lunes, 3 de agosto de 2009

Artenavas 09: 'Sueños del ser' de Ignacio Llamas

Artenavas 09: 'Sueños del ser' de Ignacio Llamas

Artenavas divide las obras expuestas en tres locales: Los Toriles, Covento de Santo Domingo y San Pablo y el Espacio Cultural Caja de Avila.
En Los Toriles expone su obra Ignacio Llamas titulada 'Sueños del ser' (2007) con materiales bien sencillos como son la madera y la luz. 47 x 90 x 90 cm.
En la oscuridad más absoluta solo encuentras 4 o 5 focos de luz.

*

Están ahí y ellas están alli.
Estás ahí, si, en la oscuridad.
Y ellas allí como una esperanza.
Tu está ahí en la angustia del no ser.
Y ellas allí en la alegre negación de la nada.
Caminas a tientas, indeciso, en pos de los cuadrados iluminados.
Te acercas a uno con temor y miras dentro.
No hay nadie.
Es el vacío.
Iluminado.
La nada radiante.
La esperanza truncada.
Te derrumbas.
*
Es un momento de decepción. Un solo instante.
Te tocas. Sigues siendo. Respiras.
En la negrura de la noche.
Te izas.
Sigues estando ahí y otras allí.
Avanzas más decidido hacia otra luz.
Quizás allí lo que buscas te sonría.
Y te asomas con renovada ilusión.
La luz te ciega.
Ilumina una estancia deshabitada.
Luminosa nadería.
Desengaño.
Te hundes de nuevo en la soledad.
*
Te tambaleas por un momento.
Un solo instante.
Otra luz te invita hacia su centro.
No lo piensas dos veces.
Avanzas más seguro.
No tienes nada que perder.
Solo la oscuridad que te rodea.
Tus ojos se abren de nuevo.
A la luz. Otra luz.
Donde compruebas que la soleda persiste aun.
Un renovado no ser
iluminado
te tumba en el negro callejón.
*
Por un momento.
Un solo instante.
Pues continúas estando ahí y ella luce allí.
De repente recuerdas, como en un fogonazo,
la escalera que subía.
Lo intuyes: es una invitación
a hallar la entrada
de la casa y poseerla.
Tu sueño de mileurista.
El gozo te derrama de alegría.
Y te afanas por encontrar las llaves.
¡Ah! ¡Ahí están! Alargas la mano
y... te despiertas.


*

Fdo: José Mª Amigo Zamorano

jueves, 23 de julio de 2009

Juan Urbina Osegueda: La vende-frutas

Juan Urbina Osegueda: La vende-frutas


Cargando una bandeja
llena
de naranjas, guayabas, maracuyá
en la cabeza o en la cintura.
La he visto
en el parque 16 de Julio
en la calle
en la fábrica de puros.
No sé su nombre pero la veo
siempre por la mañana la veo.
Sus guindajes de colochos
se mueven sobre sus hombros.
Morena
persistiré en tu gracia.
Tus ojos grandes y negros se me grabaron
y te veo siempre
aunque no estés delante de mi.

*
Taller de Poesía de Estelí

Revista 'Poesía libre'. Ministerio de Cultura (Managua, Nicaragua) Año IV, número 10, enero de 1984

miércoles, 10 de junio de 2009

José Mª Amigo Zamorano: Canto amargo y desesperado

Él lo decía. Si, fue él el que lo dijo: su canto tiene un contenido humorístico agudo y penetrante, mejor dicho, picaro y amargo que, en conjunto, suena bastante desesperado.


Ese escritor se refería a aquel poeta judío, ya fallecido, que comenzó una parte de su poemario, titulado 'la gracia del canto', con rotundidad manifiesta:


-El hombre es como un pájaro, mientras en él su alma cante.

