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jueves, 6 de octubre de 2011

'Que caiga el favorito' y que no se mueva nadie


Autor: Ramiro Gairín Muñoz
Título: Que caiga el favorito
Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza, 2011


Ramiro Gairín (Zaragoza, 1980) Ingeniero de montes por la Universidad Politécnica de Madrid. Vive en su ciudad natal. Ha aparecido en antologías y tiene ganados algunos galardones. Publicó 'Pintar de azul los días laborables' con el que obtuvo el Premio de Poesía Miguel Angel Pozanco. Y ahora publica 'Qué caiga el favorito'


Poemario de 37 poemas que se colocan en: 1 en el prólogo, 33 en lo que el autor denomina Nudo y el que queda reza epílogo. Poemas corticos con una media de 7 u 8 versos cada uno. La inmensa mayoría de 7 y 11 sílabas que se separan de cuando en cuando, quizás para que el lector se involucre en él con su propio discurso poético.

El tema principal es el amor. O la amada. A la que se adorna de virtudes desde el principio. Llegando a preguntarse (1) el poeta, sorprendido, el por qué ha sido elegido él por ella, siendo, como es, callado, sencillo, pardo. Pero en fin, como la realidad es esa se considera dichoso y arde, hoy, en el cristal del tiempo. Y quizás por eso, por su gozo inmenso, duda de si  durará o qué le deparará el destino en el futuro. 

Mientras tanto ahora, como hemos dicho, arde. Y cualquier cosa le sirve para alegrarse: un tazón de caldo (2), una frase hermosa, la forma de caminar de ella... Tanto ama que desea que la ciudad se llene del mismo amor. 

Mas todo eso, creemos, se puede manifestar no solo con palabras, sino con miradas, caricias, besos, susurros... Y no les importan mas que a los propios protagonistas. E importan, cuentan a los demás... poco. 


Pero no viven solos. Y no vienen de ahora sino de siempre. Tienen una herencia histórica. Que deben merecer. Se la transmitió el mudejar (3). Acurrucado. Triste, Con miedo. Oprimido. En noches de humedad. Quizás llorando. Y de ahí viene la luz. Lo sabe todo el mundo. 

Por lo tanto deben preservar la voz, el grito, el canto. No pueden quedarse sin pájaros si quieren unirse a los mudéjares de hoy que somos la inmensa mayoría. No puede quedarse sin canto, sin palabras. Y mas cuando ella le pide unos versos con flores de almendro. Pero ¿cómo?... Si apenas quedan almendros. 


Tienen (él y ella) que denunciar la paulatina destrucción de la naturaleza que les impide amarse aun mas. Y denunciar a los culpables, a las grandes corporaciones: bancos, eléctricas, multinacionales... 

Al respecto dice: 'Y yo me pregunto qué podemos hacer nosotros para impedirlo... tu y yo mañana tarde y noche'. 


La ve a ella salir por la puerta, desnuda, con el pelo mojado. 'Me hace gracia -declara terminando el librito 'Que caiga el favorito'- porque / dices por qué sonríes sonriendo'.


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Algunos poemas a los que se hace referencia:

(1) Mi corazón se parece a los gatos
no hace ruido cuando sube a las casas

me pregunto cómo lo distinguiste
de los demás gatos pardos anoche

cuál es su pedigrí.

(Zaragoza, febrero de 2009)

(2) A veces el invierno
vale la pena
por un tazón de caldo

una tarde afilada
por una frase hermosa 
que meter en la cama

mi vida la daría
por parecerme
a quienes has perdido.

(Zaragoza, septiembre de 2009)

(3) Por todos es sabido
que la luz viene siempre
de la calle Mayor

que la dejó el mudéjar
a modo de país
en noche del humedad

para el calor que sigue
si has hecho lo posible
por merecer el día.

(Zaragoza, noviembre de 2009)

martes, 12 de mayo de 2009

José Mª Amigo Zamorano: En pos de la belleza '¿Te duele?'

Libro: ¿Te duele?
Autora: Angela Segovia Soriano
Edita: Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes
Año: 2009


