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sábado, 16 de junio de 2012

Iswe Letu: Memorias de Africa y Pasiones en Kenia


La autora de 'Memorias de África', Isak Dinesen (Karen Blixen), y de la que ya nos hemos referimos en la anterior actualización, en sus 'Letters From Africa 1914-1931' (Windenfeld & Nicholson, 1981), en una carta a su hermana decía (y es una muestra de los modales groseros, vulgares, chabacanos, pedestres... de la alta alcurnia, de la nobleza de sangre, defensora del exquisito comportamiento, de los normas de urbanidad, de las buenas costumbres, en la civilización occidental):

"Lady Delamere (*) se comportó escandalosamente durante la cena, a mi modo de ver. Bombardeó al príncipe de Gales con trozos de pan, y a mí, que me sentaba junto a él, me alcanzó uno en el ojo, de modo que ahora lo tengo morado, y terminó arremetiendo contra el príncipe, derribándole de su silla y revolcándole por el suelo. Yo esas cosas no las encuentro nada graciosas, y es una estupidez hacerlas en un club. En conjunto, ella no resulta especialmente agradable, con su aspecto estrambótico igual que una muñeca de madera pintada."

(*) De nombre Gwladys (pronúnciese Gladys) viuda de Hugh Delamere, de soltera Beckett, nació en 1898. Se casó en 1920 con sir Charles Markham; en 1928 con el citado Hugh, tercer barón de Delamere. En 1938 fue nombrada alcaldesa de Nairobi. Murió 
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Escribíamos mas arriba que el libro de Karen Blixen (Isak Dinesen) 'Memorias de África' famoso, magníficamente escrito, y la película del mismo título basada en él, han escondido orgías, robos, adulterios, opresión, lujuria, desenfreno, maltrato, alcoholismo, drogas, asesinatos... de la alta alcurnia, de la nobleza británica, en Kenia, incluida la corona pues de ello participaba hasta el Príncipe de Gales.

Bien, para terminar estos escritos sobre 'Memorias de África', veamos, mediante el texto que irá a continuación, en qué se entretenían estos parásitos, tomado de libro 'Pasiones en Kenia' (1) que también hemos citado. Es todo un ejemplo de la praxis de estos acérrimos defensores de la familia, la moral cristiana y los valores occidentales; y, por cierto, nada original el añejo y orgiástico juego:

"De vez en cuando organizaba juegos después de cenar, como el que consistía en hacer volar una pluma soplando por encima de una sábana sostenida sobre la mesa de los invitados. Era un juego frenético ideado para dar lugar a un estado próximo a la histeria; cuando la pluma caía, todos los ojos se posaban en Idina (*), quien, como una gran sacerdotisa presidiendo un ritual sagrado, adivinaba y luego anunciaba quien había de dormir con quién.

Los dormitorios estaban cerrados con llave e Idina disponía de juegos duplicados que colocaba sobre la mesa para proceder a la elección de los compañeros de cama mediante otro juego de azar, o algo que se le parecía. 'Siempre llamábamos a la cama de Idina el campo de batalla -decía un superviviente-, y todos íbamos a parar allí en un momento u otro del día o de la noche'."

Por lo que podemos ver, nada de eso refleja la idílica foto de la película 'Memorias de África'. Fiel al libro citado. Nada.

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(*) Lady Idina, de soltera Sackville, n. 1893. Hija del earl De La Warr. Cambió de nombre seis veces en los 5 matrimonios: Gordon, Wallace, Hay, Erroll, Haldeman y Soltau. En 1924 se casó con Josslyn Hay, luego earl de Erroll. Se divolció en 1930. Su casa, Clouds, situada cerca de Gilgil, era en centro del Happy Valley. Murió en 1955.

(1) Pasiones en Kenia. Editorial Anagrama 1988. Autor: James Fox

Iswe Letu: 'Pasiones en Kenia' y de paso en Sudáfrica


Iswe Letu: 'Pasiones en Kenia y Sudáfrica'
Luchando contra el racismo
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A raíz de los incidentes sangrientos en Sudáfrica en los que unos pobres emigrantes negros fueron asesinados por las gentes más pobres del lugar, nos dio por releer 'Pasiones en Kenia'. Por eso de que los blancos dominaron Sudáfrica y blancos mandaron en Kenia.

Para el que no lo sepa, este libro, publicado por Anagrama, es una investigación o crónica del asesinato, no de un pobre sino de un rico blanco, Lord Errol. Lo hicieron muchos años después de su muerte los escritores Cyril Connolly, ya consagrado escritor inglés y otro más novato, James Fox.

