jueves, 14 de junio de 2012

Esperando al genio moreno


 miércoles, 13 de junio de 2012

Relato de la Onda Pesquera (*)

(*) Germen del cuentecillo: la palabra algoritmo

A: apuesta
L: lateral
G: genio
O: orden
R: radio
I: islote
T: tablón
M: moreno
O: ovalado

Frase: Se oye por la radio pesquera la noticia de que arribaría al islote, en un tablón ovalado, el genio moreno. Y ellos, los locutores, han apostado por el lado verdadero de la información. Por eso la dan.
___________________
Se oyó por la radio pesquera, poco antes del amanecer, que arribaría al islote, navegando en un tablón ovalado, el genio moreno. El moreno vendría acatando órdenes recibidas de arriba, de las altas esferas.

La emisora elaboró la noticia a partir de sucesos acaecidos recientemente; hechos que entroncaban con creencias y leyendas muy antiguas; algunas aun en la mente de muchos y otras casi olvidadas,  sobre todo por la juventud. Y, como se debía la radio a sus oyentes, avisaba de ello. Para que todos, absolutamente todos, supieran a que atenerse.

Los seres del islote, sabiendo de la seriedad de sus informaciones, no en vano, los locutores o eran pescadores o hijos del gremio, se fueron congregando en el embarcadero y sus aledaños. Si alguien hubiera estado en el peñasco mas alto del islote hubiera visto encenderse, casi a un mismo tiempo, las ventanas del poblado; y casi de repente apagarse y salir los moradores de sus casas rumbo al puerto. 

Padres e hijos llegados al embarcadero miran inquietos el horizonte marino. A esas horas tempranas del amanecer el mar, en calma chicha, parecía confundirse con el cielo en un gris blanquecino. De cuando en cuando, en las proximidades del puerto, el agua se rompía levemente y los peces saltaban a oxigenarse y sin duda a saludar a las gentes congregadas. Luego retornan  en zambullida al mar, produciendo pequeños círculos concéntricos que lentamente desaparecen. Se serena el agua semejando a un cristal hasta donde se confunden mar y cielo en horizonte grisáceo.

Según avanza la mañana la zona cristalina se amplia. Del mar se eleva ahora un vaporcillo en girones. Son las nubes que, lentamente, se separan del agua. El mismo islote se despeja. Sus contornos circulares dejan ver las orillas opuestas al puerto, antes cubiertas por la neblina. Algunos lo notan volviendo la vista atrás diferenciando la isla del firmamento.

En estos instantes la radio pesquera recuerda a los espectantes isleños la leyenda del genio moreno quien, navegando majestuosamente en un tablón ovalado, un día vendrá a juzgarlos a todos por los pecados cometidos. 

Es el genio moreno un ser vengativo. Es cierto. Tiene razones para ello. La leyenda habla de una revuelta de esclavos traídos desde África. Los castigos de los negreros, la desesperación por no volver a ver sus seres queridos y la esperanza de un retorno a la tierra que se desvanece cada día que pasa mueven a los negros a revolverse; se sublevan, cogen armas y se lanzan contra los blancos del barco donde están aprisionados; pero son derrotados; entonces al genio moreno, que es el líder, lo abandonan y es arrojado al mar; según la leyenda volverá un día a pedirles explicación a los descendientes, o en su caso a vengarse de la inacción... 

Pero es vengativo y justo. Lo ha sido siempre. De tal modo que suele avisar, eso se cree, a ciertos marineros de sus crímenes y, si no hacen caso, como a menudo ocurre, les castiga. Pero antes advierte. 


De ahí que de, cuando en cuando, se cobrara alguna vida entre los isleños ahogándolos en el mar. Entonces, solo entonces, arrepentidos, acudían a la ermita del Santo Moreno. Cubrían de peces las escalinatas del templo. Mientras los monjes les recriminaban sus acciones criminales. Se miraban unos a otros intentando adivinar quien era el compañero o compañera que había cometido tales excesos malignos. Los monjes, no obstante, siguiendo la política del palo y la zanahoria a continuación agradecían sus suculentas dádivas marineras anunciándoles que ya percibían cómo la cólera del genio moreno se iba aplacando por su generosidad. Y daban por terminada la ceremonia. Los pescadores y sus familias se retiraban. Pronto olvidarían las recriminaciones. Tienen que volver a sus trabajos. Sin la pesca no hay comida para sus hijos. 

Así se ha repetido en multitud de acasiones. Mas, con el paso del tiempo, las visitas a la ermita y los regalos a los monjes se han ido transformando en folclore; y la dádiva de hermosos pescados ha devenido en fiesta anual; la cual termina en jolgorio y merienda de  peces asados en parrilla en comunión masticadora con los monjes que, de paso, bendicen el acto. 

Mas ha llegado la hora en que la leyenda del genio moreno cobre fuerza sobre el tablón ovalado, se renueve, y los incrédulos crean a pies juntillas porque, según la radio pesquera, se hará visible en unos pocos minutos.

Algunos no las tienen todas consigo. Son, caro está, los de mala conciencia.

La radio les informa de que en el islote A ya han visto señal de la próxima llegada del genio moreno con la llamarada zigzagueante del relámpago. La culebrina se ha asomado al cielo y al tiempo que las aguas comienzan a agitarse.

-¡Oh! -gritan los congregados y un hilo de terror recorre sus corazones.

La radio pesquera dice a los niños que estén atentos, no se distraigan jugando pues el genio moreno les trae regalos para todos... menos para los que no guarden decoro. Los niños aplauden y gritan de alegría.

-¡Bien! ¡Viva el Santo Moreno!

Exclamaciones que no casan con las creencias de sus padres que están muy inquietos.


La radio pesquera se calla.  Emite música clásica.

Los espectadores del embarcadero, tanto los que están cerca y los que están mas alejados, los que se hallan sentados, los que están de pie, los arrodillados, los subidos en los terraplenes, en los lindones, en las peñas,  los que sonríen, los serios, los llorosos, los escépticos, los que miran con la boca... fijan los ojos en el agua. Se ha levantado un poco de viento. Las mujeres recogen sus faldas levantadas. Algunas se sientan. Los hombres agarran los sombreros amenazados con irse de sus cabezas. Algunos se los quitan de la testa. Murmullos. Los ancianos ordenan callar. Las aguas empiezan a ondularse. 

-La cosa va en serio -dice uno.

La radio vuelve a transmitir noticias. 

-Según fuentes de todo crédito los habitantes de los islotes C, D, E, se están acercando a las playas de sus islotes. Al parecer el genio les ha avisado que, en breve, pasará de islote en islote camino del nuestro. Y va a juzgar, tanto a los vivos como a los muertos.