Así de claro. Mas siendo, como era, 'a-religioso', añadía que su meta no podía ser otra que elevar su canto a las nubes porque, más temprano o más tarde, llegará la hora en que su polvo se aposentaría en la tierra. Su conclusión no era fruto de un mal día sino de profundas reflexiones. Pero había más: con el paso del tiempo (y apostaba por él) oía crujir su cuerpo con música de requiem. Nada singular pues ya otro poeta, José Bergamín, nos decía que al caminar sus huesos se reían de su sombra. También Bergamín había apostado por el tiempo. Y ganó. Ganan todos los poetas que apuestan por el tiempo del hombre, por su llanto y por su canto. Y se redimen. Como León Felipe.
Decíamos que este poeta apostó por el tiempo. Aunque fuera arañándole unos minutos. Con tal de que el mar reflejara algún cántico. Un mínimo chispazo que luciera entre sus olas manchas de púrpura o naranja. Con poco se conformaba. Con eso se libera.
Hasta en los libros más aburridos buscaba esos chispazos, esas combinaciones de palabras para el ultimo viaje. Entonces, cuando las hallaba, era como encontrar notas escondidas para una sinfonía postrimera.
Se preguntaba muy a menudo cómo podría soportar la visión angustiosa de la vida sin esas palabras consoladoras. Esas que lo van sosteniendo. Melodías perdidas halladas por el espacio, lamentos del hombre que, luego, transformará en poemas para recordar que anduvo por estos lares. Bagaje antes de que el jardín se cierre y se caigan las máscaras. Las máscaras y las cáscaras, los halos y las galas que, al decir del poeta Claudio Rodriguez, eran las más burdas mentiras; como la de libertad mientras se redobla la vigilancia.
Quiere quitarse adornos, afeites. Quedarse en cueros cuando emprenda el postrer sendero y dejar todo lo que fue su vivir en el canto, para que galope en el sueño de los justos que caminan aun sobre la tierra. Pues la realidad sabe lo que es: vejez que brota del alba y un pequeño montículo de piedras como recuerdo; o dicho de otro modo: llanto de recién nacido y suspiro final del que se va para nunca más volver. Es la verdad. ¡La puta verdad! Por amarga que sea.
Se consuela, eso si, aun siendo 'a-religioso', porque lo fue, amando la palabra 'Dios', fruto de la fantasía y anhelo del alma humana. Otra manera de cantar en el pequeño territorio de su vida. Donde no tienen fin ni la felicidad, ni el horror. ¡Oh álamos desnudos, ríos de aguas negras, lirios flotando despaciosamente sobre el agua, negros cisnes de cuello melancólico...! Para qué seguir.
En fin, le es imposible, a viejos embaucadores, como ellos, mentir más. Aunque como no poseen nada, ningún reino celeste, al menos recogen (haciendose plural) pequeñas parcelas de palabras para cuando la luz se apague y suenen como en eco.
A su memoria acuden poetas queridos como Natan Zaj, Yesenin, Ajmatova. Grinberg, Walt Witman... que fueron derechos al silencio voraz.

-Si hasta mejores que tu y yo -asegura el poeta- fueron devorados. Y mas de uno ligó toda la brevedad de la vida en una sola y repentina bala de plomo.



Recordaba sin duda al poeta Rubén Yaron y su propio hijo.

Empero aun le late un ligero optimismo pensando que alguna clara mañana se quedarán sin alas las mentiras. Esas cáscaras y máscaras a las que aludía el poeta zamorano como las más burdas. Entonces, está seguro, que contemplará hermosos lirios flotando lentamente sobre las aguas. Y ya no serán necesarios lo poemas.

Mientras tanto un día llegará solo al jardín; un día en que todo se cerrará: ventanas, libros...; y la poesía se alejará; y el propio canto de los pájaros; ese día en que además le dirán que cambie de carnet.

Ese día quizás le ocurra, como él hizo ante la tumba del poeta palestino y amigo Fawzy Abdala, que alguien, uno cualquiera, quizás tú lector, deposite en su féretro un ramo de crisantemos.
Justo enfrente de la inscripción: 'Natán Yonatán, Poeta'.