El caso es que parece una novela negra, más bien negrísima, pero con hecho y personajes reales de la más alta alcurnia. Ocurrió en Kenia cuando era colonia inglesa. Allí vivían, de puta madre, sin dar palo al agua, unos aristócratas, en lo que se llamó el 'Happy Valley', una zona de la 'White Highlands' que describiera, magnífica y muy amablemente, la danesa Karen Blixen. Y que, luego, se ha llevado a las pantallas de cine con el nombre que le pusiera a sus memorias la escritora, 'Memorias de África', con gran éxito.

Pues bien, el 24 de enero de 1941 se halló el cadáver de Josslyn Hay, ear de Errol, jefe político de los colonos y un nombre de la más pingorotada aristocracia. Se acusó del asesinato, tenía muchos enemigos, a un colono, a quien, tras ser juzgado, lo absolvieron.

El asesinato y el juicio fue muy sonado en su tiempo. Al escritor Cyril Connolly siempre le intrigó este crimen. De modo que, como ya hemos escrito, muchos años después, ayudado por un joven escritor, emprendió una investigación minuciosa sobre el caso.

Este libro, 'Pasiones en Kenia', es el resultado de sus pesquisas que firmó el joven James Fox porque Cyril Connolly, desgraciadamente, las diñó. Su lectura, aparte de la investigación policíaca y judicial, es como repasar un catálogo de heroicidades de la minoría blanca en tierras africanas: orgías, robos de tierras a los nativos, drogas, alcohol, palizas y humillaciones a los sirvientes, encornamientos, lujuria, libertinaje, matanzas de animales llamadas cacerías, adulterios... Brillante paso por África de la aristocracia británica cuyo corazón era fascista (el asesinado fue durante un tiempo miembro del partido fascista inglés) que ha dejado huella memorable de sus juergas y borracheras en el famoso Club Muthaiga. Corrupta sociedad cuya visión atemperó o tapó Isak Dinesen, la baronesa Blixen, en sus magníficos escritos; de la misma forma, la película, fiel a su literatura, ocultó tras una hermosa y brillante luz romántica.

Ese ocultamiento de las miserias, que los dioses nos perdonen, se ha llevado a cabo tras el triunfo del Congreso Nacional Africano en Sudáfrica. Y la figura de Nelson Mandela ha contribuido con su egregia aureola de encarcelado a velar la verdad. Las caras negras de diputados y ministros tapan el dominio sobre los resortes del poder de la minoría blanca. Ocultan el lujo insultante en el que se mantienen los blancos de siempre frente a la sociedad envuelta en paro, pobreza, hambre, miseria, sida. Es decir: los legítimos dueños de las riquezas se mueren de pobres.

Sudáfrica es otro valle feliz para un puñado de ladrones de raza blanca, racistas hasta la médula, que, pese al triunfo de la mayoría africana, mantiene intacto su poder tras arrojar el lastre inútil del Aparheit.

Valle feliz atrincherado, parapetado, tras las figuras de marioneta de diputados y ministros del Congreso Nacional Africano y la de heroica figura de Nelson Mandela. Triste papel para un héroe.

Lo que no han podido ocultar estos negros y sus amos blancos (y les hubiera gustado) es la marginación, el paro, el sida, la ignorancia, la violencia, la miseria, la pobreza, los bajos salarios... de buena parte de la población a la que se dicen representar.

Lamentablemente, desorientado como está, el pueblo sudafricano dirige sus cóleras, no contra el poder real que los mantiene en la miseria, los patronos, sino contra el emigrante; ese emigrante que acude a la tierra de promisión sudafricana huyendo del hambre o la represión de sus países. En esto se parecen mucho a los sentimientos racistas de la Europa, de esta civilización occidental.

Los vimos hace pocos días persiguiendo a pobres emigrantes de Zimbabue, de Madagascar... Incendiando sus casas. Matándolos. Con una crueldad inaudita que, eso si, por aquí es difícil ver, de momento. Aunque, tampoco hay que llamarse a engaño, por estos lares de la gran civilización occidental, incendios y asesinatos de emigrantes también los hemos visto.

