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domingo, 17 de junio de 2012

Iswe Letu: Agustina Alonso González, me inclino ante esta mujer





Hace pocos días le cogió las manos y para animarla le dijo:

-Mírame Agustina: puño en alto, compañera.

Lo hizo porque estando, como estaba, muy malita quería insuflarle ganas de vivir. Tenía las manos finísimas, cálidas. Lo miró y sonriéndole le contestó:

-¡Ah! eso siempre, campañero!

El '¡ah!' significaba que seguía intacta, que a sus 97 años no le habían derrotado y que solo la muerte se llevaría su antifascismo.

Luego para animarla más le quiso cantar la canción de Pedro Faura 'Puño en alto' (*) pero no pudo embargado por la emoción.

Contaba su hija Conce que últimamente deliraba acordándose de sus padres pidiéndoles perdón por no haber podido encontrar la tumba de su hermano.

Doña Agustina Alonso González, quien heredó de sus progenitores el sobrenombre de 'La Chicharra', tuvo siempre presente en su memoria a su hermano y al novio, a los que asesinaron los falangistas.

Cuando decimos 'al novio' nos referimos a su primer amor. Pues mas tarde rehizo su vida y amó de nuevo y se casó con el hombre con quien tuvo dos hijas y un hijo.

Pero al hermano y al primer novio no los olvidó: fue fiel a su recuerdo. Tanto como que, a punto de morir, aun le corroía por dentro y soñaba en ello, según contaba su hija, el no haber encontrado la tumba de su hermano. Un deber que no pudo cumplir.

Lo del novio... lo del novio fue... como decirlo... un ejemplo de la barbarie fascista, franquista, falangista... con el nombre que quieran... un ejemplo de los 36 asesinados en Moraleja del Vino (Zamora).

Un ejemplo de los 36 asesinados: lo quisieron matar en las tapias del cementerio junto a otros. Lo dieron por muerto y los asesinos fascistas se fueron. Mas solo estaba herido. Arrastrándose herido como pudo, apoyándose en las paredes de las casas, escondiéndose en las sombras de la noche, llegó hasta las traseras del corral de unos familiares, quienes lo llevaron al hospital de Zamora para que le curaran las heridas. Inútil curación. Cuando salió sano y salvo allí estaban otra vez sus asesinos para llevárselo. Y esta vez, si, lo mataron y remataron.

Un ejemplo de lo que pasó en Moraleja. Incluso un pálido ejemplo. Hubo casos en los que se ensañaron hasta el extremo de cortarle los testículos...

A todos ellos se les recuerda a la entrada del cementerio en una placa que impulsaron los socialistas del pueblo (hay que decirlo) y que pone algo así como : 'A los luchadores de la libertad y de la democracia asesinados'. Con lo que el recuerdo de su novio quedaba grabado en piedra.

Contaba ella que cuando pusieron esa placa o lápida ella estuvo presente. A pesar del miedo. Porque un hilo de miedo recorrió el pueblo. Tanto, que la mitad de los habitantes se quedó en casa acabordados y la otra mitad salió a la calle. Miedo a pesar de que ya se estaba en democracia y en libertad con esta monarquía heredada del franquismo. Democracia y libertad (todo hay que decirlo) que buena parte del pueblo español nunca se ha creído del todo.

Pero su hermano... su hermano... ¡ah, su hermano!... el hermano de Doña Agustina Alonso González... fue una espina clavada... recordado en delirios... hasta el último momento... inolvidable... Y es que la sangre es muy clamorosa.

Cuando le contestó aquello de 'Puño en alto, siempre' no se sorprendió. Aunque, para qué negarlo, se le quebró, a él, emocionado, la voz. Y es que, como estas 'Agustinas', hay pocas. Hubo una tal Agustina de Aragón. Muy nombrada. A ésta Agustina, Agustina Alonso González, solo la conocemos unos pocos. Es de Moraleja del Vino, pueblo de la provincia de Zamora. Él no la olvidará. Y cantándole muy quedo, para si, el 'Puño en alto' (1) de Pedro Faura, en la soledad de los recuerdos más entrañables, deseará que siempre esté en su memoria: 