Bardo que, es cierto, murió un viernes 12 de marzo de 2004.

Dejonos esta gracia del canto que, como afirmaba Amos Oz, nos suena bastante desesperada.

Que le vamos a hacer.

martes, 12 de mayo de 2009

José Mª Amigo Zamorano: En pos de la belleza '¿Te duele?'

Libro: ¿Te duele?
Autora: Angela Segovia Soriano
Edita: Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes
Año: 2009


Ángela Segovia Soriano, de 21 años, nacida en Las Navas del Marqués (Ávila), estudiante de Publicidad en la Complutense y alumna de la Fundación Centro de Poesía José Hierro es la flamante ganadora del V Premio Nacional de Poesía Joven Félix Grande 2009, dotado con 6.000 euros y que incluye la publicación del libro dentro de la colección literaria Universidad Popular, patrocinada por el Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes. El jurado, compuesto por Luis Alberto de Cuenca, Ignacio Elguero, Luz Pichel y Manuel Romero Mancha emitió el fallo por unanimidad y destacó el alto nivel de las obras presentadas al certamen, entre las que destacó ¿Te duele?, la ganadora Ángela Segovia considera "demasiado difícil definirse a uno mismo", pero describe su poesía como "una secuencia de imágenes con potencia, como si fueran la secuencia visual de una poesía surrealista". Con anterioridad, ha publicado en el taller de Poesía José Hierro de Getafe Cuadernos del matemático y ha ilustrado el libro Torrijas y balas, de Miguel Ángel Martín.
Fuimos a ver la presentación del libro en su pueblo Las Navas del Marqués. De factura surrealista, (a '¿Te duele?' le hemos hallado algún eco de Saint John Perse en 'Anábasis'), es como un camino hacia la apropiación de la belleza en tres fases: 1ª, 'casa-mano'; 2ª, 'Dentro, sin respirar' y 3ª, 'Una funda con mi nombre''. En el avance hacia esa meta, un avance seguro, casi sin titubeos, va arrojando trozos que no le sirven y los abandona sin mas. Duela a quien le doliere. Es un movimiento imparable. Sin consideraciones. Porque sabe quien es, de que lugar procede y hacia dónde se dirige su canto. O eso cree ella.
Comienza con una suerte de reflexión sobre la caducidad de las cosas, de los seres o sobre el destino en el que se verán abocados. Una mirada impropia de su edad. Aunque 'impropia de edad' es un lugar común: hay hay quienes no maduran ni cuando están a punto de fenecer y otros, en cambio, ya se esnifan rayas de coca con 14 o 15 años. Pero, si, reconozcamos que no es lo más general en esas edades juveniles darse cuenta de que la vida es un soplo y hay que aprovecharla. Leemos ya en la primera página: 'Mira / sólo sé que después vendrá la tierra / a por nosotros'. Y sin solución de continuidad añade que no quedará nada: 'Los abismos las llamadas / desaparecerán, / el hambre la lluvia todo'. Si acaso una fotografía para el recuerdo: 'Colocaos para la foto que se hace tarde / y las cabezas de las vacas se van a apagar / que la luz es muy amarilla ahora / y hay un resquicio de azafrán prendido en las hojas / del pino'.