En fin, de momento los propietarios sudafricanos pueden seguir viviendo en su valle feliz como antaño lo hicieron los blancos en Kenia. Lo decimos porque las masas utilizan su cólera, su rebeldía, su protesta, su violencia como ciegos con una pistola: sin diana verdadera.

viernes, 2 de enero de 2009

Lovengula / Nobengula: dos visiones (2)

--Notas tomadas de las lectura de 'Un turista en África' de Evelyn Waugh (1) y 'Paseos por África' de Alberto Morabia (2)--

2. Los Matopos en 'Paseos por África'

Viajamos a Bulawayo en compañía de un soldado con uniforme de camuflaje, fusil ametrallador y cartuchera. Cada 50 kilómetrosos paramos ante un control. Hay 'bandidos'. Estamos en un hotel. Desayunamos como podíamos hacerlo en la Gran Gretaña, bacon etc. Estamos inmersos en la irrealidad de la convivencia de blancos y negros después de la guerra civil que ha visto a la mayoría negra sustituir al gobierno de la minoría blanca.
La directora del hotel es una rubia.
Mientras haya racismo en Sudáfrica, el modo de vida en Zimbabue británico conservará su provisionalidad y de alguna manera onírica. Que la convivencia es un sueño se demuestra con la presencia del soldado y de los controles para detectar 'bandidos'. Muchos 'bandidos' son 'disidentes' que denuncian los acuerdos que mantienen los privilegios de Inglaterra. El hecho de que la tierra haya quedado en gran parte en manos de los 'setters' blancos es un botón de muestra.
En el centro de Bulawayo, los sólidos palacios, auténticas fortalezas de la banca anglosajona, los edificios más ligeros y decorativos de los grandes almacenes, los mismos que tienen sus sedes en Londres y Nueva York nos avisan de la presencia del neocolonialismo y las multinacionales y con ellos el consumismo.
El barrio de los ricos, cuyas villas emanan un aire de envidiable seguridad, parecen decir 'Aquí estamos y aquí permaneceremos ocurra lo que ocurra. No somos ni ingleses, ni americanos, somos ricos'.
Y llegamos al parque de Los Matopos, donde se encuentra la tumba de Rhodes el... ¿Conquistador? No, el fagocitador de Zimbabwe.
La conquista de África por los ingleses, recuerda a Pizarro (sic) ¿? y la conquista de México. La idea del del oro en México y en Zimbabwe. El rey azteca y Nobengula.
Nobengula, rey gigantesco, era analfabeto y lo engañaron.
Se fió de los misioneros y lo engañaron. Estaban a sueldo de Rhodes.
Los boers le dijeron que lo habían engañado. Rompió el tratado. Lo que aprovechó Rhodes para usar la fuerza.
Nobengula era un ingenuo.
El Parque de Los Matopos tiene dos atracciones: las fieras y la tumba de Rhodes.
Subimos las escaleras. Reflexiono: me parece que Zimbabwe, que ha hecho una guerra civil para arrebatar el poder a la minoría blanca y dárselo a la mayoría negra, y sin embargo, ha conservado intacta y respetada esta tumba de Rhodes, demuestra así que no está dispuesta a repudiar, al menos por ahora, sus propios orígenes coloniales.
Losa de piedra: 'Aquí yacen los restos de Rhodes' lo contrario que el ateo humanista: 'Hic jacet Simonimus totus'.
Tumba de estilo prehistórico. De dudoso gusto. Escenografía wagneriana. Escenógrafo ciclópeo. Llamó al lugar 'Vista del mundo'.
Alberto Morabia pregunta '¿qué mundo?'. Recuerda a los 'bandidos'. El soldado le dice que, uno de ellos, murió en un tiroteo en una de las grutas que hay en el Parque de los Matopos.
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Fotografías: Evelyn Waugh, arriba y Alberto Morabia, abajo

Lovengula / Nobengula: dos visiones (1)

Lobengula: dos opiniones (1)

--Notas tomadas de las lectura de 'Un turista en África' de Evelyn Waugh (1) y 'Paseos por África' de Alberto Morabia (2)--

1. Los Matopos en 'Un turista en África'

Tumba de Rhodes. El 'Mirador del mundo'. Considerado por él como el Walhala de los héroes del país. Sagrada para los blancos y los matabeles. Dibujos de bosquimanos. Oráculo de la tribu kalanga. Habita el espíritu Mlimo que Burnham blasonó de haber matado de un tiro. Su templo es la caverna de Wjelele. Los blancos no se preocupan de semejantes cultos. Y los colonos antiguos lucharon contra los nativos, robaron su ganado, pero tuvieron que estudiarlos.

El doctor Jamesosn prestó juramento como miembro de la guardia de Lobengula. Selone, el más famoso cazador de Rodesia casó con una negra. El concepto 'apartheid' hubiera parecido extraño y (según creo) odioso a la mayoría de los primitivos aventureros.