-¡A mi padre no, por favor! -grita desesperada una mujer.

-Será justo y bondadoso a pesar de ser omnipotente, les ha dicho, categórico, a las gentes de esos islotes, por intermediación de los monjes -termina diciendo radio pesquera.

Por los micrófonos anuncian que la señorita Isleñina, que todos conocen, les dirigirá unas palabras desde el lecho donde está postrada por cruel enfermedad.

-Queridos amigos y amigas -comienza la enferma- no he podido unirme a vosotros a la espera del genio moreno. Que él me perdone. Mis oraciones van encaminadas a que Él nos colme de felicidad. Yo sé que es justo y sabio. Hará que los mares se cubran de peces para que no haya nadie que pase hambre. Impulsará la igualdad para que sea el común denominador de nuestra isla. Y que el amor y la amistad inunden los corazones. Y la desconfianza, el recelo y el odio de unos a otros desaparezca para siempre, que...

La radio pesquera corta el discurso de Isleñina. Agradece sus palabras. Algunos protestan. Otros reaccionan arrodillándose. Rezan. Lloran. Confían. Miran al mar. Se miran entre ellos. Se les ilumina el rostro. Tienden las manos hacia el agua. Si. En el horizonte marino el tablón. Eso parece. Se eleva en la cumbre y se hunde en el valle. Baila en el oleaje. El mar se agita. Se encrespa. Ruge sordo.

La radio pesquera informa ahora de que los habitantes del islote B ya perciben el tablón ovalado y el ruido de los remos chocando con el agua. Y, en medio, el genio moreno confundido con el azul.

-Si los del B ya lo ven... pronto estará aquí. Es el inmediatamente anterior al A. 

Es decir al suyo. Los minutos pasan. Si antes vieron como se elevaba y se abajaba ahora ha desaparecido de la vista. Solo las olas cada vez mas grandes se adueñan del mar. Rompen en el embarcadero. Los barcas de los pescadores se mecen arriba y abajo. Algunos chocan con otros. De momento sin peligro de astillarse. El cielo azul. Sin nubes. El aire mueve los arboles. La radio pesquera se oye ahora muy debilmente. Las gaviotas se lanzan al mar en busca de pescado. A mar revuelto ganancia de gaviotas rapaces.

-Mal rayo las parta -maldice un pescador.

-¡Allí! ¡Mirad allí! -grita una isleña.

Las miradas se concentran. Rostros ansiosos, atónitos. Algunos con un poco de miedo. Todos ven el tablón ovalado y en medio, confundido con el azul del mar, el genio moreno.

-Rema majestuosamente -dice uno y todos asienten.

El tablón se acerca. Ovalado.

Un niño dice algo a otro que está junto a él y este al siguiente y así sucesivamente.

-Es moreno de verdad el genio. Como nuestros antepasados esclavos - reflexiona uno.

-Si, es oscuro como el azul del mar, como la noche -asegura otro.

-Y negro como boca de cocodrilo -aseguran todos.

Los niños, que han cogido cantos, tiran al tablón ovalado. El impacto hace mover la tabla.

-¡En el tablón no hay regalos! ¡En el tablón no viene nadie! -gritan los niños.

Y los espectadores adultos del embarcadero no tiene mas remedio que admitir, desaparecidas las telarañas de la ilusión, que lo que ha llegado no es mas que un tablón de forma oval.

Mas, algunos piensan que es un Ser, superior al genio moreno, quien lo ha destronado lanzándolo al agua; allí se ha ahogado como él ahogó a muchos. Hincan la rodilla en tierra y entonan loores al nuevo Ser, superior al genio moreno. Los monjes toman nota. Los niños, lanzándose al agua, juegan con el tablón que debajo tiene una cuerda.

La radio pesquera, enterada de que el camelo ha sido descubierto por los niños, aclara ser una broma, inventada por los locutores, lo de la  arribada al islote, navegando en un tablón ovalado, del genio moreno. Pide disculpas y emite canciones infantiles.

Iswe Letu: De racismo, Norman Mailer y otras cosas


 MIÉRCOLES, 10 DE SEPTIEMBRE DE 2008
Iswe Letu: Trata de pandillas del ghetto y cuadrillas vascas
Por Iswe Letu

(Texto contra el racismo)

"Las culturas de los ghettos, las culturas negras, chicanas etc, por tener menores esperanzas de un cómodo vivir, suelen preferir el ingenio corporal. Hablan entre si con el cuerpo, se expresan simbólicamente con sus ropas. Hablan con silenciosa inteligencia telepática.

Norman Mailer, en el libro 'Rey del Ring'

Hace ya tiempo entresacamos de la obra de Norman Mailer, 'Rey del Ring',(*) el párrafo, arriba escrito, para ponerlo en un anuario que nos habían regalado.

¿Por qué esta cita precisamente y no otra?

Sabemos, eso si, la razón por la cual llenamos de citas en castellano un anuario que se titulada en euskera 'Literatur Gida' ('Guía de literatura') Lo sabemos porque pusimos una nota con muy mala leche, casi un exabrupto; tal que así:

"28 de diciembre de 1988. Día de los Inocentes. Entro en la imprenta-librería Baroja (1) de Donosti con Manuel Blanco Chivite (2). Napo (3), el dueño, no estaba. Hablamos con el amigo F. Juaristi (4). Me regaló este 'Literatur Gida'. No me ha gustado. ¡Qué cosa más curiosa que lo único que hay en castellano son unas definiciones sobre la palabra... MAKETO! (5)

¡MIERDA!, decía José Sacristán en un serial titulado 'Gatos en el tejado' en el momento en que escribo esto. Y ¡MIERDA! repito yo.

29 de diciembre de 1988" Fin de la nota.

A pesar de los años transcurridos nos sigue sin gustar aquella acción de inundar un anuario con citas en euskera, y, algunas, pocas, en otros idiomas penínsulares y dejar una sola, en castellano, con tintes racistas: la de maqueto.

Algunos, con razón, critican, ahora, la lucha etarra, cuyas acciones últimas dan a sospechar que sirven al más negro, cuasi fascista, españolismo que al pueblo vasco que dicen defender; como hoy se critican, con razón, los actos terroristas de Al Qeda, los cuales parecen dar más leña al fuego del fiero imperialismo yanqui, que lumbre al pueblo árabe del que se autoproclaman voceros. 

