miércoles, 6 de abril de 2011

Iswe Letu: Descubridores


descubridores de razones para ponerse en marcha:
la pobreza, la miseria, la desigualdad, la explotación
de l@s un@s por l@s otr@s, los conflictos de rapiña...

y descubridores de soluciones comienzan la partida
hacia la claridad de la aurora que anuncia la mañana
allí donde la maravilla ágil hace flecha de luz y fuego
con cualquier madera para chasco de la partida lírica

hay buenos auspicios para tiempos de desorientación:
hasta las arenas del desierto y la vegetación de la selva
tiembla a sus pasos y sueña en las amigdalas del cocotero

pero mi consejo es que nos libremos de las embriagueces
y la idea que me ha venido no es puro brillo de oropel
celebra las audiencias sin vergüenza en medio de la luz
a pesar de cohetes, obuses, bombas, y sangre derramada

domingo, 13 de marzo de 2011

Make (*): CRIATURITAS MONSTRUOSAS



Vivimos en una sociedad tan pagada de si misma, que no atiende a razones cuando se le pide un poco de comprensión. Dónde nuestros jóvenes necesitan, tristemente, más psicólogos que justicia, dónde existen adolescentes acostumbrados a satisfacer sus deseos “aquí y ahora”. (Lo extraño es que tal y como les estamos educando no existan en mayor número.) 

Vivimos en una sociedad tan egoísta que no mueve un dedo ante la barbarie, la crueldad y el absurdo. Sólo cuando nos toca de cerca, cuando podemos oler la sangre o nos vemos amenazados, se nos ocurre movilizarnos de alguna u otra manera (y a veces, ni siquiera eso).

Vivimos en una sociedad tan condenadamente estúpida que tenemos miedo de nuestros propios hijos. Niños que insultan, agraden, matan y violan. Tan peligrosos como adultos, pero simples criaturas, a las que hemos creado sin dotarles de los más mínimos valores.

No quiero centrarme en explicaciones sociológicas, como la debilidad de la escuela y la familia, la trivialización del sexo y la exaltación de la violencia que existe hoy en día, quiero simplemente preguntar qué vamos a hacer al respecto: ¿Son nuestros niños unos monstruos? ¿O lo somos nosotros? ¿Qué es realmente lo que lleva a estos “niños” (Cada vez más jóvenes y más agresivos) a delinquir, a veces de forma tan brutal?  ¿El monstruo era Frankenstein o lo era el Doctor Víctor Frankenstein, quién lo creó? ¿Es la sociedad con su indolencia la culpable, o el poder mediático, que por no respetar, no respeta ni los horarios infantiles, el que con su afán de “vender” está creando modelos  poco aconsejables para la sociedad?

Es realmente triste lo que está pasando, miramos alelados el televisor, echándonos las manos a la cabeza y pidiendo que rueden cual Revolución Francesa. Y llegados a este punto ¿Debemos pedir la cabeza del monstruo o la del creador? Ya que casi todos somos parte del problema, todos somos un poco el Dr. Frankenstein, tanto los que lo hacemos mal, como los que no hacemos absolutamente nada que aporte una solución.

Encerrando al monstruo no se acaba con él  ni con su creador. Al fin y al cabo el monstruo de Frankenstein no es más que un cadáver rescatado de un cementerio, el problema es que en esta sociedad-cementerio no dejan de proliferar cadáveres vivientes, sobre todo, cadáveres morales. 

__________
(*) Make Martín o M.M. es una ex alumna que tiene en su haber ya numerosos artículos publicados en la prensa. Me ha enviado este sin publicar y, yo, José Mª Amigo Zamorano, orgulloso de ella y de no haber engendrado 'criaturitas monstruosas' con mi enseñanza se lo voy a poner en este blog. Espero que no se ofenda.


jueves, 3 de marzo de 2011

Que ruede: a manifestarse el 11 de marzo de 2011 a las 20:00. En todas las ciudades


QUE RULE, "MANIFESTACION PARA EL VIERNES 11 DE MARZO DEL 2011 A LAS 20:00 HORAS EN TODAS LAS CIUDADES ".


Pérez Reverte

Hay un problema laboral del colectivo de controladores aéreos que afecta al 1,2% de la población española (600.000 personas) y casi todos saltáis como energúmenos pidiendo hasta el linchamiento de ese colectivo cuando el día anterior hacen otra reforma del sistema laboral más restrictiva, quitan los 420 euros de ayuda a 688.000 parados que están en la ruina y anuncian cambios drásticos a peor en la ley de pensiones que afectan al 80% de la población y nadie se indigna ni dice nada. ¿Sois idiotas?