"Puño en alto compañeros.
Puño en alto que ya vengo
alzando alto muy alto
alzando alto y sin miedo.
Que cuando más alto esté
con más fuera caerá luego
sobre los que con su vida
matan la sangre del pueblo.
Alzando alto muy alto
compañeros que ya vengo.
Si no estuve con vosotros
fue ignorancia no fue miedo,
pero ya he sabido y siento
que yo no puedo ser libre.
Que no podemos ser libres
si libre no es todo el pueblo
Puño en alto compañeros
que ya descargarlo quiero.
Que ya ha llegado la hora
de darle lo suyo al pueblo.
Puño en alto compañeros.
Puño el alto que ya vengo.
Quiero formar con vosotros
de puños un bosque entero". 
*
Descanse en paz Agustina. Compañera. No te olvidaremos._________
(*) Pedro Faura, militante del Frap, era pseudónimo o nombre de guerra del famoso músico Bernardo Fuster, autor de numerosas canciones entre otras la famosa 'Calle de Alcalá'. Esta canción 'Puño en alto' pertenece al albúm titulado 'Manifiesto' que publicara en la clandestinidad el Frente Revolucionario Antifascista y Patriotico (FRAP)

martes, 25 de agosto de 2009

Alma herida y corazón partido de Doña Agustina Alonso González (*)


"Angel Martín Alonso que fue fusilado el 4 del 9 de 1936, era el novio (sic) de la famosa y mito de Moraleja del Vino, Agustina Alonso. Cuenta que se lo arrancaron de sus brazos y desde entonces ha tenido el alma herida y el corazón partido.

Agustina, según cuentan los que la conocieron en los años de su juventud, era una mujer dulce y amable, pero las circunstancias de la vida le cambiaron el carácter y su modo de ser, convirtiéndose, en ocasiones, en agresiva, llamado al pan pan y al vino vino.
Cuando unos compañeros y vecinos suyos me la presentaron, ya era una mujer de edad avanzada, aunque su energía demostró que continuaba viva, ya contaba con 94 años y convivía con una de sus hijas, al no permitirle sus fuerzas valerse por si misma.

Recuerdo que cuando la saludé y le conté el motivo de mi visita, le intuí que su corazón dio un salto de alegría al decir:

-Ya ha querido Dios que alguien se preocupe de nuestros muertos, ya que los fariseos no nos dejaron, durante cuarenta años, rezarle sobre su tumba ni siquiera un padrenuestro, ni llevarle flores por estar aislados del resto.

-Aunque a decir verdad -dice Agustina- no son nuestros muertos, porque no fuimos nosotros quienes los aseninamos, sino que fueron ellos, aunque nosotros somos quienes les echamos de menos.

-Y ¿cómo olvidarlo?... -dice Agustina- yo que me encontraba feliz y en lo mejor de mi vida, arrancaron de mis brazos mi primer amor, el que nunca se olvida; a pesar de que después también lo fui; aunque distinto; porque en aquel momento ya mi vida no tendría sentido; pero después, pasado un tiempo, me casé y Dios me dio hijos y un marido que me supo comprender y yo a él; lo que dio lugar a que mi corazón se dividiera en dos, con un solo recuerdo: el que no perdona ni olvida (*)"

(Tomado del libro de Alfonso Lara Díaz y Serrano, Prejuicios de la guerra civil española 1936/1939 a 1975, páginas 109/110, Imprenta Jambrina -Zamora-, 2009)

__________

(*) En el libro aparece una foto (préstamo de Doña Agustina Alonso Gonzáles al autor) con tres jóvenes (uno de ellos subido a caballo de los otros dos) y en el reverso de la fotografía se leen estas palabras de puño y letra de Doña Agustina:
"estos son Adolfo (su hermano), Paco y Angel Patudo asesinados en el 36 por los asesinos de Moraleja".

Cuando se la entregó le dijo:

-Cuídela usted, porque le entrego parte de mi vida. Paco es el que está a caballo.

Observase que para Doña Agustina Alonso González no hay 'represariados' solo asesinados y por lo tanto asesinos; asesinos que el autor -no sabemos por qué, quizás por miedo- no cita jamás con nombres y apellidos. Y nos consta que ella se los nombró.

Este miedo es una prueba del poder que siguen teniendo los fachas en España y explica el por qué no se ha hecho un homenaje estatal a las víctimas del franquismo. Pero, en fin, a pesar de ese miedo del autor y de las mismas víctimas que aun viven y de sus familiares, que todo hay que decirlo, bien venidos sean estos libros que, luego, servirán para que historiadores concienzudos lo plasmen en libros científicamente escritos.