Bien, algunos de esos antietarras, sin darse cuenta, contribuyeron, en su día, a engordar al monstruo racista antiespañol. Necesitaban, eso si, defender su lengua vasca, su idioma vasco, el euskera. De acuerdo. Pero no estábamos de acuerdo en inferiorizar, como inferiorizaban, a la parte del pueblo que hablaba en castellano. El mayoritario. Y ahora, ¡qué de vueltas da la vida!, del fondo del pueblo vasco surgen voces juveniles, como el grupo musical 'Los Lendakaris muertos', que recuerdan, al que quiera oirles, lo mucho que parla la gente vasca el castellano. ¿Esos también son maquetos?

Volvamos a la pregunta de por qué ese trozo de Mailer metimos en el anuario y no otro.

En primer lugar, lo de Mailer era porque tratábamos de entender la civilización negra y su reflejo en yanquilandia. Recordábamos, que, no hacía mucho, los campeones olímpicos negros, en México, gritaban ¡Poder Negro! puño en alto. Si. Recordábamos todo eso. Y nos llevó a profundizar en ello. 

Uno de los escritores que más había intentado comprender, a esa parte de la sociedad norteamericana, era Norman Mailer. Habíamos leído, de muy jóvenes, sin entender nada, todo hay que decirlo, un librito que hemos perdido The white black (El blanco Negro) o 'Blac White' (el negro blanco, o algo así) Lo retenemos vagamente. Y las películas nos transmitían esos andares, parecidos a las ondulaciones de una culebra caminando erecta, de las pandillas de los arrabales de muchas ciudades de USA. Esas bandas juveniles que miraban, retadoras, como diciendo en cada pupila 'Aquí voy yo'. Eran, generalmente, los malos de la película. Desarraigados. Marginados. Pobres. También recordábamos esa gran película 'West Side Story'.

Y todo esto parecería dar la razón a Norman Mailer. Si bien, también hay un poso de narcisismo. O de individualismo feroz. Esas pandillas eran (son) narcisos contoneándose. Al no tener otro bien que su cuerpo, como dice N. Mailer, lo cultivan hasta convertirlo en un espectáculo andante. Cuanto más sobresaliente, mejor competía con el otro clon, el de su banda, al paso que sobresalía, más arcoirisado, deslumbrando, como parte de su pandilla, a los que paseaban por la otra acera.

Creemos que hay, además, otro aspecto que el escritor judío yanqui no trata: el de encerrarse en su mundo para no ver otro: el tapar la realidad del que no piensa como él o como ellos. La supervivencia, mirándose los pliegues del ombligo. Contándolos. 

Y es que, con otro estilo, más tiesos, envarados, serios, faz colorada como un tomate, hemos conocido algunas cuadrillas de vascos, euskaldunes o no, pero siempre queriéndose diferenciar de los 'maquetos'. Caminaban por las aceras, siempre juntos, la mirada fija al frente. Daban, sin embargo, la impresión de que, sus ojos, en realidad estaban vueltos hacia si mismos. Andaban rodeadas de un halo de introspección. Una especia de narcisismo euskaldún o vascuence sin más. 

Aunque diferentes, estas cuadrillas, a las pandillas de los barrios bajos de las ciudades yanquis, un hilo, rojo, blanco y verde de individualización o diferenciación, como una muga, separábalos de los demás; hilo que corría por todas sus actitudes. Cuadrillas con camisas remangadas, jerseys al hombro...

"Hablan entre si con el cuerpo, se expresan simbólicamente con sus ropas" las culturas negras, chicanas, portoriqueñas... dice Norman Mailer. Y, si, esa cultura es aun más patente, ahora, habiendo llegado a los más recónditos lugares del orbe mundial, por obra y gracia del imperialismo yanqui, que ha ahogado o engullido esas culturas, de la miseria y de la protesta, transformándolas en dólares: pantalones anchos, gorras con la visera para atrás: el rap hasta en la sopa.

Nos acordamos, ahora que vamos dando fin a estos argumentos, a un estudiante, muy bueno pero engreido, cuando acudía, en el verano, a la misa católica de su pueblo, entrando en el templo cuando más silencio había, con zapatos de playa en plena meseta castellana. Caminaba erguido, más tieso que un cirio. Resonaba la madera de sus zapatos playeros con estruendo, sobre la losa del suelo, como enviando un mensaje telepático a los feligreses campesinos, vecinos suyos, queriéndose diferenciar: 

-¡Aquí estoy yo! ¡El mejor! ¡Vosotros sois escoria!

Bueno, pues algo de eso, si, transmitían 'con silenciosa inteligencia telepática' las cuadrillas vascas o las pandillas de afroamericanos o latinos. Pobres, como el estudiante citado, que, luego, pasando el tiempo, se hacen muy derechosos, profesores y diputados. 

Tal como el estudiante que hemos citado sin nombrarlo. 

Porque no quieren cambiar nada sustancial. 

Sino salvarse ellos mismos.

__________
Pie de Página:
(*) Obra sobre el gran boxeador Casius Clay
(1) Primitica Casa Baroja, se rotulaba, porque, efectivamente, había sido de la familia del escritor vasco.
(2) Connotado militante antifascista condenado a muerte por el franquismo en 1975 de la que se salvó milagrosamente.
(3) Creemos que se llamaba Napoleon Olaizola y había militado en PCE
(4) Conocido y destacado poeta euskaldun
(5) La cita decía así:
Maqueto (etnología) Apellidamos así a los no naturales del país, especialmente a los que de 20 años acá han invadido en proporciones alarmantes el territorio vasco.
Parece ser que este vocablo tuvo su origen entre gentes de las Encartaciones vizcainas. -¿Vendrá del e. makatu? (marcarse, empezar a podrirse las frutas). -¿O bien de c. macuca? (arbusto silvestre, cuyo fruto es muy ruin, insípido y blanducho) -¿O de maque?. (cierto barniz o charol, compuesto de resinas y jugos extraidos de las plantas, muy usado por los chinos). -¿O de macuto? (americanismo que se emplea en Cuba para designar una especie de morral que llevan allá los soldados). -¿O bien con trastrueque de letras, del griego meteko? (el forastero establecido en Atenas, y que no gozaba de los derechos de ciudadanía)

Y la firmaba Emilio de Arriaga (Lexicón bilbaino)

Iswe Letu: Moro de la morería



JUEVES, 9 DE OCTUBRE DE 2008
Iswe Letu: Tragándose la mala leche
Por Iswe Letu

Apodáronle 'El Moro'. Habiéndose ganado el mote año a año. Lo decimos porque, cuando las moras estaban en sazón, entre el ramaje espinoso de la zarzamora, se daba sus buenos y suculentos desayunos. Y como de lo que se come se cría, según el decir de las gentes, se estaba volviendo su cara amoratada.