Estáis pidiendo a gritos al Gobierno que se apliquen medidas que quitan el derecho a la baja laboral, a los permisos retribuidos y a las horas sindicales, sacar militares a la calle ¿sois idiotas?

Estáis leyendo que mintieron en los vuelos de la CIA, en el caso Couso, que González era la X del GAL, que gente del PP cobraba de la trama Gürtel, que hay políticos que cobran más de 230.000 euros al año, pero que nos cuestan más de 3 millones de euros, que la corrupción en la política no es excepción, sino norma, que ellos mismos se adjudican el derecho a cobrar la jubilación máxima con pocos años en las Cortes y a nosotros nos piden 40 de cotización, banqueros que consiguen del gobierno medidas duras contra los trabajadores y que tenían que estar en la cárcel por delitos demostrados de fraude fiscal y no decís nada, os quitan dinero para dárselo a esa gente que cobra cientos de miles de euros año, especula con nuestro dinero, defrauda a Hacienda y seguís callados ¿sois idiotas?

Tenéis una monarquía que se ha enriquecido en los últimos años, que apoya a los poderosos, a EEUU, a Marruecos y a todo lo que huela a poder o dinero, hereditaria como en la Edad Media ¿sois idiotas?

En Inglaterra o Francia o Italia o en Grecia o en otros países los trabajadores y los jóvenes se manifiestan hasta violentamente para defenderse de esas manipulaciones mientras en España no se mueve casi nadie ¿sois idiotas?

Consentís la censura en los medios de comunicación, la ley de partidos, la manipulación judicial, la tortura, la militarización de trabajadores sólo porque de momento no os afecta a vosotros ¿sois idiotas?

Sabéis quién es toda la gentuza de las revistas del corazón, futbolistas supermillonarios pero jamás escucháis a nadie como Saramago o Chomsky u otros mil intelectuales veraces y comprometidos con vuestros problemas ¿sois idiotas?

Si mucha gente responde sí, aún nos queda un poco de esperanza de conseguir acabar con la manipulación de los políticos y poderosos.
Si la mayoría contesta no, entonces estamos jodidos.




Es lo que piensa la mayor parte de los Españoles.   

No seré yo quien pare esta cadena. 

Un saludo a todos. 





EL GOBIERNO: Ha bajado el sueldo a los funcionarios, suprimido el cheque-bebé, congelado las pensiones y reducido la ayuda al desempleo, (EL PARO), para afrontar la crisis que han generado los bancos los políticos y los especuladores bursátiles. 

Nos gustaría transmitirle al Gobierno lo siguiente: 

Dediquen su empeño en rebajar LA VERGÜENZA DEL FRAUDE FISCAL,que en España se sitúa alrededor del 23% del P.I.B. (10 puntos por encima de la media europea) y por el que se pierden miles de millones de €uros, fraude que repercute en mayores impuestos para los ciudadanos honestos. 
TENGAN LA VERGÜENZA de hacer un plan para que la Banca devuelva al erario público los miles de millones de euros que Vds. les han dado para aumentar los beneficios de sus accionistas y directivos; en vez de facilitar el crédito a las familias y a las empresas, erradicarlas comisiones por los servicios bancarios y que dejen de cobrar a los españoles más humildes €30.01, cada vez que su menguada cuenta se queda sin saldo. Cosa que ocurre cada 1º de mes cuando les cargan las facturas de colegios, comunidades, telefonía, Etc. y aun no les han abonado la nómina. 
  
PONGAN COTO a los desmanes de las empresas de telefonía y de ADSL que ofrecen los servicios más caros de Europa y de peor calidad. 
  
ELIMINEN la duplicidad de muchas Administraciones Públicas, suprimiendo organismos innecesarios, reasignado a los funcionarios de carrera y acabando con los cargos, asesores de confianza y otros puestos nombrados a dedo que, pese a ser innecesarios en su mayor parte, son los que cobran los sueldazos en las Administraciones Públicas y su teórica función puede ser desempeñada de forma más cualificada por muchos funcionarios públicos titulados y que lamentablemente están infrautilizados. 
  
HAGAN que los políticos corruptos de sus partidos devuelvan el dinero equivalente a los perjuicios que han causado al erario público con su mala gestión o/y sus fechorías, y endurezcan el Código Penal con procedimientos judiciales más rápidos y con castigos ejemplares para ellos. 
        