Recuerdos amargos de Doña Agustina Alonso González (+)


Represariados (sic) (*) en Moraleja del Vino y fusilados en el cementerio del mismo lugar:
No solo en una misma noche, según relata Agustina Alonso, otros a manos de los falangistas del pueblo, los sacaron de sus casas a goteo para sembrar la incertidumbre.
Agustina lleva a sus espaldas 96 años y un recuerdo no muy grato:

El 3 del 9 de 1936 fusilan a Julián Catarín González y la misma noche a Andrés Jambrina Domínguez.
El 4 del 9 a Ángel Martín Alonso.
El 21 del 7 a Valentín Castaño Martín.
El 21 del 8 a Ramón López Alonso yla misma noche a Ezequiel López Fernández.
El 24 del 9 a Bernardino Domínguez González.
El 25 del 9 a Francisco Martín Fernández.
El 27 del 10 a Ángel Martín Rodríguez.
El 17 del 11 a Ángela Alonso Alonso (1).
El 7 del 12 a Emilio Diéguez Fernández e hijo Emilio Diéguez.
El 12 del 12 de 1936 a Adolfo Alonso González (3)
El 15 del 12 a Santiago Bartolomé Santiago, la misma noche a Ángel Chapado Bajo, a Serafín Chapado Bajo, a Isaac Esteban Isidro, a Domingo Gago Mayor y a Andrés García Isidro. Estos seis últimos fueron fusilados la misma noche del 15 del 12 de 1936.
Estos tres últimos, Isidro Alonso, Alfonso y Gregorio Delgado no hay fecha de su fallecimiento; lo que si es cierto, según testimonio de los arriba indicados (sic), que fueron fusilados y enterrados en el cementerio del lugar de Moraleja del Vino después de ser humillados, masacrados y apaleados en el Ayuntamiento del susodicho lugar a manos de falangistas del pueblo.

Cuentan los lugareños de Moraleja del Vino que a Francisco Martín Fernández, apodado 'El Poroque', fue fusilado en el cementerio de este lugar a manos de los falangistas del pueblo el 30 del 9 de 1936. Fue fusilado dos veces. Yo pregunto a ambos (sic):

-Y ¿eso cómo pudo ser?

Respuesta convincente de estos (sic):

-Le sacaron de su casa, le condujeron al Ayuntamiento donde le humillaron con vejaciones intimidatorios (sic), le apalearon después y cuando se saciaron, le llevaron al cementerio y fuera, sobre la pared, le ametrallaron, cayendo su cuerpo al suelo. Creyendo estos verdugos de que estaba muerto, le abandonaron como a un perro, pero no fue cierto que había muerto. Este al observar que el ambiente se hallaba despejado, arastrando su cuerpo sobre la tierra, pudo llegar a su casa, llamó a la puerta y al ser altas horas de la noche y el clima que se respiraba, la familia pensó que serían los falangistas que venían a por los demás de la familia, estos aterrorizados, abrieron la puerta y allí estaba Francisco, sangrando en el suelo, pidiendo auxilio, le adentraron como pudieron y enseguida llamaron al médico de cabecera, el que le practicó una cura de urgencia y a continuación dio cuenta a los falangistas que en aquel momento eran las máximas autoridades. De no haberlo hecho, posiblemente el médico también hubiera sido fusilado como estos otros. Le trasladaron al Hospital Provincial, donde estuvo custodiado por dos falangistas hasta su curación y una vez dado de alta lo condijeron al ementerio de la capital denominado 'Cementerio de San Atilano', donde lo fusilaron, asegurándose esta vez que estaba muerto, rematándolo con un tiro de gracia de pistola, no como la primera vez que sus asesinos cuando vieron que cayó al suelo, cobardemente salieron corriendo.
A Isidro Alonso, sin fecha de fusilamiento, antes de fusilarlo, le sacaron los ojos, atestiguan y suscriben los lugareños de Moraleja del Vino. "

*

(Tomado del libro de Alfonso Lara Díaz y Serrano, Prejuicios de la guerra civil española 1936/1939 a 1975, páginas 108/109, Imprenta Jambrina -Zamora-, 2009)
__________
(+) El título es nuestro
(*) 'Represariados' es el término utilizado por el autor en lugar de 'Asesinados'.
(1) De esta mujer asesinada se dice que le cortaron los pechos y, después de abusar de ella, le patearon la barriga, porque estaba embarazada, para sacarle el hijo y, ya malherida y medio muerta, la lanzaron a una fosa echándole cal viva.