Cuando se jubiló su desayuno de moras fue casi a diario. Se levantaba y, tras beberse un bueno y larguísimo trago de la botella de la nevera, porque los días eran aun calurosos y regresaba del paseo ya muy entrada la hora del mediodía, tornaba al lavabo, se miraba en el espejo diciéndose en voz alta:

-Las moras me están transformando en moro de verdad.

Su hijo, en situación de parado a causa de la crisis, se sonreía. Él, al ver su sonrisa, hacía un ademán de decirle algo. Luego se arrepentía.

Así, prácticamente, eran todas las mañanas. Todas. Su rutina.

Y el que vamos a relatar no fue una excepción: después de quedarse para si con algo que quería decirle a su hijo, salió del water y se encaminó, pasillo adelente, a la salida de la casa.

-¡Adiós papá! -oye que le dice.

-Con dios, hijo, y... -responde sin terminar la frase iniciada- ¿Para qué gastar más saliva? No me va a escuchar, piensa.

Su intención se inclinada, eso si, a aconsejarle que no perdiera el tiempo en asuntos que, una mente madura, adulta, calificaría de banales, secundarios; por ejemplo: pasarse horas y horas, ante el ordenador, escuchando música, una sola clase de música para más inri, o enterándose de los grupos musicales que existían en el mundo y de las novedades de sus grupos favoritos. 

Eran aficiones, lo sabía, que toda la juventud ha sentido, pero que, con el paso del tiempo, se van atemperando al percibir, como lo perciben, unos más pronto y otros más tarde, que, la vida, es una cosa única y seria, que lo primero que hay que hacer es asegurarse el pan cotidiano ('Ganado tengo el pan, hágase el verso', decía José Martí) y luego, más tarde, alimentar al espíritu. Estando el segundo encadenado al primero irremediablemente: sin una manutención asegurada el alma no puede recibir su ración con pleno aprovechamiento. Es mas, no está preparada en absoluto para ese deleite.

Pero, en el caso de su hijo, no se daba todavía ese florecimiento de la razón, del sentido común.

Y eso le torturaba.

Absorto en sus pensamientos se tropezó con una señora a la que pidió perdón.

-¡Moro de mierda! -le regaló al oido la señora.

Tan corrido se quedó con las palabras de la individua que no supo que contestarle. Disgustado, aun más de lo que ya estaba, por esa contestación tan grosera de la mujer que, más que otra cosa, pareciole un rebuzno, se alejó con prisa hacia el campo donde las burras pastaban entre estornudos, los cuales en comparación con el rebuzno de la señora, eran notas delicadísimas.

Ya bastante apartado de esa asna humanoide murmuró:

-Hija de puta...

Es lo que tenía de malo 'El Moro': su proceder encaminado a tragarse todo para sí, por timidez, o por miedo a enfrentarse al de enfrente o... ¡o vaya usted a saber la razón!...

Lo cierto es que, sus intenciones, no se materializaban; es decir: no salían al exterior articuladas en palabras para que, el otro, las oyera. Y así, claro, no hay manera de dialogar, de hilar una simple conversación con el fin de llegar a algún acuerdo.

Con sus hijos (y con este en particular) que, como progenitor, es lo que más quería, las ideas que deseaba trasmitirle se quedaban en su magín sin salir afuera. De modo, que nunca llegaba a traspasarle la riqueza de conceptos que, él, creía llevar dentro. Sus principios democráticos, mal aprendidos y peor asimilados, en un mundo de patriarcas, de dictaduras del padre, de machismo, le impedían ejercer esa autoridad que, a veces, es necesaria para la educación de los hijos y cuando conseguía apuntar uno, uno tan solo de los conceptos, le rebatían de malas maneras los hijos. Entonces, por no salir a mal, dejaba pudrirse la mala leche dentro de su piel. Recordaba, al respecto, que pocos días ha, estando sentado a la mesa, vio que su hijo lo miraba de modo atravesado y le dijo:

-Parece que me miras mal.

-Te miro mal siempre -le contestó su vástago.

Otro padre, de los que él conocía, hubiera reaccionado enérgicamente, y de inmediato, diciéndole:

-¡Ah, si! ¡Pues, cuándo coños piensas encontrar trabajo e irte de aquí, de una puta vez, para no verme en esta casa que pago y, además, te alimento, teniendo que aguantar tus impertinencias, de las que ya me tienes más que harto... hasta mismísimos cojones!

Pero se calló. Enmudeció. Porque a él, precisamente a él, lo que le hubiera gustado era hacerlo sentar a la mesa y en charla tranquila, sosegada, amorosa, expresarle, enseñándole, mostrándole, con ejemplos, que la vida es corta y que hay que aprovechar el tiempo, fugaz, que se va y no vuelve; diciéndole que se puede estudiar, cultivar su espíritu y divertirse con los amigos sin malgastarlo. Y que observaba en su comportamiento un hecho que, a su modo de ver, le estaba empobreciendo intelectualmente, como era el hecho, cierto, de que solo atendía a una manifestación artística; y dentro de esa misma parcela del arte, la música, a un solo estilo y eso... ¿cómo decirlo?... era como hacerse sectario de esa música; con lo cual cortaba con la inmensa riqueza de la humanidad que no sabe de barreras unilaterales; si, se estaba aislando de las diversas y múltiples facetas de la actividad artística: la poesía, el teatro, la música, la novela... La lectura de los clásicos de la novela, por ejemplo, podría ser una forma de reflexionar sobre la vida haciéndole madurar a uno. Y le añadiría que no se dejara maniatar por la angustia del paro, si es que la tenía, que la tendría aunque a su padre no se la manifestara; y que a pesar de lo negativo del paro, del desempleo, este tiene un punto positivo, y es que el tiempo puede diversificarse: repasando, por ejemplo, las materias de su carrera un tanto olvidadas; haciendo gimnasia; escuchando, no solo una, sino todo tipo de musica; perfeccionando o aprendiendo programas informáticos; manejando numerosas herramientas de trabajo... Ahora, si, ahora que tenía más tiempo libre y la manutención asegurada porque, luego, si su padre desaparecía... Pero, ¿para qué decirle todas esas cosas?... Podría ser que le contestara, no como la burra femenina, a lo mejor... peor. 

-No. No vale la pena.

Sin darse cuenta se había ido alejando de la población. Lo supo, de repente, por el esquileo de la ovejas. Alzó la vista del suelo y miró al frente. Aspirando profundamente su rostro se iluminó. Lo que se le ofrecía a la vista nada tenía que ver con lo que dejó atrás: el campo verdecido, tras las lluvias, mostraba su 'alegre otoñada': aquí florecillas lilas, amarillentas y blanquecinas, embellecían el prado; allá, los blancos champiñones asomaban sus redondas cabezas y, de cuando en cuando, los niscalos, inconfundibles, lucían sus sombreros anaranjados; y, lo que él más deseaba, diseminadas por laderas o cerca de arroyos, las verdioscuras zarzamoras, quienes, al sol, hacían brillar sus frutos como diciendo: 'acá estamos, venid a comernos'. Y es lo que hizo.