El espíritu de Lobengula flota en el ambiente. Figura terriblemente trágica. Personalmente era bravo, mayestático, inteligente y honrado. Lo curioso es que apreciaba sinceramente a los blancos y cumplió su palabra, cuando hubiera podido aniquilarlos. En cambio, la mayoría de blancos eran unos pillos redomados:

-Los cazadores blancos acamparon alrededor de él.
-El doctor Jameson le sometió a un tratamiento de morfina.
-Los jesuitas le di
bujaron un escudo de armas en el carruaje.

-Mientras, se engordaba y entontecía. Y los jóvenes guerreros se amotinaron.

Se alegraron los cazadores de fortuna. Se alegró Rhodes antes de atacar en conformidad con los misioneros. ¡Cuesta creer que hombres inteligentes creyesen en la Paz Victoriana!

La hacienda de Rhodes tiene 95.700 acres. Se llama Matopo Park. La tumba está en el 'Mirador del mundo'. En la finca había 17.500 familias indígenas en 1946. Las autoridades decidieron que solo habíam sitio para 400. A los demás los echaron. El panorama es realmente espléndido.

En el entierro de Rhodes se leyeron versos de Kipling que mencionaban el PODER, LA GLORIA y EL IMPERIO.

Evelyn Waugh es categórico al respecto: 'Esto lo escribió hace solo 57 años y ya todas sus profecías han sido desmentidas'.

Con algunas afirmaciones sobre Rhodes: político de poca monta, visionario. Sobre concertar la paz con los matabeles, el escritor afirma que ya eran un pueblo derrotado porque 'Laz prometida invulnerabilidad a las balas de rifle había resultado ilusoria'.

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Fotografías: el rey Lobengula o Nobengula arriba y Cecil Rhodes abajo

viernes, 21 de noviembre de 2008

Karl Marx: Dominación británica de la India en 5 capítulos

Carlos Marx
Dominación británica de la India[1]

Bajo este título escribió Marx un artículo que nosotros lo hemos dividido en cinco partes:1. Una Italia de proporciones asiáticas; 2. La organización de las obras públicas; 3. Laisez faire, laisez aller; 4. Destrucción de la organización social; 5. Base del despotismo feudal.
Lo ponemos aquí, copiado del blog 'Africano' que le sirvió para comprender lo que los estados coloniales, los estados imperialistas y otros de menor cuantía, hicieron en África, muy semejante al saqueo al que sometiron a la India. Y al mismo tiempo nos puede valer a nosotros para librarnos de ese concepto de que lo primitivo está tocado con un aura de bondad, de pureza, de ingenuidad... y por ende ponernos a llorar añorando lo pasado como plañideras, como lloricas reaccionarios.
Está bien constatar las salvajadas y brutalidades de imperio inglés, anotar todo lo que arrasó por el simple afán de lucro. Pero conviene también dejar constancia de lo que la sociedad anterior tenía de malsano. De modo que así, de ese modo, se puede uno acercar a la verdad objetiva. Eso hace Marx en Londres un viernes, 10 de junio de 1935.
El que quiera tenerlo para él sin mezcla alguna, le quita los títulos y tendrá el original mondo y lirondo.