INDECENTE,  es que el salario mínimo de un trabajador sea de 624 €/mes y el de un diputado de 3.996, pudiendo llegar, con dietas y otras prebendas, a  6.500 €/mes. Y bastantes más por diferentes motivos que se le pueden agregar. 

INDECENTE, es que un profesor, un maestro, un catedrático de universidad o un  cirujano de la sanidad pública, ganen menos que el concejal de festejos de un ayuntamiento de tercera. 
  
INDECENTE, es que los políticos se suban sus retribuciones en el porcentaje que les apetezca (siempre por unanimidad, por supuesto, y al inicio de la legislatura). 

INDECENTE, es que un ciudadano tenga que cotizar 35/40 años para percibir una jubilación y a los diputados les baste sólo con siete, y que los miembros del gobierno, para cobrar la pensión  máxima, sólo necesiten jurar el cargo. 
  
INDECENTE, es que los diputados sean los únicos trabajadores (¿?) de este país  que están  exentos de tributar un tercio de su sueldo del IRPF. 
  
INDECENTE, es colocar en la administración a miles de asesores = (léase amigotes  con sueldos que ya desearían los técnicos más cualificados) 
  
INDECENTE, es el  ingente dinero destinado a sostener a los partidos y sindicatos pesebreros, aprobados por los  mismos políticos que viven de ellos. 
  
INDECENTE, es que a un  político no se le exija superar una mínima prueba de capacidad para  ejercer su cargo (ni cultural ni intelectual). 
  
INDECENTE, es el coste que representa para los ciudadanos sus comidas, coches oficiales, chóferes, viajes (siempre en  gran clase) y tarjetas de crédito por doquier. 
  
INDECENTE, No es que no se congelen el sueldo sus señorías, sino que NO se lo bajen. 
  
INDECENTE, es que  sus señorías tengan seis meses de vacaciones al año. 

INDECENTE, es que ministros,  secretarios de estado y altos cargos de la política, cuando cesan, son los únicos ciudadanos de este país que pueden legalmente percibir dos salarios del ERARIO PÚBLICO. 

Y que sea cuál sea el color del gobierno, toooooooodos los políticos se benefician de este moderno "derecho de pernada"  mientras no se cambien las leyes que lo regula.     
¿Y quiénes las cambiarán? ¿Ellos mismos? Já. 
  
Juntemos firmas para que haya un proyecto de ley con "cara y ojos" para acabar con estos privilegios, y con otros.

¡¡¡ Haz que esto llegue al Congreso a través de tus amigos !!!


ÉSTA  SÍ DEBERÍA SER UNA DE ESAS CADENAS QUE NO SE DEBE ROMPER, PORQUE SÓLO  NOSOTROS PODEMOS PONERLE REMEDIO A ESTO, Y ÉSTA, SI QUE TRAERÁ AÑOS DE  MALA SUERTE SI NO PONEMOS REMEDIO, está en juego nuestro futuro y el de nuestros hijos. 



          DONDE ESTAN LOS ESPAÑOLES?                                  

     QUE LEVANTAN MASAS PARA EL FUTBOL

     Y NO PARA DEFENDER NUESTROS DERECHOS.

jueves, 27 de enero de 2011

José Mª Amigo Zamorano: Mano negra en el buraco



-'Bueno, ya veré'. 

Te respondí lo anterior en el último relato cuando me preguntaste que, en concreto, de cuál cosa iba a escribir en otra ocasión.
Dándole vueltas al asunto me acordé de algo que me contó un día un amigo y que estuvo a punto de costarle caro. Y, si mi memoria me es fiel, fue más o menos así:

"Estaba una mañana de invierno -empezó diciendo mi amigo- a finales de enero, mirando por la ventana, distraidamente, mientras me devanaba los sesos para ver si sacaban a luz algo que me pudiera servir para crear un relato. En esto estaba, cuando me acordé de lo que, algunas veces, pensé hacer; esto es: describir, con todo detalle, lo que veía por las cristaleras, por las distintas cristaleras de casas donde viviera o estuviera de visita. Una idea que me vino a sesera queriendo imitar unas narraciones de Martín Garzo, un escritor vallisoletano que me pareció, tras leerle esos escritos, digno de tenerse en cuenta; bien, ahora ya es un escritor conocido, al que, dicho sea en honor a la verdad, no le he seguido en absoluto, qué le vamos a hacer. Recuerdo vagamente que los capítulos tenían todos una estructura semejante; es decir: similares todas; las únicas diferencias -que yo recuerde- eran matices inherentes a personajes y a contextos. Creo que eran mujeres, o  parejas de novios, siempre. Algo de eso. No me acuerdo bien.