Ya había otros comensales dándose el desayuno. A algunos los conocías de días pasados, eran emigrantes marroquíes, parados como su hijo. Los saludó: 'Sala maleikun' o 'Ala ila ala' o 'Insalah'; no sabía bien lo que significaban pero coligió que eran frases de cortesía, similares a las que, en castellano, se saludan unos a otros; y con las cuales esos comedores de moras matinales le respondieron: 'Buenos dias' o 'Qué tal' o 'Con Dios' o 'Hasta luego'. Nada más se digeron, pero con eso bastaba.

Esa mañana fue abundante el desayuno de moras. De zarzamora en zarzamora fue pasando el tiempo. Algunos ratos se paraba sentándose en alguna piedra. El sol calentaba sus huesos. Lo agradecía. Se estaba tan bien... ¿Volver a casa?... Claro... Sin ganas... Lo que menos le tentaba era regresar a su morada. No le hacía la menor gracia. Mas, volvió. A remolque. Pero lo hizo.

Abrió la puerta. Otras veces llamaba al timbre. Se encaminó, como siempre. al frigorífico. Cogió la botella. Acordándose de una mujer de su pueblo quien, por las matanzas de los cerdos, después de comer la chanfaina, levantaba la jarra de vino y en voz alta expresaba su aversión al agua con palabras tales como: 'tu, madre de ranas y sapos y lavadora de trapos...' para a continuación pegarle un trago profundo de vino a la jarra; con ese recuerdo, 'El Moro', levantó, igualmente, la botella de vino y, mirándola con devoción, casi con arrobo, exclamó:

-Los latinos decían: ¡In vino veritas!... ¡Oh, tu, botella de vino, introdúceme entre pecho y espalda la esencia alegre del optimismo! Lo necesito.

Luego, como hacía ordinariamente, se dirigió al lavabo para refrescarse la cara. Su hijo se estaba afeitando al tiempo que oía música. La música de siempre. Para variar. Mientras se secaba la cara miró al espejo.

-Las moras me están volviendo, realmente moro.

Su hijo, que lo veía también en el espejo, sonriendo le dice:

-¿Las moras, papá?... Jajaja... Mas bien el morapio.

viernes, 11 de mayo de 2012

José Mª Amigo Zamorano: Mala conciencia


Emilio Malatesta Alonso, argentino de padre italiano y madre gallega, para la furgoneta en el descampado, un amplio claro en el robledal que tiene en la parte norte, junto a la arboleda, una fuente de tres caños donde unos gatos beben agua.

Emilio acaba de venir de Argentina de pasar una cortas vacaciones después de años de ausencia del suelo patrio. Y otra vez aquí. Otra vez en este trabajo de mierda, como suele decir. Recogiendo lo que nadie quiere. Curro no siempre legal, peligroso a ratos, de una empresa medio mafiosa. Alguien, un día, le dijo:

-Emilio, deberías de apellidarte Al Capone en vez de Malatesta.

Lo dijo contraponiendo el gangster con el anarquista. No le contestó porque sabía que los oyentes no tenían 'ni puta idea' de quien fue Malatesta.

-Será gilipollas -pensó para si- compararme a mi, un proletario, un simple currante, que ni pincha ni corta en la empresa, con el ganster millonario yanqui... ¡gilipollas!

Baja del vehículo y espera que el acompañante lo haga también. Luego le acaricia el pelo de la cabeza y le dice una frase que, queriendo ser en tono  indiferente, se le quiebra emocionado en la mitad:

-Tranquilo, tu tranquilo... pronto vendrán a buscarte.

Sube al vehículo y, desde dentro, observa su comportamiento: el acompañante, primero lo mira, y enseguida, levanta la cabeza y contempla el cielo. Bandadas de pájaros lo surcan inundando el aire con sus cánticos o se lanzan de cuando en cuando entre los árboles para emprender el vuelo de inmediato, trasladándose a otra parte de la arboleda con sus trinos. Pronto deja de seguirlos y echa a correr hacia la fuente. Tiene sed. Los gatos se esconden en la maleza. El conductor arranca el motor y se va.

Cuando deja el camino de tierra y se mete en la carretera general vuelve la vista a los árboles que deja atrás con un desgarramiento interior. Siempre le ocurre. No es nada suyo, pero se estremece. Lo ha hecho muchas veces. Conoce cada curva del sendero, cada Bache, casi cada árbol hasta que llega al descampado... bueno, pues aun se queda con el alma en pena. Piensa en los suyos. En todos sus seres queridos. Otros, con el mismo trabajo, podrían hacer un día, si él faltaba, si se moría, por ejemplo, idéntico recorrido para depositar a uno de los suyos, allí, en medio del bosque, y abandonarlos a su suerte; o si su espíritu, por qué no, se encalleciera hasta tal extremo que él mismo, Emilio Malatesta Alonso, pudiera dar o vender sus seres queridos a una empresa, como en la que trabaja, hasta podría ser que, declamando cínicamente, para darse de duro lo de Martín Fierro-busca madre que te envuelva-, / le dice el flaire y lo larga. / y dentra a cruzar el mundo / como burro con la carga'. ¡Dios no lo quiera! Y se le puso la carne de gallina.

-Es la crisis, la maldita crisis que los malditos capitalistas han creado.

Y trae estas consecuencias: arrojar del hogar a seres queridos por no poder alimentarlos.

Empezó (no sabe si esa palabra es la adecuada) todo esto en Grecia donde se han visto niños por la calle pidiendo; o hurgando en la basura entre perros y gatos. 

Decía que 'empezó' tal vez no fuera la palabra exacta; o si lo es, que puede que lo sea, tiene en si un tufo desagradable a eurocentrismo. Quiere decir que ha puesto el principio en un país europeo, Grecia, como si el resto de naciones y continentes no contaran o estuvieran apartados de sus  sentimientos. Y no era así. Él tenía en su corazón a América Latina, por ejemplo. Pero demostraba, eso si, que, hasta él, tenía tic eurocéntrico. Por lo que rectifica:

-No, no empezó en Grecia, sino que su origen está en todo el orbe, en el sistema social de castas, en la separación entre pobres y ricos, en el marco de esta mierda de sociedad en la que el 1% de la población tiene de todo y el 99% se las ve y se las desea para terminar el mes o el día.  Ahí tiene su  cuna. 