I. Una Italia de proporciones asiáticas

El Indostán es una Italia de proporciones asiáticas, con el Himalaya por los Aldes, las llanuras de Bengala por las llanuras de Lombardía, la cordillera del Decán por los Apeninos y la isla de Ceilán por la de Sicilia. La misma riqueza y diversidad de productos del suelo e igual desmembración en su estructura política. Y así como Italia fue condensada de cuando en cuando por la espada del conquistador en diversas masas nacionales, vemos también que el Indostán, cuando no se encuentra oprimido por los mahometanos, los mogoles[2] o los británicos, se divide en tantos Estados independientes y antagónicos como ciudades o incluso pueblos cuenta. Sin embargo, desde el punto de vista social, el Indostán no es la Italia, sino la Irlanda del Oriente. Y esta extraña combinación de Italia e Irlanda, del mundo de la voluptuosidad y del mundo del dolor, se anticipaba ya en las antiguas tradiciones de la religion del Indostán. Esta es a la vez una religión de una exuberancia sensualista y de un ascetismo mortificador de la carne, una religión de Lingam[3] y de Yaggernat, la religión del monje y de la bayadera[4].
No comparto la opinión de los que creen en la existencia de una edad de oro en el Indostán, aunque para confirmar mi punto de vista no me remitiré, como lo hace sir Charles Wood, al período de la dominación de Kuli khan. Pero, tomemos, por ejemplo, los tiempos de Aurengzeib; o la época en que aparecieron los mogoles en el Norte y los portugueses en el Sur; o el período de la invasión musulmana y de la Heptarquía[5] en el Sur de la India; o, si ustedes quieren retornar a una antigüedad más remota, tomemos la cronología mitológica de los brahmines[6], que remonta el origen de las calamidades de la India a una época mucho más antigua que el origen cristiano del mundo.
No cabe duda, sin embargo, de que la miseria ocasionada en el Indostán por la dominación británica ha sido de naturaleza muy distinta e infinitamente más intensa que todas las calamidades experimentadas hasta entonces por el país. No aludo aquí al despotismo europeo cultivado sobre el terreno del despotismo asiático por la Compañía inglesa de las Indias Orientales[7]; combinación mucho más monstruosa que cualquiera de esos monstruos sagrados que nos infunden pavor en un templo de Salseta[8]. Este no es un rasgo distintivo del dominio colonial inglés, sino simplemente una imitación del sistema holandés, hasta el punto de que para caracterizar la labor de la Compañía inglesa de las Indias Orientales basta repetir literalmente lo dicho por sir Stamford Raffles, gobernador inglés de Java, acerca de la antigua Compañía holandesa de las Indias Orientales:
"La Compañía holandesa, movida exclusivamente por un espíritu de lucro y menos considerada con sus súbditos que un plantador de las Indias Occidentales con la turba de esclavos que trabajaba en sus posesiones —pues éste había pagado su dinero por los hombres adquiridos en propiedad, mientras que aquélla no había pagado nada—, empleó todo el aparato de despotismo existente para exprimirle a la población hata el último céntimo en contribuciones y obligarla a trabajar hasta su completo agotamiento. Y así, agravó el mal ocasionado al país por un gobierno caprichoso y semibárbaro, utilizándolo con todo el ingenio práctico de los políticos y todo el egoísmo monopolizador de los mercaderes".


II. La organización de las obras públicas

Guerras civiles, invasiones, revoluciones, conquistas, años de hambre: por extraordinariamente complejas, rápidas y destructoras que pudieran parecer todas estas calamidades sucesivas, su efecto sobre el Indostán no pasó de ser superficial. Inglaterra, en cambio, destrozó todo el entramado de la sociedad hindú, sin haber manifestado hasta ahora el menor intento de reconstitución. Esta pérdida de su viejo mundo, sin conquistar otro nuevo, imprime un sello de particular abatimiento a la miseria del hindú y desvincula al Indostán gobernado por la Gran Bretaña de todas sus viejas tradiciones y de toda su historia pasada.
Desde tiempos inmemoriales, en Asia no existían, por regla general, más que tres ramos de la hacienda pública: el de las finanzas, o del pillaje interior; el de la guerra, o pillaje exterior, y, por último, el de obras públicas. El clima y las condiciones del suelo, particularmente en los vastos espacios desérticos que se extienden desde el Sahara, a través de Arabia, Persia, la India y Tartaria, hasta las regiones más elevadas de la meseta asiática, convirtieron el sistema de irrigación artificial por medio de canales y otras obras de riego en la base de la agricultura oriental. Al igual que en Egipto y en la India, las inundaciones son utilizadas para fertilizar el suelo en Mesopotamia, Persia y otros lugares: el alto nivel de las aguas sirve para llenar los canales de riego. Esta necesidad elemental de un uso económico y común del agua, que en Occidente hizo que los empresarios privados se agrupasen en asociaciones voluntarias, como ocurrió en Flandes y en Italia, impuso en Oriente, donde el nivel de la civilización era demasiado bajo, y los territorios demasiado vastos para impedir que surgiesen asociaciones voluntarias, la intervención del Poder centralizador del Gobierno. De aquí que todos los gobiernos asiáticos tuviesen que desempeñar esa función económica: la organización de las obras públicas. Esta fertilización artificial del suelo, función de un gobierno central, y en decadencia inmediata cada vez que éste descuida las obras de riego y avenamiento, explica el hecho, de otro modo inexplicable, de que encontremos ahora territorios enteros estériles y desérticos que antes habían sido excelentemente cultivados, como Palmira, Petra, las ruinas que se encuentran en el Yemen y grandes provincias de Egipto, Persia y el Indostán. Así se explica también el que una sola guerra devastadora fuese capaz de despoblar un país durante siglos enteros y destruir toda su civilización.