Partiendo de estos supuestos, ciertos, hay que llenar la vida cada instante, en una actitud abierta a lo que se ofrece por doquier, a la belleza, que aunque fugaz existe y hay que aprisionarla antes de que se evapore, no hay que dejarla pasar. Porque cuando surge, porque brota por ahí y es muy sonora, nace con 'gran ruido de párpados'. Los párpados de uno, singulares. No los párpados del universo, de la Humanidad, ni de la colectividad. Pudiéramos decir que son los párpados de la soledad. De los ojos de Ángela Segovia: 'Yo, / atrapada en tu terciopelo azul, / sangrando el alma porque no puedo / no puedo sostener tanta belleza'.
Es un problema que se soluciona haciéndose belleza, introduciéndose entre sus pliegues. Así, de ese modo se desprende de su materialidad. Lo decimos porque se da a entender que la belleza es algo que está por encima, levitando. Como decía Claudio Rodríguez de la claridad: 'viene del cielo; / es un don: no se halla entre las cosas / sino muy por encima'. La poetisa navera viendo desde la distancia todo lo anterior lo expulsa, lo tira, no le sirven ya: 'los recuerdos que se me atragantan te los doy, / para ti todos'. No quiere que nadie le obstruya ese sendero. No quiere eclipses. Le duela a quien le duela. Es inmisericorde en su andadura. Ni un poso de miramiento, de conmiseración o de ternura. Lo que ya fue deja de servir y lo abandona en la vereda. Como los versos que leyó en la representación de su libro. En la performance según alguno dijo. Y si alguno de los deshechos le duele, porque al fin y al cabo también tiene algo de humana, son como piedrecitas, pequeños cantos que de una patada se los aparta de la senda por la camina en pos de la belleza. Son obstáculos sin importancia en su camino, en su paso por la vida. Es como si avanzara con perfil de diosa 'ebria de violetas'. Angela Segovia Soriano tiene el orgullo de la juventud: 'Que le vamos a hacer / si nacimos caleidoscópicas / y el paso de las hojas nos define'. Efectivamente caminas 'con esa indiferencia que te arropa, / que te ensalza, que te hace superior'. Tan superior, tan suprema que no quiere la permanencia, sino la muerte en la cima: 'con la punta clavada en la garganta por donde sale / mi última palabra / entre estertores atragantados de muselina y gasas / estupefactas. / Mi última palabra / eres tú: / COLIBRÍ. / La belleza ha de ser el único motivo de la muerte'. Es su testamento final.
Todo un poema de métrica libre. Surrealista. Como dijimos arriba le notamos un eco leve de Perse. De quién sea la influencia no sabemos. Pero sí que ha sido, luego, procesada y le ha salido propia. De su alma. De su sangre. De su ser. De sus propias entrañas. Es decir: con personalidad propia, con estilo suyo.
Ha nacido en Las Navas del Marqués una firma poética. Con ansias de cielo. Decía Rubén Darío: 'y tuve hambre de espacio y sed de cielo / desde las sombras de mi propio abismo'. Esperemos que no se esté elevando Ángela desde ningún 'abismo'. Porque los abismos, muchas veces, nunca tienen fondo. Son mortales. Cuando Ángela regrese a la tierra, que regresará, será más divina por humana. Por eso le hablamos de Aimé Cesaire y su 'Cuaderno de regreso al país natal', también surrealista, que no conocía. Si algún día lo lee se encontrará con estos versos muy terrenales que nos gusta citar muy a menudo: 'Y sobre todo mi cuerpo y también mi alma, guardaos de cruzar los brazos en la actitud estéril del espectador, pues la vida no es un espectáculo, un mar de dolores no es un proscenio, un hombre que grita no es un oso que danza... '.
__________
Foto: Ángela Segovia Soriano