Ahora, con esta crisis, se ha agudizado llegando a extremos de echar los padres de casa a los hijos, como se ha visto en Grecia... ¡vaya!, otra vez el tic... se ha visto en muchos lugares de la tierra y a lo largo de la Historia pero es, en estos momentos, precisamente en este tiempo histórico, cuando a los europeos, que durante años vivieron en la abundancia y en el olvido, les roza peligrosamente. 


Aunque tiene que añadir, para qué ocultarlo, que esto ha ocurrido a lo largo y ancho del globo desde muy remotos tiempos. Se ha dado el caso, tiene que decirlo también, para no pecar de sentimentalismo, un tanto hipócrita, como el del poeta Gabriel y Galán He dormido esta noche en el monte / con el niño que cuida mis vacas. / En el valle tendió para ambos / el rapaz su raquítica manta / ¡y se quiso quitar-¡pobrecito!- / su blusilla y hacerme almohada!...", sino con toda la cruel desnudez, esa crueldad en la que, a la hora de elegir los seres queridos que se tienen que irse del hogar, dejan a los animales, porque comen menos y echan a sus hijos. ¿Es la excepción? Si, es la excepción pero se da.

Iba tan abstraido conduciendo la furgoneta que, desde otro vehículo, le han pitado porque circulaba cerca del centro de la carretera. Se asusta un poco, para y baja de la furgoneta. 

-¡Joder! La culpa de mi distración está en este tipo de trabajos de mierda e ilegales. Un día me van a pillar y termino en el trullo.

Apoyada la espalda en la furgoneta enciende un cigarrillo y piensa en el ser que ha dejado en el claro del bosque y se acuerda de nuevo del gaucho Martín Fierro

-"El pobrecito tal vez / no tenga ande abrigarse, / ni ramada ande ganarse, / ni rincón ande meterse". ¡Pobrecito! ¡A donde nos conduce el sistema!

Se consoló aduciendo que en algo tenía que trabajar si quería llevarle un sustento a los suyos, a sus seres queridos. Aunque a continuación se plantea si era ético, ilegal y peligroso ya lo sabía, lo que hace: recoger bocas que sobraban, ahora que mucha gente se queda sin euro, para abandonarlas 'como burro con la carga' a su suerte. Suerte que muchas veces terminaba -se lo habían dicho amigos que lo habían visto con sus propios ojos ¡qué horror!- en despiece como bueyes o pollos en matadero; y vendían sus órganos; e incluso la carne, vete tu a saber, podía transformarse, en un restaurante chino (según las malas lenguas) en suculentas chuletas con nombre de exóticos animales.

Solo de pensarlo le daban arcadas. Pero se le pasó pronto. Lo que mas le angustiaba es lo que pudiera pasarle al pobrecito en el choque con otros de su misma especie. Lo había contemplado muchas veces en los basureros. Allí niños, gatos y perros se enzarzaban por restos de comida y terminaban heridos sangrando. Recordaba al respecto -y no fue en ningún basurero- a aquel niño que llegó de un pueblo a la escuela de su barrio, en la ciudad de Buenos Aires y lo escalabraron con un piedra en el patio durante el recreo:

-Pobrecillo, se sentó en el suelo llorando mientras los otros reían. ¡Y no era en el basurero!

Así que no quería imaginarse lo que podría acaecerle al que acaba de dejar en el descampado.

De modo que, se dijo para si, no quería que a sus seres queridos le pasara nada de eso. O si llegaban mal dadas... Prefería matarse para no tener que verse a él o a ellos... Haría como Dimitris Christoulas, el jubilado de setenta y siete años que, el 04/04/2012, puso fin a su vida pegándose un tiro ante el Parlamento griego, en la Plaza Sintagma, agobiado por las dificultades económicas por las que atravesaba. Y bien claro que lo dejó escrito:

-"Pongo fin a mi vida de esta forma digna para no tener que terminar hurgando en los contenedores de basura para poder subsistir".

En ese momento un coche se para y el conductor, que lo conoce, le pregunta a Emilio si le ocurre algo y si le puede ayudar. Emilio le dice no y le da las gracias. 

Mira el reloj. Era ya casi mediodía. Hora de dejar el curro. Sube a la furgoneta y la arranca. Rumbo a casa. A su casa. Allí estaba lo que quería.

Se sienta a ver la tele. La mujer en la cocina, María frente al ordenador y el otro, como siempre, durmiendo. Es lo que ocurre, teniendo una casa y quien te alimente, que no das palo al agua. Te hundes en la molicie. Sin embargo, lo había educado en la lucha. De vez en cuando lo llevaba escaleras arriba y le abría la ventana para que contemplara el cielo, para que notara el relente de la noche, para que el aire helado lo fuera curtiendo... Todo ello pensando en que, si algún día, ¡dios no lo quiera!, se viera en la necesidad de echarlo, de decirle: 'eres mayorcito; vete de aquí a ganarte la vida', ¡qué ojalá no ocurra nunca!, tuviera el temple suficiente para luchar en la vida y no se quedara sentado en tierra, como el niño aquel de la escuela, llorando.

Esto piensa viéndolo dormir. Y no sabe si los pensamientos llegan hasta el objeto del pensamiento, lo cierto es que abre los ojos, lo mira a él, al televidente, luego torna sus ojos hacia la ventana; contempla el ir y venir de golondrinas y vencejos, oido atento a sus chillidos, vuelve a mirarlo a él, casi el mismo gesto que aquel a quien dejó en el descampado, en medio del bosque; Emilio le acaricia el pelo de la cabeza al dormilón y entonces éste salta del sofá, maulla de gusto y corre a comer al comedero de los gatos.

La televisión trasmite imágenes  de un descampado donde una empresa arroja a distintos animales que otros capturan para venderlos; añade la locutora que las autoridades están detrás de una empresa que se dedica a este tipo de trabajos ilegales. Sin embargo, a continuación, entrevistan a uno que dice ser profesor de universidad y entendido en derecho que pone en duda la ilegalidad de estas acciones, indicando que no es el momento, este, de crisis, de poner trabas a la libre empresa que, además, está creando puestos de trabajo y bla bla bla.