Bueno, pues pensé esa mañana, decididamente, llevar a cabo, aquel propósito de antaño, con las tres cristaleras que se abrían a mi mesa de comedor donde estaba sentado: por la cristalera de la derecha se veía un trozo de pared de ladrillo rojo, con dos ventanas, un solar abandonado con un árbol del que sobresalían algunas ramas de la tapia y a continuación una pared de una casa pequeña revocada con cemento; dicha pared tenía dos ventanucos que más parecían buracos; luego, la cristalera del medio dejaba ver el resto de la casa de ladrillos rojos, con sus ventanas y balcones; y por último la de la izquierda que se asomaba a una plaza y a numerosos bloques de viviendas.

Como hay que tener un orden, empezaría por la cristalera de la parte derecha, luego la del centro para terminar, como ya he dicho, en la izquierda.

La decisión de comenzar por el ventanal de la derecha se debió a que, en principio, reunía vistas interesante, para mi, no por el trozo de pared de ladrillos rojos, no; lo que más me llamó la atención fue la pared revocada con cemento, con el gris del cemento. A esa hora de la mañana, serían las once, daba el sol sobre ella y, entre la línea de caida del tejado y la línea sombra que proyectaba la casa de ladrillos rojos, sobre la fachada de cemento, circundaban una parte soleada con forma de trapecio regular. Y casi en medio del trapecio iluminado los dos buracos. De ambos buracos o ventanucos, en el de mi derecha aparecía una mano negra que sacudía algo. A esa hora de la mañana sería sin duda el polvo. Para completar el trapecio, que se ofrecía a mi vista, las ramas, desnudas de hojas, de un árbol que tenía el solar se ramificaba por toda la figura geométrica.

Por la plaza, que veía asomarse al ventanal de mi izquierda, pasaba la gente muy muy abrigada. Estaba la emperatura a 0 grados, aunque el sol radiaba esplendoroso, brillante, potente. Era, según el dicho de mi pueblo, 'un sol que escacha los cristales'. O eso me decía mi madre. Exclamando siempre a continuación:

-¡Qué frío hijo mío debe hacer por la calle!

Cosas de mi pueblo.

Volví a prestar atención al trapecio para comenzar la descripción detalladísima del cuadro. La mano seguía sacudiendo el polvo. O eso creía yo. De pronto, me acordé que allí vivía Ahmed, un marroquí muy amable, natural de Tanger, con el que había hablado en algunas ocasiones. Pocas, la verdad. Por cierto, cuando, en esos encuentros, iba con su mujer ella se apartaba un poco. Hembra a la que nunca, por la calle, le ví la cara totalmente. Las esconden a las miradas. Los árabes. ¿Sólo los árabes? 


Pues no. Hay mucho árabe o moro en todas partes. No te lo digo por decir. Para que veas que lo que digo tiene mucha razón puedo recordarte una conversación que tuve con un italiano. Venía yo en tren y comencé a entablar conversación. Estaba casado con una madrileña (que le acompañaba) del barrio de Vallecas. Daba clases en Italia en un instituto del sur de la bota. Una pequeña ciudad donde se conocían todos. Después de hablar de algunos escritores vino a detenerse en Dante y la Divina Comedia. Yo conocía algunos pasajes de memoria. Le dije que también yo daba clases, pero a niños pequeños. La conversación derivó hacia las relaciones de hombres y mujeres. Recuerdo que hice alusión a que acababa de llegar a un pueblo que estaba cerca de Madrid y que durante la mayor parte de los días de la semana, en los bares, solo había hombres. El ir yo con mi mujer era la excepción. La inmensa mayoría de los varones llevaba sus mujeres a los bares y restaurantes, si, pero el sábado y domingo. Sobretodo el domingo. A este profesor italiano le pareció raro lo que le decía. Pensaba que eso solo se daba en Italia y dentro de Italia en el sur. 


-En la ciudad en la que estoy ahora dando clases  está muy marcada la separación de hombres y mujeres. Es muy notorio la reclusión de las mujeres casadas. Incluso hay aceras para ambos sexos: los hombres van por una y las mujeres por otra. 