lunes, 4 de mayo de 2009

Iswe Letu: Por la calle Molinillo de Las Navas del Marqués



Al final de la calle Juan Fernández Yagüe nos metemos por una calleja de rótulo Travesía del Álamo. Es como salir de la luz y entrar en la penumbra. Esta travesía se nos atraviesa. Nos vamos de allí y torciendo a la izquierda y luego a la derecha penetramos en otra calleja o travesía sin nombre. O al menos nosotros no lo vemos. Estaba vacheada la calzada, el asfalto agrietado, corroido, remendado... luego volvimos al día siguiente y le estaban echando una capa de brea. La necesitaba.
Si en la anterior travesía, la del Álamo, nos figuramos en la penumbra en esta, en la sin nombre, nos rodean las tinieblas. Y es que por estas Navas que dicen del Marqués hay calles, callejas o travesías alejadas o dejadas de la mano de Dios. Posiblemente no vivan parientes o amigos de los jefes municipales por estos lares. Posiblemente no, casi seguro.
Desembocamos en una calle ancha y luminosa. Más adelante leemos: Calle del Molinillo. Lástima, no tiene poyos. Muchas casas tienen orientada su entrada al sur, a la solana. Las ventanas hacia este punto cardinal son más grandes. Bueno, pues en la calle del Molinillo también. Recogen así el calor del sol, que buena falta hace en este pueblo serrano.
Decíamos que el Molinillo no tiene poyos. Y lo sentimos pues es muy larga y en cuesta. No se hallan poyos porque no los necesita al tener, como tienen, casi todas las casas, un patio o jardincillo delante. Y plantas. Ahora, en primavera, lilas florecidas. También enredaderas. Y, como no, muchas se rodean de verjas. No necesitan hablar con el vecino o con el viandante o con el paseante. Suponemos, comparándola con otras calles, que por aquí se asentarían, antaño, gentes del pueblo que lograron un holgado vivir. Sin duda con su esfuerzo. Con su duro trabajo.
Alguien al que se lo comentamos nos contesta preguntándonos:
-¿Solo con su esfuerzo y trabajo?

Y otro responde:
-Y con el de algún obrero al que explotaron.

Nosotros no lo sabemos. De todo habría. Eso sí, se diferenciaron. Y se atrincheraron. Incluso algún perro nos ladraba.
Nos detenemos un instante. Discuten un hombre y una mujer. Un niño llora. Es una familia emigrante. Son rumanos. Tienen antena parabólica. Les une a su tierra y se sienten menos solos y extraños. Este edificio ya no tiene jardincillo, pero en cambio le han puesto un patio delante de la casa y una escalera para subir al piso de más arriba. Hay algunas más de este tipo. No sabemos si el Consistorio tendrá normas de edificación. Pero lo suponemos. Y si es así puede que no cumplan con ese reglamento. Claro está que cuando un edificio se sale de la regularidad urbanistica, destroza la armonía, es como un pegote, un manchón, una cagadita en la soleada calle del Molinillo en esta primavera del 2009. No estará lejos de estos desaguisados la influencia, el amiguismo, el mamoneo y el dios llamado Dinero.
Dos ancianas se saludan. No se entienden. Vocean. Son sordas.
Seguimos nuestra andadura calle arriba. Justo unos metros más allá del Molinillo 112, tres jóvenes, levantado el capó de su coche, lo miran como extasiados, casi con amor. Puede que estén enamorados. No es extraño. A lo mejor es su única propiedad. Quizás no del todo. Tal vez el banco tenga aun un tanto por ciento elevado del automóvil. En cualquier caso es suyo. Y en esta sociedad capitalista de adoración a la Santa Propiedad los verdaderamente propietarios han inoculado esa veneración por la misma a sus criados o esclavos. Con lo cual todos se unen, pobres y ricos, en esa postración ante el dios de la Propiedad Capitalista. Con este envenenamiento, los Propietarios Reales tienen asegurado, mientras duren los efectos de la pócima, su emporio de posibles revueltas, pues siendo todos iguales, amos y criados, esclavos y esclavistas, ¿quién va a levantarse para destruir el sistema?
Decíamos Molinillo 112 porque así se rotula una de las casas. Y la alegra, la embellece, con sus azulejos blancos y sus números y letras azules. Es un signo de distinción agradable a la vista. No sabemos quién vive ahí pero ha tenido gusto. Y se lo agradecemos. Un ayuntamiento, digno de tal nombre, debería premiar este adecentamiento de inmuebles. Animaría, quizás, a otros a cambiar la adustez de las calles por una alegre y luminosa sonrisa.
Ya en el final de la cuesta, en el mismo rellano podríamos decir, que da paso a los Matizales han edificado un inmueble moderno: de dos plantas y cinco casas adosadas, de forma rectangular, lineas rectas, color blanco tenue en la parte de abajo y gris con cinco franjas de un azul pálido arriba. Han eliminado la terraza o jardincillo. Lo singular del edificio, su diseño, es que la puerta de entrada está en la parte norte, es decir en la umbría. En la solana, en el sur, hay cinco grantes persianas que llegan hasta el suelo. Suponemos que son la entrada al garaje. Por cierto, no se ve el tejado; y las ventanas tampoco parecen estar ideadas para recoger el calor del sol. ¡Allá el arquitecto y los que las hayan comprado! Pero tenemos que decir que rompe la estética de toda la calle, por lo tanto, sin ser feo, que no lo es, es ciertamente una cagarruta urbanística. A continuación, así mismo con azulejos y letras azules, la palabra 'Dona', que es palabra catalana o lo parece, en el vallado de una finca. Por fin, 'Villa Manuela' que es castellano. Una villa de Los Matizales. Otro mundo. Incluso multicultural en los rótulos. Allí está 'Miren etxea', así, en euskera, 'Casa de Miren' traducido al castellano. De un pedagogo relevante. ¿Franquista? Quizás. Victor García Hoz. Connotado pedagogo, no obstante. Ya fallecido. Pero esa es otra historia.