Emilio Malatesta Alonso, asqueado, apaga el televisor.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Langston Hughes en la guerra de España contra el fascismo


Libro: Escritos sobre España
Autor: Langston Hughes
Editorial: La Oficina/BAAM
Año: 2011

El título lo dice casi todo. Luego, cuando abrimos las páginas, se nos señala que fueron redactados, esos escritos, entre 1937 y 1956. Y se nos añade que el autor no fue quien los reunió. De ahí que se repitan, a veces, párrafos enteros en varios artículos. No tenemos duda de que, si el poeta afroamericano los hubiera juntado él, no habría esas repeticiones. Quizás ese sea el único pero o la única pega a esta obra. Por lo demás, una novedad editorial, para los que nos interesamos por el mundo afro, que valoramos muy elogiosamente. 

Se trata de la visión de la guerra del 36/39 -que la España republicana llevó a cabo contra el fascismo- en las palabras que un poeta negro de los Estados Unidos escribió, principalmente, para la publicación Afro-American

Redacciones antifascistas claras y rotundas.

Habíamos oído hablar, mucho, de este escritor yanqui, si bien nunca tuvimos la oportunidad de leerlo. Ahora nos vienen, como llovidos del cielo, estos articulos escritos cerca del frente de batalla o en el mismo frente. Acariciados, en ciertas ocasiones, por las balas del bando franquista que le suena al escritor como trinos de pájaros, mientras no hacen carnicería en los cuerpos. En Madrid. Esa capital de mas de un millón de personas. Bombardeada, además, por tierra y aire, continuamente, por las armas fascistas de Franco. Ese Madrid en guerra es el telón de fondo de los escritos del vate negro: sus madrileños (sic) en la vida diaria, sus risas, su comida (escasa), las flores que abren sus pétalos a pesar de todo, los conductores que siguen en los autobuses en medio de la metralla... 


Un retrato al natural de esa capital que bien resiste al fascismo. Y las inquietudes de Langston sobre el racismo que constata, con indisimulada alegría, que, en España, en aquella España republicana, no existe. Ni aun con la llegada masiva de moros de color oscuro que vienen a atacarla. Los moros, otra de las preocupaciones de este escritor. No entiende cómo un pueblo oprimido, muchos de tez oscuramente bronceada cual negros como él, vengan a luchar por una ideología que lleva en su seno el racismo y la opresión colonial. Hasta que averigua que esos moros han sido engañados con promesas sin saber ni siquiera contra quien combaten.

Con un prólogo de Maribel Cruzado Soria se abre el libro y se cierra con unos poemas sobre la lucha en España del poeta afroyanqui traducidos por la misma Maribel. Y esta abertura y cierre hacen aun mas valioso el libro que estamos comentando, porque en el prólogo se hace un repaso a la biografía del escritor, de su tiempo, amistades y conocimiento de los personajes de las letras y las artes del mundo:  Henri Cartier-Bresson, Nicolás Guillén, Ernest Hemingway –que sin embargo nunca le cita a él-, Octavio Paz, Ilya Ehrenburg, Michael Kolsov, André Malraux, José Bergamín, Rafael Alberti, María Teresa León, León Felipe... Se puede decir que conoció a prácticamente todos los artistas de su generación, desde músicos como Duke Elllington o Cab Calloway a pintores tales que Miguel Covarrubias, Salvador Dalí, Diego Rivera, y escritores Arthur Koestler, Alejo Carpentier... 

Si a esto se le agrega la descrpción del ambiente cultural de Harlem, del llamado 'Renacimiento de Harlem', sus simpatías y antipatías, sus actores, sus debates ideológicos... Todo ello con el broche de oro, que ya hemos dicho, de una muestra de diez poemas rotulados 'Poemas españoles' da una idea del valor del libro traducido  por Javier Lucini.

jueves, 6 de octubre de 2011

'Que caiga el favorito' y que no se mueva nadie


Autor: Ramiro Gairín Muñoz
Título: Que caiga el favorito
Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza, 2011


Ramiro Gairín (Zaragoza, 1980) Ingeniero de montes por la Universidad Politécnica de Madrid. Vive en su ciudad natal. Ha aparecido en antologías y tiene ganados algunos galardones. Publicó 'Pintar de azul los días laborables' con el que obtuvo el Premio de Poesía Miguel Angel Pozanco. Y ahora publica 'Qué caiga el favorito'


Poemario de 37 poemas que se colocan en: 1 en el prólogo, 33 en lo que el autor denomina Nudo y el que queda reza epílogo. Poemas corticos con una media de 7 u 8 versos cada uno. La inmensa mayoría de 7 y 11 sílabas que se separan de cuando en cuando, quizás para que el lector se involucre en él con su propio discurso poético.

El tema principal es el amor. O la amada. A la que se adorna de virtudes desde el principio. Llegando a preguntarse (1) el poeta, sorprendido, el por qué ha sido elegido él por ella, siendo, como es, callado, sencillo, pardo. Pero en fin, como la realidad es esa se considera dichoso y arde, hoy, en el cristal del tiempo. Y quizás por eso, por su gozo inmenso, duda de si  durará o qué le deparará el destino en el futuro. 

Mientras tanto ahora, como hemos dicho, arde. Y cualquier cosa le sirve para alegrarse: un tazón de caldo (2), una frase hermosa, la forma de caminar de ella... Tanto ama que desea que la ciudad se llene del mismo amor. 

Mas todo eso, creemos, se puede manifestar no solo con palabras, sino con miradas, caricias, besos, susurros... Y no les importan mas que a los propios protagonistas. E importan, cuentan a los demás... poco. 


Pero no viven solos. Y no vienen de ahora sino de siempre. Tienen una herencia histórica. Que deben merecer. Se la transmitió el mudejar (3). Acurrucado. Triste, Con miedo. Oprimido. En noches de humedad. Quizás llorando. Y de ahí viene la luz. Lo sabe todo el mundo. 

Por lo tanto deben preservar la voz, el grito, el canto. No pueden quedarse sin pájaros si quieren unirse a los mudéjares de hoy que somos la inmensa mayoría. No puede quedarse sin canto, sin palabras. Y mas cuando ella le pide unos versos con flores de almendro. Pero ¿cómo?... Si apenas quedan almendros. 


Tienen (él y ella) que denunciar la paulatina destrucción de la naturaleza que les impide amarse aun mas. Y denunciar a los culpables, a las grandes corporaciones: bancos, eléctricas, multinacionales... 

Al respecto dice: 'Y yo me pregunto qué podemos hacer nosotros para impedirlo... tu y yo mañana tarde y noche'. 


La ve a ella salir por la puerta, desnuda, con el pelo mojado. 'Me hace gracia -declara terminando el librito 'Que caiga el favorito'- porque / dices por qué sonríes sonriendo'.


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Algunos poemas a los que se hace referencia:

(1) Mi corazón se parece a los gatos
no hace ruido cuando sube a las casas

me pregunto cómo lo distinguiste
de los demás gatos pardos anoche

cuál es su pedigrí.