III. Laissez faire, laissez aller

Pues bien, los británicos de las Indias Orientales tomaron de sus predecesores el ramo de las finanzas y el de la guerra, pero descuidaron por completo el de las obras públicas. De aquí la decadencia de una agricultura que era incapaz de seguir el principio inglés de la libre concurrencia, el principio del laissez faire, laissez aller[*]. Sin embargo, estamos acostumbrados a ver que en los imperios asiáticos la agricultura decae bajo un gobierno y resurge bajo otro. Aquí la cosecha depende tanto de un gobierno bueno o malo como en Europa del buen o mal tiempo. Por eso, por graves que hayan sido las consecuencias de la opresión y del abandono de la agricultura, no podemos considerar que éste haya sido el golpe de gracia asestado por el invasor británico a la sociedad hindú, si todo ello no hubiera sido acompañado de una circunstancia mucho más importante, que constituye una novedad en los anales de todo el mundo asiático. Por importantes que hubiesen sido los cambios políticos experimentados en el pasado por la India, sus condiciones sociales permanecieron intactas desde los tiempos más remotos hasta el primer decenio del siglo XIX. El telar de mano y el torno de hilar, origen de un ejército incontable de tejedores e hiladores, eran los pivotes centrales de la estructura social de la India. Desde tiempos inmemoriales, Europa había recibido las magníficas telas elaboradas por los hindúes, enviando a cambio sus metales preciosos, con lo que proporcionaba la materia prima necesaria para los orífices, miembros indispensables de la sociedad hindú, cuya afición por los aderezos es tan grande que hasta los individuos de clases más bajas, que andan casi desnudos, suelen tener un par de pendientes de oro o algún adorno de oro alrededor del cuello. Era casi general la costumbre de llevar anillos en los dedos de las manos y de los pies. Las mujeres y los niños se adornaban frecuentemente los tobillos y los brazos con aros macizos de oro o de plata, y las estatuillas de oro o plata, representando a las divinidades, eran un atributo del hogar. El invasor británico acabó con el telar de mano indio y destrozó el torno de hilar. Inglaterra comenzó por desalojar de los mercados europeos a los tejidos de algodón de la India; después llevó el hilo torzal a la India y terminó por invadir la patria del algodón con tejidos de algodón. Entre 1818 y 1836, la exportación de hilo torzal de Inglaterra a la India aumentó en proporción de 1 a 5.200. En 1824, la India apenas importó 1.000.000 de yardas de muselina inglesa, mientras que en 1837 la importación subió ya a más de 64.000.000 de yardas. Pero durante ese mismo período la población de Dacca se redujo de 150.000 habitantes a 20.000. Esta decadencia de ciudades de la India, que habían sido célebres por sus tejidos, no puede ser considerada, ni mucho menos, como la peor consecuencia de la dominación inglesa. El vapor británico y la ciencia británica destruyeron en todo el Indostán la unión entre la agricultura y la industria artesana.

