Mostrando entradas con la etiqueta James Fox. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta James Fox. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de junio de 2012

Iswe Letu: Memorias de Africa y Pasiones en Kenia


La autora de 'Memorias de África', Isak Dinesen (Karen Blixen), y de la que ya nos hemos referimos en la anterior actualización, en sus 'Letters From Africa 1914-1931' (Windenfeld & Nicholson, 1981), en una carta a su hermana decía (y es una muestra de los modales groseros, vulgares, chabacanos, pedestres... de la alta alcurnia, de la nobleza de sangre, defensora del exquisito comportamiento, de los normas de urbanidad, de las buenas costumbres, en la civilización occidental):

"Lady Delamere (*) se comportó escandalosamente durante la cena, a mi modo de ver. Bombardeó al príncipe de Gales con trozos de pan, y a mí, que me sentaba junto a él, me alcanzó uno en el ojo, de modo que ahora lo tengo morado, y terminó arremetiendo contra el príncipe, derribándole de su silla y revolcándole por el suelo. Yo esas cosas no las encuentro nada graciosas, y es una estupidez hacerlas en un club. En conjunto, ella no resulta especialmente agradable, con su aspecto estrambótico igual que una muñeca de madera pintada."

(*) De nombre Gwladys (pronúnciese Gladys) viuda de Hugh Delamere, de soltera Beckett, nació en 1898. Se casó en 1920 con sir Charles Markham; en 1928 con el citado Hugh, tercer barón de Delamere. En 1938 fue nombrada alcaldesa de Nairobi. Murió 
__________
Escribíamos mas arriba que el libro de Karen Blixen (Isak Dinesen) 'Memorias de África' famoso, magníficamente escrito, y la película del mismo título basada en él, han escondido orgías, robos, adulterios, opresión, lujuria, desenfreno, maltrato, alcoholismo, drogas, asesinatos... de la alta alcurnia, de la nobleza británica, en Kenia, incluida la corona pues de ello participaba hasta el Príncipe de Gales.

Bien, para terminar estos escritos sobre 'Memorias de África', veamos, mediante el texto que irá a continuación, en qué se entretenían estos parásitos, tomado de libro 'Pasiones en Kenia' (1) que también hemos citado. Es todo un ejemplo de la praxis de estos acérrimos defensores de la familia, la moral cristiana y los valores occidentales; y, por cierto, nada original el añejo y orgiástico juego:

"De vez en cuando organizaba juegos después de cenar, como el que consistía en hacer volar una pluma soplando por encima de una sábana sostenida sobre la mesa de los invitados. Era un juego frenético ideado para dar lugar a un estado próximo a la histeria; cuando la pluma caía, todos los ojos se posaban en Idina (*), quien, como una gran sacerdotisa presidiendo un ritual sagrado, adivinaba y luego anunciaba quien había de dormir con quién.

Los dormitorios estaban cerrados con llave e Idina disponía de juegos duplicados que colocaba sobre la mesa para proceder a la elección de los compañeros de cama mediante otro juego de azar, o algo que se le parecía. 'Siempre llamábamos a la cama de Idina el campo de batalla -decía un superviviente-, y todos íbamos a parar allí en un momento u otro del día o de la noche'."

Por lo que podemos ver, nada de eso refleja la idílica foto de la película 'Memorias de África'. Fiel al libro citado. Nada.

__________
(*) Lady Idina, de soltera Sackville, n. 1893. Hija del earl De La Warr. Cambió de nombre seis veces en los 5 matrimonios: Gordon, Wallace, Hay, Erroll, Haldeman y Soltau. En 1924 se casó con Josslyn Hay, luego earl de Erroll. Se divolció en 1930. Su casa, Clouds, situada cerca de Gilgil, era en centro del Happy Valley. Murió en 1955.

(1) Pasiones en Kenia. Editorial Anagrama 1988. Autor: James Fox

Iswe Letu: 'Pasiones en Kenia' y de paso en Sudáfrica


Iswe Letu: 'Pasiones en Kenia y Sudáfrica'
Luchando contra el racismo
__________

A raíz de los incidentes sangrientos en Sudáfrica en los que unos pobres emigrantes negros fueron asesinados por las gentes más pobres del lugar, nos dio por releer 'Pasiones en Kenia'. Por eso de que los blancos dominaron Sudáfrica y blancos mandaron en Kenia.

Para el que no lo sepa, este libro, publicado por Anagrama, es una investigación o crónica del asesinato, no de un pobre sino de un rico blanco, Lord Errol. Lo hicieron muchos años después de su muerte los escritores Cyril Connolly, ya consagrado escritor inglés y otro más novato, James Fox.