(Zaragoza, febrero de 2009)

(2) A veces el invierno
vale la pena
por un tazón de caldo

una tarde afilada
por una frase hermosa 
que meter en la cama

mi vida la daría
por parecerme
a quienes has perdido.

(Zaragoza, septiembre de 2009)

(3) Por todos es sabido
que la luz viene siempre
de la calle Mayor

que la dejó el mudéjar
a modo de país
en noche del humedad

para el calor que sigue
si has hecho lo posible
por merecer el día.

(Zaragoza, noviembre de 2009)

viernes, 17 de junio de 2011

Iswe Letu: Nada sabíamos de Seeber Bonorino.


La verdad, de Seeber Bonorino no conocíamos nada. Y ahora, tras la lectura de 'Un paquete para el mánager' (*), poco mas sabemos de él: que nació en Argentina, que estudió en colegios católicos de los que fue expulsado, que fue, o es, aficionado al boxeo, escritor, que ha ganado algunos premios literarios,  tiene alrededor de 60 años, vive en España hace cerca de 20 años, se declara marxista sin ser estalinista y que este libro parece ser su opera prima.

Bueno,  pues por todo ellos nos atrajo. Y mas sabiendo que su libro iba a ser editado por una editorial pequeña, casi minúscula, que lucha por sobrevivir. Por lo tanto, con toda probabilidad, nadie escribirá sobre él. Las grandes editoriales tienen copado los medios, con sus críticos bien pagados y cebados, para que nadie hable mas que de los libros que ellos editan. En el 2007, la Fundación Sinsonte, pequeñísima editorial zamorana, reeditó la traducción al castellano de Lydia Cabrera de 'Retorno al país natal', de Aimé Césaire, inencontrable desde los años 40 del pasado siglo, del que todos escribían y citaban sin haberlo leído... pues pasó desapercibido. 

Bien, en esta magna obra del poeta de la negritud se lee: 'Guardaos de cruzar los brazos en la actitud esteril del espectador, pues la vida no es un espectáculo, un mar de dolores no es un proscenio, un hombre que grita no es un oso que danza'. Y ante ese 'mar de dolores, ¿qué podemos hacer?: las acciones pueden ser diversas: inmolarse, indignarse, organizar un chiringuito político-ideológico, lanzarse a la calle, erigir barricadas, llorar... Preferimos que toda, o casi toda, nuestra actividad se coloque del lado de los que han combatido ese 'mar de dolores' y han perdido. Latemos con ellos. El corazón se conduele con los espartacos, los viriatos, los comuneros, las marianas pinedas, los toussaint louverture agonizando en las ergástulas, los ogé descuatizados, el general Maurepas ahogado en el mar junto a su mujer e hijos y hasta con los diputados franceses que quisieron abolir la esclavitud y no les hicieron ni puto caso, como el señor Viefville des Essarts. Es una actitud sentimental y el sentimentalismo se lo pasan por el forro de los cojones el Capital, el Poder, los 'Milicos', la Sociedad... pero... qué se le va a hacer... preferimos entretenernos con los relatos, negros, de Seeber Bonorino y no con las renombradas creaciones de los vargas llosas y otros. 


Es así y no lo podemos remediar. 


Luego sabemos que entre los perdedores, como entre los ganadores, hay de todo: buenos, malos y mediopensionistas.

De modo que con este bagaje leimos a Seeber Bonorino, sus relatos negros de boxeo. Diez narraciones ambientadas en Buenos Aires, con el leguaje bonaerense y su particular modo de usar el castellano. Donde sus personajes, todos ellos masculinos, de las capas más bajas, mas pobres, de la sociedad porteña, que sueñan y luchan por hacerse un hueco en el cuadro de la fama del boxeo. Y con él el dinero, la buena vida, la popularidad... para terminar, en general, cayendo en el alcoholismo, las drogas, las putas, el crimen... la muerte violenta o paulatina en cualquier rincón de una calle. Sus relatos transitan por un mundo cruel, como la vida misma: 'acaso -dice el autor- la realidad no sea tan clemente'.

Esa atenuación de la realidad se refleja en el relato 'El mortal gancho de derecha' cuando se dice, referido al campeón Dinamita Parodi y el personaje central del relato, El Rulo: 'El campeón lo escuchaba y lo miraba y, un poco sentimental que era, casi se le pianta una lágrima de pura tristeza, y no le quiso decir la verdad, que así contrahecho como era no podría dedicarse al boxeo. Al contrario, le dijo que si, que el de eso entendía mucho, porque por algo era campeón, y que le veía mucha pasta, de verdad, mucha pasta, y adelante, pibe'.

Pero ponerle un poco de freno a la realidad brutal no es esconderla o falsearla. Mediante sus diez narraciones Seeber Bonorino nos describe el microcosmos de los ambientes del boxeo desde el que se puede atisbar un poco la sociedad argentina (o eso creemos): la postergación de la mujer, el racismo, el clasismo, el machismo, los prejuicios contra los maricones, la corrupción policial, o el asesinato impune de la policía y el ejército en la época de la dictadura, los torturadores, el sexo, los celos, los cuernos, las violaciones... 

Son diez relatos que nos aprisionan entre sus páginas, tienen gancho (nunca mejor dicho), tienen garra, son trágicos, no aptos para meapilas, nada correctos politicamente hablando.

Y hablando de política... ella, la política y la ideología, en estos estratos de 'villa miseria', llega, pero muy difusa (quizá esa sea una de las virtudes de esta obra), no hay luchas políticas, ni conflictos laborales entre patronos y obreros, ni peleas sindicales; esó si, se cita a las Abuelas de la Plaza de Mayo muy tangencialmente; o a la popularidad de Perón; si bien, en uno de los relatos en los que un boxeador asesina a su patrono, cuando abre la billetera y ve la foto de su general Perón, tan marcial, tan limpio, con su uniforme militar, lo rompe en pedazos.

El libro comienza con una presentación y termina con un glosario necesario porque la redacción, ya lo hemos dicho, en el leguaje particular porteño se usan palabras que no son conocidas por acá.

En esa presentación Seeber Bonorino nos hizo saber algunas cosas de su biografía. En los relatos nos muestra su forma de escribir y nos abre un poco su espíritu.

Nos hemos pasado un rato paseando por los sueños de gentes desposeidas. 

Y llegando a una conclusión, hemos tomado nota: este mundo, tal como es, mejor volarlo por los aires.
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(*) Obra: Un paquete para el mánager. Relatos negros de boxeo
Autor: Arturo Seeber Bonorino
Editorial: El Garage Ediciones S. L.
Primera Edición Mayo de 2011