IV. Destrucción de la organización social

Estas dos circunstancias -de una parte, el que los hindúes, al igual que todos los pueblos orientales, dejasen en manos del Gobierno central el cuidado de las grandes obras públicas, condición básica de su agricultura y de su comercio, y de otra, el que los hindúes, diseminados por todo el territorio del país, se concentrasen a la vez en pequeños centros en virtud de la unión patriarcal entre la agricultura y la artesanía- originaron desde tiempos muy remotos un sistema social de características muy particulares: el llamado villaje system (sistema de comunidades rurales). Este sistema era el que daba a cada una de estas pequeñas agrupaciones su organización autónoma y su vida distinta. Podemos juzgar de las características de este sistema por la siguiente descripción que figura en un antiguo informe oficial sobre los asuntos de la India, presentado en la Cámara de los Comunes:
"Considerado geográficamente, un poblado es un espacio de unos cientos o miles de acres de tierras cultivadas e incultas; desde el punto de vista político parece una corporación o un municipio. Por lo común suele tener los siguientes funcionarios y servidores: un potail o jefe, que es, generalmente, el encargado de dirigir los asuntos del poblado, resuelve las disputas que surgen entre sus habitantes, posee poder policíaco y desempeña dentro del poblado las funciones de recaudador de contribuciones, para lo cual es la persona más indicada, por su influencia personal y su perfecto conocimiento de la situación y los asuntos de la gente. El kurnum lleva las cuentas de las labores agrícolas y registra todo lo relacionado con ellas. Siguen el tallier y el totie: las obligaciones del primero consisten en recoger informes sobre los delitos o las infracciones que se cometan, y acompañar y proteger a las personas que se trasladen de un poblado a otro; las obligaciones que segundo parecen circunscribirse más a los límites del poblado y consisten, entre otras, en guardar las cosechas y ayudar a medirlas. El guardafrontera cuida los lindes del poblado y testifica acerca de ellos en caso de disputa. El vigilante de los depósitos de agua y de los canales es el encargado de distribuir el agua para las necesidades de la agricultura. El brahmín que vela por el culto. El maestro de escuela, a quien se puede ver enseñando a los niños del poblado a leer y a escribir sobre la arena. El brahmín encargado del calendario, o astrólogo, y otros. Todos estos funcionarios y servidores constituyen la administración del poblado, que en ciertos lugares del país es más reducida, pues algunos de los deberes y funciones que se han descrito se refunden y desempeñan por una misma persona; en otros lugares su número es mayor. Los habitantes del campo han vivido bajo esta forma primitiva de gobierno municipal desde tiempos inmemoriales. Los límites de los poblados cambiaban muy raramente, y aunque en ocasiones los poblados sufrían grandes daños e incluso eran desvastados por la guerra, el hambre o las enfermedades, el mismo nombre, los mismos límites, los mismos intereses y hasta las mismas familias perduraban durante siglos enteros. A los habitantes de esos poblados no les preocupaba en absoluto la desaparición o las divisiones de los reinos; mientras su poblado siguiese intacto, les tenía sin cuidado la potencia a cuyas manos habían pasado o el soberano a que habían sido sometidos, pues su economía interior permanecía inmutable. El potail seguía siendo el jefe y seguía actuando como juez o magistrado y recaudador de contribuciones".
Estas pequeñas formas estereotipadas de organismo social han sido destruidas en su mayor parte y están desapareciendo, no tanto por culpa de la brutal intromisión del recaudador británico de contribuciones o del soldado británico, como por la acción del vapor inglés y de la libertad de comercio inglesa. Estas comunidades de tipo familiar tenían por base la industria doméstica, esa combinación peculiar de tejido a mano, hilado a mano y laboreo a mano, que les permitía bastarse a sí mismas. La intromisión inglesa, que colocó al hilador en Lancashire y al tejedor en Bengala, o que barrió tanto al hilador hindú como al tejedor hindú, disolvió esas pequeñas comunidades semibárbaras y semicivilizadas, al hacer saltar su base económica, produciendo así la más grande, y, para decir la verdad, la única revolución social que jamás se ha visto en Asia.

V. Bases del despotismo feudal

Sin embargo, por muy lamentable que sea desde un punto de vista humano ver cómo se desorganizan y descomponen en sus unidades integrantes esas decenas de miles de organizaciones sociales laboriosas, patriarcales e inofensivas; por triste que sea verlas sumidas en un mar de dolor, contemplar cómo cada uno de sus miembros va perdiendo a la vez sus viejas formas de civilización y sus medios hereditarios de subsistencia, no debemos olvidar al mismo tiempo que esas idílicas comunidades rurales, por inofensivas que pareciesen, constituyeron siempre una sólida base para el despotismo oriental; que restringieron el intelecto humano a los límites más estrechos, convirtiéndolo en un instrumento sumiso de la superstición, sometiéndolo a la esclavitud de reglas tradicionales y privándolo de toda grandeza y de toda iniciativa histórica. No debemos olvidar el bárbaro egoísmo que, concentrado en un mísero pedazo de tierra, contemplaba tranquilamente la ruina de imperios enteros, la perpetración de crueldades indecibles, el aniquilamiento de la población de grandes ciudades, sin prestar a todo esto más atención que a los fenómenos de la naturaleza, y convirtiéndose a su vez en presa fácil para cualquier agresor que se dignase fijar en él su atención. No debemos olvidar que esa vida sin dignidad, estática y vegetativa, que esa forma pasiva de existencia despertaba, de otra parte y por oposición, unas fuerzas destructivas salvajes, ciegas y desenfrenadas que convirtieron incluso el asesinato en un rito religioso en el Indostán. No debemos olvidar que esas pequeñas comunidades estaban contaminadas por las diferencias de casta y por la esclavitud, que sometían al hombre a las circunstancias exteriores en lugar de hacerle soberano de dichas circunstancias, que convirtieron su estado social que se desarrollaba por sí solo en un destino natural e inmutable, creando así un culto embrutecedor a la naturaleza, cuya degradación salta a la vista en el hecho de que el hombre, el soberano de la naturaleza, cayese de rodillas, adorando al mono Hanumán y a la vaca Sabbala.
Bien es verdad que al realizar una revolución social en el Indostán, Inglaterra actuaba bajo el impulso de los intereses más mezquinos, dando pruebas de verdadera estupidez en la forma de imponer esos intereses. Pero no se trata de eso. De lo que se trata es de saber si la humanidad puede cumplir su misión sin una revolución a fondo en el estado social de Asia. Si no puede, entonces, y a pesar de todos sus crímenes, Inglaterra fue el instrumento inconsciente de la historia al realizar dicha revolución. En tal caso, por penoso que sea para nuestros sentimientos personales el espectáculo de un viejo mundo que se derrumba, desde el punto de vista de la historia tenemos pleno derecho a exclamar con Goethe:

"Sollte diese Qual uns quälen
Da sie unsre Lust vermehrt,
Hat nicht Myriaden Seelen
Timur's Herrschaft aufgezehrt? " [**]

(traducido del inglés)

*

Escrito: Por Marx el 10 de junio de 1853.
Primera edición: Publicado en el The New York Daily Tribune, núm. 3804, del 25 de junio de 1853.
Fuente: C. Marx & F. Engels, Obras Escogidas, en dos tomos, Editorial Progreso, Moscú, 1971; t. I.


__________
NOTAS
[*] Dejad hacer, dejad pasar: fórmula de los economistas burgueses librecambistas que defendían la libertad de comercio y la no ingerencia del Estado en el dominio de las relaciones económicas. (N. de la Edit.)

[**]
¿Quién lamenta los estragos
Si los frutos son placeres?
¿No aplastó miles de seres
Tamerlán en su reinado?
(De la poesía de Goethe "A Suleika" del Diván occidental-oriental) (N. de la Edit.)

[1] Los artículos de Marx "La dominación británica en la India" y "Futuros resultados de la dominación británica en la India" son de los mejores que salieron de su pluma sobre el problema nacional y colonial.

[2] Mogoles: conquistadores de origen túrquico procedentes de la parte oriental de Asia Central que invadieron la India a comienzos del siglo XVI y fundaron en 1526, en el Norte de este país, el Imperio de los Grandes Mogoles (así se denominaba la dinastía gobernante de este imperio) que, debido a las continuas luchas intestinas y al reforzamiento de las tendencias separatistas feudales se disgregó prácticamente en la primera mitad del siglo XVIII.

[3] Religión de Lingam: culto a la deidad de Siva extendido particularmente entre la secta india meridional de los lingayates (de linga, símbolo de Siva) que no reconoce las diferencias de casta y rechaza los ayunos, los sacrificios y las peregrinaciones.

[4] Yaggernat (Yaganat): una de las encarnaciones del dios hindú Vichnú. Los sacerdotes del templo de Yaggernat obtenían cuantiosos ingresos de las peregrinaciones en masa (estimulando además la prostitución de las bayaderas, residentes en el templo). El culto de Yaggernat se distinguía por la extraordinaria suntuosidad de los ritos y por el extremado fanatismo religioso, que se manifestaba en las flagelaciones y suicidios de los creyentes. Durante las grandes fiestas, algunos de ellos se lanzaban bajo las ruedas de la carroza en que se llevaba la imagen de Vichnú-Yaggernat.

[5] Heptarquía (siete gobiernos): término adoptado en la historiografía inglesa para designar el régimen político de Inglaterra en los albores de la Edad Media, cuando el país estuvo fraccionado en siete reinados anglosajones (del siglo VI al VIII). Marx utiliza aquí, por analogía, este término para designar el fraccionamiento feudal del Decán (India central y meridional) antes de su conquista por los musulmanes.

[6] Brahmines: una de las cuatro castas más antiguas de la India a la que pertenecía primero y fundamentalmente la capa privilegiada de los sacerdotes; posteriormente, lo mismo que otras castas indias, abarcaba, además de los sacerdotes, a gente de diversas profesiones y origen social, sin excluir a los campesinos y artesanos empobrecidos.

[7] Compañía de las Indias Orientales: compañía comercial inglesa que fue instrumento de la política colonial inglesa en la India, China y otros países de Asia. Se fundó en 1600. La ley adoptada en 1853 restringía los derechos monopolistas de la Compañía para dirigir la India. La Compañía fue liquidada definitivamente en 1858.

[8] La isla de Salsette, situada al Norte de Bombay, tenía fama por sus 109 templos budistas en grutas.