miércoles, 29 de abril de 2009

José Mª Amigo Zamorano: un meada (bobada) trascendente

Una bobada (meada) trascendente

Allí, allí mismo, se le quitaron algunos prejuicios estúpidos, tontos, majaderos.


Se duchaba en ese momento. El agua corría por todo el cuerpo, produciéndole un agradable cosquilleo. Oía, en el salón, la charla y la risa de sus amigas. Sin darse cuenta, el vapor que salía de la ducha caliente, poco a poco, fue adueñándose de todo el water. Empañaba mosaicos y cristales. Lo llenaba de una neblina convirtiendo el pequeño recinto en un lugar misterioso, íntimo… fuera de la mano de Dios. Ajeno a su poder. Inexpugnable.


De modo que, cuando le entraron unas ganas irresistibles de orinar, lo hizo… Y, sí, lo hizo… con una cierta inseguridad: primero se encomendó a Satanás. Por si acaso. Necesitaba el apoyo de un ser poderoso, por si ocurriera que, el Supremo Hacedor del Bien, la castigara por tamaño pecado: el de orinarse. Y si, se meó. Lo confiesa.


Pero lo realizó bien espatarrada, en previsión de que, los elementos del líquido de la micción, pudieran corroer o manchar su cuerpo puro, inmaculado, al mojarlo. Por desgracia para ella, ni aún con todos esos cuidados logró verse libre de que su líquido amarillento salpicara ambos muslos. Tembló. Lo confiesa.


Le vinieron tales escalofríos que tuvo que agarrarse al picaporte de la ventana, porque se sentía mareada. Lo hizo, claro, por si se caía. Fue una sensación no física, lo reconoce, sino moral. De miedo al futuro que pudiera prepararle el Dios que le enseñaron las monjas en el colegio.


Se quedó inmóvil. Como en guardia temerosa. A la espera que algún acontecimiento aciago le sobreviniera. Espera fugaz, pero angustiosa. Y no. No ocurrió nada. Seguían sus amigas charlando y riendo en el salón. Respiró hondo. Se tocó cabeza y pecho. Vivía. ¡Qué tontería! Y, ¿por qué no iba a vivir? Esta pregunta la tranquilizó.


Mas luego, la inquietud volvió a manifestarse al pensar, como pensó, alarmada, que, a lo mejor, tal vez, acaso, el líquido pudiera haberle dejado unas manchas imborrables, alguna señal, en sus muslos. ¡Qué le diría entonces a su marido!... Sin duda la rechazaría, le diría que era una golfa y la abandonaría por haber desobedecido los preceptos de la pureza… ¡Oh Satanás! ¡Acórreme en este trance!...


