lugar común: hay hay quienes no maduran ni cuando están a punto de fenecer y otros, en cambio, ya se esnifan rayas de coca con 14 o 15 años. Pero, si, reconozcamos que no es lo más general en esas edades juveniles darse cuenta de que la vida es un soplo y hay que aprovecharla. Leemos ya en la primera página: 'Mira / sólo sé que después vendrá la tierra / a por nosotros'. Y sin solución de continuidad añade que no quedará nada: 'Los abismos las llamadas / desaparecerán, / el hambre la lluvia todo'. Si acaso una fotografía para el recuerdo: 'Colocaos para la foto que se hace tarde / y las cabezas de las vacas se van a apagar / que la luz es muy amarilla ahora / y hay un resquicio de azafrán prendido en las hojas / del pino'.
Partiendo de estos supuestos, ciertos, hay que llenar la vida cada instante, en una actitud abierta a lo que se ofrece por doquier, a la belleza, que aunque fugaz existe y hay que aprisionarla antes de que se evapore, no hay que dejarla pasar. Porque cuando surge, porque brota por ahí y es muy sonora, nace con 'gran ruido de párpados'. Los párpados de uno, singulares. No los párpados del universo, de la Humanidad, ni de la colectividad. Pudiéramos decir que son los párpados de la soledad. De los ojos de Ángela Segovia: 'Yo, / atrapada en tu terciopelo azul, / sangrando el alma porque no puedo / no puedo sostener tanta belleza'.
Es un problema que se soluciona haciéndose belleza, introduciéndose entre sus pliegues. Así, de ese modo se desprende de su materialidad. Lo decimos porque se da a entender que la belleza es algo que está por encima, levitando. Como decía Claudio Rodríguez de la claridad: 'viene del cielo; / es un don: no se halla entre las cosas / sino muy por encima'. La poetisa navera viendo desde la distancia todo lo anterior lo expulsa, lo tira, no le sirven ya: 'los recuerdos que se me atragantan te los doy, / para ti todos'. No quiere que nadie le obstruya ese sendero. No quiere eclipses. Le duela a quien le duela. Es inmisericorde en su andadura. Ni un poso de miramiento, de conmiseración o de ternura. Lo que ya fue deja de servir y lo abandona en la vereda. Como los versos que leyó en la representación de su libro. En la performance según alguno dijo. Y si alguno de los deshechos le duele, porque al fin y al cabo también tiene algo de humana, son como piedrecitas, pequeños cantos que de una patada se los aparta de la senda por la camina en pos de la belleza. Son obstáculos sin importancia en su camino, en su paso por la vida. Es como si avanzara con perfil de diosa 'ebria de violetas'. Angela Segovia Soriano tiene el orgullo de la juventud: 'Que le vamos a hacer / si nacimos caleidoscópicas / y el paso de las hojas nos define'. Efectivamente caminas 'con esa indiferencia que te arropa, / que te ensalza, que te hace superior'. Tan superior, tan suprema que no quiere la permanencia, sino la muerte en la cima: 'con la punta clavada en la garganta por donde sale / mi última palabra / entre estertores atragantados de muselina y gasas / estupefactas. / Mi última palabra / eres tú: / COLIBRÍ. / La belleza ha de ser el único motivo de la muerte'. Es su testamento final.
Todo un poema de métrica libre. Surrealista. Como dijimos arriba le notamos un eco leve de Perse. De quién sea la influencia no sabemos. Pero sí que ha sido, luego, procesada y le ha salido propia. De su alma. De su sangre. De su ser. De sus propias entrañas. Es decir: con personalidad propia, con estilo suyo.
Ha nacido en Las Navas del Marqués una firma poética. Con ansias de cielo. Decía Rubén Darío: 'y tuve hambre de espacio y sed de cielo / desde las sombras de mi propio abismo'. Esperemos que no se esté elevando Ángela desde ningún 'abismo'. Porque los abismos, muchas veces, nunca tienen fondo. Son mortales. Cuando Ángela regrese a la tierra, que regresará, será más divina por humana. Por eso le hablamos de Aimé Cesaire y su 'Cuaderno de regreso al país natal', también surrealista, que no conocía. Si algún día lo lee se encontrará con estos versos muy terrenales que nos gusta citar muy a menudo: 'Y sobre todo mi cuerpo y también mi alma, guardaos de cruzar los brazos en la actitud estéril del espectador, pues la vida no es un espectáculo, un mar de dolores no es un proscenio, un hombre que grita no es un oso que danza... '.
__________
Foto: Ángela Segovia Soriano
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