El caso es que parece una novela negra, más bien negrísima, pero con hecho y personajes reales de la más alta alcurnia. Ocurrió en Kenia cuando era colonia inglesa. Allí vivían, de puta madre, sin dar palo al agua, unos aristócratas, en lo que se llamó el 'Happy Valley', una zona de la 'White Highlands' que describiera, magnífica y muy amablemente, la danesa Karen Blixen. Y que, luego, se ha llevado a las pantallas de cine con el nombre que le pusiera a sus memorias la escritora, 'Memorias de África', con gran éxito.

Pues bien, el 24 de enero de 1941 se halló el cadáver de Josslyn Hay, ear de Errol, jefe político de los colonos y un nombre de la más pingorotada aristocracia. Se acusó del asesinato, tenía muchos enemigos, a un colono, a quien, tras ser juzgado, lo absolvieron.

El asesinato y el juicio fue muy sonado en su tiempo. Al escritor Cyril Connolly siempre le intrigó este crimen. De modo que, como ya hemos escrito, muchos años después, ayudado por un joven escritor, emprendió una investigación minuciosa sobre el caso.

Este libro, 'Pasiones en Kenia', es el resultado de sus pesquisas que firmó el joven James Fox porque Cyril Connolly, desgraciadamente, las diñó. Su lectura, aparte de la investigación policíaca y judicial, es como repasar un catálogo de heroicidades de la minoría blanca en tierras africanas: orgías, robos de tierras a los nativos, drogas, alcohol, palizas y humillaciones a los sirvientes, encornamientos, lujuria, libertinaje, matanzas de animales llamadas cacerías, adulterios... Brillante paso por África de la aristocracia británica cuyo corazón era fascista (el asesinado fue durante un tiempo miembro del partido fascista inglés) que ha dejado huella memorable de sus juergas y borracheras en el famoso Club Muthaiga. Corrupta sociedad cuya visión atemperó o tapó Isak Dinesen, la baronesa Blixen, en sus magníficos escritos; de la misma forma, la película, fiel a su literatura, ocultó tras una hermosa y brillante luz romántica.

Ese ocultamiento de las miserias, que los dioses nos perdonen, se ha llevado a cabo tras el triunfo del Congreso Nacional Africano en Sudáfrica. Y la figura de Nelson Mandela ha contribuido con su egregia aureola de encarcelado a velar la verdad. Las caras negras de diputados y ministros tapan el dominio sobre los resortes del poder de la minoría blanca. Ocultan el lujo insultante en el que se mantienen los blancos de siempre frente a la sociedad envuelta en paro, pobreza, hambre, miseria, sida. Es decir: los legítimos dueños de las riquezas se mueren de pobres.

Sudáfrica es otro valle feliz para un puñado de ladrones de raza blanca, racistas hasta la médula, que, pese al triunfo de la mayoría africana, mantiene intacto su poder tras arrojar el lastre inútil del Aparheit.

Valle feliz atrincherado, parapetado, tras las figuras de marioneta de diputados y ministros del Congreso Nacional Africano y la de heroica figura de Nelson Mandela. Triste papel para un héroe.

Lo que no han podido ocultar estos negros y sus amos blancos (y les hubiera gustado) es la marginación, el paro, el sida, la ignorancia, la violencia, la miseria, la pobreza, los bajos salarios... de buena parte de la población a la que se dicen representar.

Lamentablemente, desorientado como está, el pueblo sudafricano dirige sus cóleras, no contra el poder real que los mantiene en la miseria, los patronos, sino contra el emigrante; ese emigrante que acude a la tierra de promisión sudafricana huyendo del hambre o la represión de sus países. En esto se parecen mucho a los sentimientos racistas de la Europa, de esta civilización occidental.

Los vimos hace pocos días persiguiendo a pobres emigrantes de Zimbabue, de Madagascar... Incendiando sus casas. Matándolos. Con una crueldad inaudita que, eso si, por aquí es difícil ver, de momento. Aunque, tampoco hay que llamarse a engaño, por estos lares de la gran civilización occidental, incendios y asesinatos de emigrantes también los hemos visto.

En fin, de momento los propietarios sudafricanos pueden seguir viviendo en su valle feliz como antaño lo hicieron los blancos en Kenia. Lo decimos porque las masas utilizan su cólera, su rebeldía, su protesta, su violencia como ciegos con una pistola: sin diana verdadera.