Bajó la vista, lentamente. La carne se le puso de gallina. Miró en la entrepierna. Nada. No había pasado nada. Estaba toda su piel blanca, limpia, tersa. Sin mácula alguna. No obstante, se frotó bien frotada. Lo que tuvo unas consecuencias insospechadas para ella: un gusto, un placer que nunca había experimentado; y no lo había sentido antes, nunca, jamás, porque nunca, jamás, antes, había tocado su cuerpo en esas partes que consideraba impuras, sucias, luciferinas, satánicas, perversas…


Abrió la ventana, que estaba, justo, al lado de la bañera y que daba a un patio interior, para despejarse. El aire fresco consiguió serenar, aun más, sus inquietudes. Aunque, todo hay que decirlo, no las tenía todas consigo. No se veía libre de prevenciones. Había traspasado todos los límites de su educación puritana, pactando con el Diablo. Más si él era el Supremo Hacedor del Mal, pensó la joven, su poder se igualaba al del otro hacedor: quedaba por tanto equilibrada la balanza. Seguiría dando vueltas el mundo sin que a ella le ocurriera nada. Como nada le había ocurrido.


Cogió la mano de la ducha para que, el agua, con el jabón que se había dado, arrastrase las pequeñas partículas de impureza que pudieran haberse quedado en su piel adheridas entre los poros. Los poros, dicen, -pensó con cierto temor- son pequeños pozos que tenemos distribuidos por toda la superficie de nuestro cuerpo.


Y, como creyó haber nacido de nuevo, se puso a cantar de alegría. El agua, entonces, comenzó a salirle fría, consiguiendo que, estremeciéndose, se pusiera a mover con rápidos movimientos sinuosos de culebra, lo que le provocó nuevas ganas de mear. Mas, encomendada, como estaba, a ese Supremo Creador del Mal que es Lucifer, dejó que el líquido elemento caliente de la meada le resbalara por todos sus muslos abajo, hasta sus pies. Miró ahora, ya casi sin prevención, con rapidez, con valentía, en acto heroico, desde su sexo hasta el suelo de la bañera. Sabía que nada le iba a ocurrir. Gracias al ángel caído que, ahora que lo pensaba, era un ángel más. ¡Pobre! Ya le premiaría con lo que él quisiera. Es de bien nacidos, el ser agradecidos, reza el refrán. Y el Mal le había hecho algo bueno: la había salvado de un pensamiento majadero.


Terminó de ducharse. Se vistió. Y, cantando, acudió al salón donde las amigas la observaron extrañadas. Si, efectivamente, era una extraña. En el buen sentido. Una meada había tenido la culpa. Una boba meada trascendente.

jueves, 23 de abril de 2009

Camilo Castelo Branco: Una cuestión etnográfica (*)


Discrepancias entre Castelo Branco y Oliveira Martins


Oliveira Martins, para demostrarnos étnicamente la comprensión de la índole varonil e intrépida de las mujeres del Miño, simbolizadas en la valentía de una de ellas, escribe páginas interesantes:

"El Miño, como en todas las regiones de raza céltica, la mujer gobierna la casa y al marido; aventaja al hombre en audacia, en astucia, en fuerza; labra el campo y va con la carreta de maiz al frente de los bueyecitos rubios. Cortejada cuando moza en las romerías por los rapaces enamorados, de caras afeitadas, basta ver uno de estos grupos para descubrir inmediatamente dónde está la acción y la vida: si en el mirar alegre, casi irónico de la moza garrida, relumbrona de oro, o en la aplacible fisonomía del mozo, apoyado en la cayada, contemplativo, sumiso, como ante un ídolo... Cuando se casan las mozas saben el valor del dote que llevan, y las bodas son negocios que ellas personalmente discuten. No es la esposa casi una sierva que entra en poder del marido al uso semita, que se inflltró en las costumbres del sur del reino: es una compañera y asociada, en la que domina el espíritu práctico sobre la apatía constitucional del hombre, desprovisto de una inteligencia viva. La mujer parece el hombre; agobiados por la dura vida de pequeños propietarios, casi mendigos si las cosechas son malas, con numerosos hijos, se apagan los recuerdos nimbados por la dorada luz de los amores juveniles, quedando del antiguo ídolo un rudo trabajador musculoso, con la piel curtida por el sol y las heladas, los pies y las manos coriáceos de segar y andar descalza o con zuecos por los caminos pedregosos y los senderos de brezos espinosos. No se le hable entonces de cosas más o menos poéticas; ya no escucha las canciones de la juventud.