Para ilustrar esa separación, reclusión, aislamiento y marginación se refirió al caso de un compañero de instituto. De ideología avanzada, progresista. 


-Comunista para más señas. Una vez me invitó a su casa. Puedes creer que no me presentó a su mujer. La intuí tras los visillos de la ventana cuando ya, desde la calle, miré hacia una ventana de la casa. Oye, era comunista. Si. Pero una mentalidad de moro...


Picado por la curiosidad miré, con mayor atención, por ver si era ella la que sacudía el polvo y también porque no era normal que estuviese, o estuviesen, sacudiéndolo tanto tiempo. Mi vista no es ya lo que era y a esa distancia no percibo las cosas con la nitidez de antaño. Miré atentamente y llegué a la conclusión que sí, que era la mujer de Ahmed y no sacudía solo el polvo sino que me saludaba. Ya lo había hecho otras veces. Correspondí al saludo alzando la mano. Pero para no parecer demasiado descarado, o que me llamaran metomentodo, sinvergüenza, cotilla... Y, sobre todo, porque soy, eso si, un tímido incorregible, bajé la mirada casi avergonzado y un tanto nostálgico.
///
Bajó la cabeza avergonzado de acordarse aun de ella. Y para distraer el pensamiento de la hembra lo desvió hacia el marido: el ya mentado Ahmed.

(Antes de continuar diré que he cambiado la forma de redactar este relato porque podría no ser fiel del todo a lo que me contó mi amigo y si la historia les parece inverosímil échenme a mi la culpa, a mi mala redacción y no al suceso que me contara este amigo)

Ahmed era un hombre bondadoso de mirada bovina y comportamiento sumiso, casi dulce; un tanto untuoso, al parecer de mi amigo. Había hablado con él en varias ocasiones. Y casi siempre cuando mi amigo estaba paseando por la calle leyendo. Una vez -recordaba- le habló de su Tanger natal; allí había sido comerciante o vendedor ambulante, y pasaba muchas horas en su oficio delante de un gran restaurante. 

-Entraba y salía gente de postín. Famosos.

Como mi amigo no ha estado nunca en África, por lo tanto en Marruecos tampoco; y, por supuesto, a Tanger la había visto, si, pero en los puntos que los atlas marcan para señalar poblaciones; mas para darse pisto le habló de Mohamed Chukri, un novelista marroquí descarnado y directo. Entonces a Ahmed se le iluminó la cara: lo conocía: conocía a Mohamed Chukri.

-Era un hombre generoso y sabía mucho. Sabía mucho.

Por lo que pudo sacar en limpio mi amigo, Ahmed, sin embargo, jamás había leído nada del escritor marroquí. Lo supo con certeza porque, cuando le cito el caso que relataba Chukri en 'El pan desnudo': cómo su padre mata a su hermano retorciéndole el cuello; lo miró entre sorprendido e incrédulo y no se le ocurrió otra cosa que decir:

-Gente mala hay en todas partes.

Esa frase -según mi amgo- indicaba el temor a que lo clasificaran a él, a Ahmed, en ese sector de población del mundo. Es por lo que se comportaba de ese modo tan amable, tan servicial, tan atento, tan... A él, precisamente a él, ese proceder le parecía un poco empalagoso.

Tenía que reconocer que buena parte de la población marroquí -no todos, por supuesto, sería una exageración por su parte- se aislaba tras su idioma, su cultura y su religión. Los aborígenes les pagaban con la misma moneda no queriendo tener mas relación, llegado el día y la hora, que la necesaria para ir a cobrar el alquiler de la casa donde se alojaban. Ahmed, abriéndose a los vecinos, abordándolos en la calle, conversando con ellos, demostraba que no todos los extranjeros son lo mismo. De las veces que habló con Ahmed, si iba acompañado de su esposa, ésta se apartaba siempre un poco, sin decir nada. Solo miraba. Miraba interesadamente. Intensamente. Con el interés y la intensidad que parecían desprenderse de sus ojos negros, ¡negrísimos! 

Al recordarlos alzó la vista y miró de nuevo al buraco
.
¡No podía ser! Eso no era normal: la mano seguía agitándose. Miró con mayor atención: de cuando en cuando se aceleraba el movimiento, de tal manera que parecía desdoblarse. Era como si, desesperadamente, quisiera transmitirle algo: un mensaje de auxilio, un SOS que venía hasta él desde el buraco. Hasta el oído creyó percibir gritos. Achicó los párpados en un intento de descorrer oscuridades, de desvelar un misterio que, poco a poco, se le estaba metiendo en su carne como un bisturí, angustiándolo. Por el buraco no se asomaba nadie: todo el cuadrado era negro. Si bien, toddo hay que decirlo, la mano negra desmentía el vacio del hueco. Él adivinó que la cara de ella, envuelta en velo negro, se confundía con el negro del ventanuco. Pero los ojos, sus ojos, negros, despedían ascuas de angustia. Algo estaba sucediendo allá, en la casa de Ahmed. Y tenía que averiguarlo. 