Ángela Segovia Soriano, de 21 años, nacida en Las Navas del Marqués (Ávila), estudiante de Publicidad en la Complutense y alumna de la Fundación Centro de Poesía José Hierro es la flamante ganadora del V Premio Nacional de Poesía Joven Félix Grande 2009, dotado con 6.000 euros y que incluye la publicación del libro dentro de la colección literaria Universidad Popular, patrocinada por el Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes. El jurado, compuesto por Luis Alberto de Cuenca, Ignacio Elguero, Luz Pichel y Manuel Romero Mancha emitió el fallo por unanimidad y destacó el alto nivel de las obras presentadas al certamen, entre las que destacó ¿Te duele?, la ganadora Ángela Segovia considera "demasiado difícil definirse a uno mismo", pero describe su poesía como "una secuencia de imágenes con potencia, como si fueran la secuencia visual de una poesía surrealista". Con anterioridad, ha publicado en el taller de Poesía José Hierro de Getafe Cuadernos del matemático y ha ilustrado el libro Torrijas y balas, de Miguel Ángel Martín.
Fuimos a ver la presentación del libro en su pueblo Las Navas del Marqués. De factura surrealista, (a '¿Te duele?' le hemos hallado algún eco de Saint John Perse en 'Anábasis'), es como un camino hacia la apropiación de la belleza en tres fases: 1ª, 'casa-mano'; 2ª, 'Dentro, sin respirar' y 3ª, 'Una funda con mi nombre''. En el avance hacia esa meta, un avance seguro, casi sin titubeos, va arrojando trozos que no le sirven y los abandona sin mas. Duela a quien le doliere. Es un movimiento imparable. Sin consideraciones. Porque sabe quien es, de que lugar procede y hacia dónde se dirige su canto. O eso cree ella.
Comienza con una suerte de reflexión sobre la caducidad de las cosas, de los seres o sobre el destino en el que se verán abocados. Una mirada impropia de su edad. Aunque 'impropia de edad' es un lugar común: hay hay quienes no maduran ni cuando están a punto de fenecer y otros, en cambio, ya se esnifan rayas de coca con 14 o 15 años. Pero, si, reconozcamos que no es lo más general en esas edades juveniles darse cuenta de que la vida es un soplo y hay que aprovecharla. Leemos ya en la primera página: 'Mira / sólo sé que después vendrá la tierra / a por nosotros'. Y sin solución de continuidad añade que no quedará nada: 'Los abismos las llamadas / desaparecerán, / el hambre la lluvia todo'. Si acaso una fotografía para el recuerdo: 'Colocaos para la foto que se hace tarde / y las cabezas de las vacas se van a apagar / que la luz es muy amarilla ahora / y hay un resquicio de azafrán prendido en las hojas / del pino'.
Partiendo de estos supuestos, ciertos, hay que llenar la vida cada instante, en una actitud abierta a lo que se ofrece por doquier, a la belleza, que aunque fugaz existe y hay que aprisionarla antes de que se evapore, no hay que dejarla pasar. Porque cuando surge, porque brota por ahí y es muy sonora, nace con 'gran ruido de párpados'. Los párpados de uno, singulares. No los párpados del universo, de la Humanidad, ni de la colectividad. Pudiéramos decir que son los párpados de la soledad. De los ojos de Ángela Segovia: 'Yo, / atrapada en tu terciopelo azul, / sangrando el alma porque no puedo / no puedo sostener tanta belleza'.
Es un problema que se soluciona haciéndose belleza, introduciéndose entre sus pliegues. Así, de ese modo se desprende de su materialidad. Lo decimos porque se da a entender que la belleza es algo que está por encima, levitando. Como decía Claudio Rodríguez de la claridad: 'viene del cielo; / es un don: no se halla entre las cosas / sino muy por encima'. La poetisa navera viendo desde la distancia todo lo anterior lo expulsa, lo tira, no le sirven ya: 'los recuerdos que se me atragantan te los doy, / para ti todos'. No quiere que nadie le obstruya ese sendero. No quiere eclipses. Le duela a quien le duela. Es inmisericorde en su andadura. Ni un poso de miramiento, de conmiseración o de ternura. Lo que ya fue deja de servir y lo abandona en la vereda. Como los versos que leyó en la representación de su libro. En la performance según alguno dijo. Y si alguno de los deshechos le duele, porque al fin y al cabo también tiene algo de humana, son como piedrecitas, pequeños cantos que de una patada se los aparta de la senda por la camina en pos de la belleza. Son obstáculos sin importancia en su camino, en su paso por la vida. Es como si avanzara con perfil de diosa 'ebria de violetas'. Angela Segovia Soriano tiene el orgullo de la juventud: 'Que le vamos a hacer / si nacimos caleidoscópicas / y el paso de las hojas nos define'. Efectivamente caminas 'con esa indiferencia que te arropa, / que te ensalza, que te hace superior'. Tan superior, tan suprema que no quiere la permanencia, sino la muerte en la cima: 'con la punta clavada en la garganta por donde sale / mi última palabra / entre estertores atragantados de muselina y gasas / estupefactas. / Mi última palabra / eres tú: / COLIBRÍ. / La belleza ha de ser el único motivo de la muerte'. Es su testamento final.
Todo un poema de métrica libre. Surrealista. Como dijimos arriba le notamos un eco leve de Perse. De quién sea la influencia no sabemos. Pero sí que ha sido, luego, procesada y le ha salido propia. De su alma. De su sangre. De su ser. De sus propias entrañas. Es decir: con personalidad propia, con estilo suyo.
Ha nacido en Las Navas del Marqués una firma poética. Con ansias de cielo. Decía Rubén Darío: 'y tuve hambre de espacio y sed de cielo / desde las sombras de mi propio abismo'. Esperemos que no se esté elevando Ángela desde ningún 'abismo'. Porque los abismos, muchas veces, nunca tienen fondo. Son mortales. Cuando Ángela regrese a la tierra, que regresará, será más divina por humana. Por eso le hablamos de Aimé Cesaire y su 'Cuaderno de regreso al país natal', también surrealista, que no conocía. Si algún día lo lee se encontrará con estos versos muy terrenales que nos gusta citar muy a menudo: 'Y sobre todo mi cuerpo y también mi alma, guardaos de cruzar los brazos en la actitud estéril del espectador, pues la vida no es un espectáculo, un mar de dolores no es un proscenio, un hombre que grita no es un oso que danza... '.
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Foto: Ángela Segovia Soriano