La vida dura fue su maestra; es práctica, positiva y dura. Desprecia todo lo que no suena o tintinea y tiene un culto único: su té. Va a la iglesia y venera al señor cura, pero, junto con los idilios de la mocedad, la religión pierde toda poesía: queda apenas un seco rosario de superticiones profundas y tenezmente arraigadas. ¡Ay de quien toque sus intereses o su culto, su iglesia o su ! El sentimiento de rebeldía (que no debe confundirse con la independencia) en el habitante de la región del Miño es innato, como lo son también la presunción y la astucia -de ahí nuestros parlanchines del Norte y los astutos emigrantes del Brasil-. Además, la vida responsable y libre de propietarios no asalariados les da una enorme  seguridad en su manera de ser."


Es indudable que todo esto es pintoresco y hermoso, pero, en parte, la etnografía que afirma la dignidad de la mujer del Miño está desde cierto punto de vista envuelta en las nieblas de una rica imaginación. La mujer del Miño no gobierna la casa, ni al marido, ni los negocios. Es una bestia de carga que encontrais camino de las ferias, agobiada bajo el peso de los sacos y de los bultos, mientras los maridos, endomingados, se entierran en las tabernas del mercado haciendo acopio de fuerzas para, a la noche, molerlas los huesos en casa; ejercicio complementario de la digestión de la copiosa comida y bebida. En cuanto a la veneración del vicario, se da el caso de que algunas mujeres la llevan al extremo, haciéndola extensiva a los cuadjutores, sobre todo si el clérigo y sus asistentes no tienen piedras en la vejiga y reuma en las artuculaciones que los obliguen a ser más castos que la fantasía de Jocelyn. El libertinaje de las mujeres de esta región, que se alterna con intermitencias de beaterío cuando los misioneros amenazan, ha sido para mi objeto de estudio, y no puedo comprender el grado de enajenación mental a que puede llevar la estupidez. Los solteros aceptan sin escrúpulo a estas mujeres difamadas, bien sea por atracción del instinto,  bien sea por interés. El brasileño, el indiano que cerró la tienda de las suprimidas Congostas, deshonra y dota mozas con una cantidad ya conocida, de modo que los candidatos a la muchacha dotada disputan a palos el goce legítimo de la moza acondicionada para novia. Oliveira Martins, después de las dos páginas transcritas, coincide, sin embargo, conmigo, lo que me regocija. Dice el eminente crítico:

"Pero el hombre de la región del Miño, naturalista, no es susceptible a los pecados de la carne: ¡flaquezas humanas! Muchas, muchas mozas se casan sin ser ya vírgenes; pero eso, a pesar de sabido, no escandaliza". 


Con certeza, no; y me apresuro a declarar que no pretendo que el rubor de mi pudor empurpure los cándidos rostros de quien me lea, ni pretendo tampoco despertar el furor en los pechos indignados por el libertinaje de esta región. Lo que sí pretendo demostrar es que la sublevación de la chusma de Povoa y Vieira no procedió de ningún sentimiento noble de rebeldía o reacción a las exacciones cabralistas, sino que fue sugestión de uno o dos canónigos setembristas con influjo sobre algunos sacerdotes que veremos figurar en las páginas de este libro. (1)

__________
(*) El título se lo hemos puesto nosotros.

(1) Se refiere al libro 'María de la Fuente' (Camilo Castelo Branco; Aguilar, S. A. de Ediciones, colección Crisol, nº. 392; Madrid de 1955; traducción de Inocencia y Mercedes R. Mellado) de donde hemos tomado estos párrafos.

/La ilustración: Retrato de Camilo por Tóssan.