Según su amigo, cuando le sucedió esto hacía ya varios meses que no veía al tal Ahmed. Llegando a creer, como lo creyó, que se habría marchado a su país con su esposa. Acontecimiento que, a él, le había tranquilizado por una parte. Esa parte tenía que ver con su esposa.

¿Cómo se llamaba? ¿Axa, Fátima o Marien? No recordaba el nombre que su amigo le dio. 

Llegado a esta parte del relato, tiene que contar, muy sucintamente, el encuentro que su amigo tuvo con la mora en el campo. Parece ser, a lo mejor se lo imaginó, que una mañana estaba paseando por el campo. Un día soleado. Con su libro. A veces lo leía, otras se sentaba mirando el paisaje y la mayor parte del tiempo solo andaba.  Le gustaba subirse a un pequeño risco. Y en este risco estaba, sentado, entre peñas. No se veía a nadie en derredor. Sintió ganas, con perdón, de orinar. Buscó unas matas y allí meó. Recuerda que se le había empinado el pene, el lector lo perdone, y sintió gusto, no lo puede negar, en acariciarlo. De repente, tras unas rocas, apareció una mujer. Llevaba velo en la cara. Él se abrochó rápido la bragueta y musitó:

-Perdón, señora.

Sin saber si la mujer le había visto sus partes pudendas. Lo más probable es que no, porque estaba tras la mata. Y dándose la vuelta prosiguió su paseo. No había andado unos pasos cuando oyó:

-Oiga, oiga. Señor, señor. ¿No me conoce? Soy... La esposa de Ahmed.

Cuando se enfrentó a ella se encontró con una mujer sin velo. Cabello al viento. Cara blanca. Muy blanca. Labios gruesos. Carnosos. Ojos negros que parecían sonreir. 

-¡Ah! Mucho gusto. No la había conocido. ¿Cómo por aquí?

-En busca de moras -y se rió.

Llevaba en la mano una cesta donde efectivamente echaba moras de las zarzas.

-Y Ahmed, ¿dónde anda?

-Vendiendo.

-¿Es vendedor?

-Toda su vida ha sido comerciante.

-¡Es verdad! Me dijo que en Tanger...

Y siguieron hablando. Solos. Defendidos del entorno por las rocas que, además, los aislaban del resto del mundo. Se sentaron uno frente a la otra. Mirándose. Sincerándose. Desinhibiéndose. Como amigos de toda la vida. Hablaban. Contaban. Se emocionaban. Reían. Narraban sucesos de sus pueblos. Algo tenían en común: eran de pueblos pequeños. Ella, sin previo aviso, y, al parecer, sin venir cuento, le dijo:

-Antes... me he estremecido de los pies a la cabeza.

-¿Cuándo?

-Me da vergüenza decírtelo.

-¿No sé por qué? Hemos hablado de todo y sinceramente.

-Bueno... Verás... Fue... Cuando estabas tras de la mata.

Lo que ocurrió despues -siempre según lo que me contó mi amigo- me van a permitir que me lo guarde por decoro; y porque, en el caso de que fuera verdad, no tengo derecho a divulgarlo; y, como parte del relato, no estoy seguro de su veracidad; ni tampoco de que se lo hubiera inventado.

Lo que si es cierto es que, a pesar de la alegría que sintió (por ver alejarse un problema) cuando creyó que la pareja marroquí habían retornado a su patria, nunca la olvido del todo. Ahora le volvía de repente en forma de mujer angustiada, de hembra en peligro y tenía que acudir a salvarla. Los caballeros españoles son así: caballeros que protegen a sus damas del peligro.

¿Pero de dónde brotaba el peligro? Ella vivía con Ahmed. Con nadie más. ¿Se habría enterado el marido de su encuentro en el campo con su señora? Y si fuera así, tal vez la estuviera pegando o amenazándola de muerte. Ella no tenía a nadie a quien acudir. Los familiares estaban, allá, en las montañas del Rif. El único conocido era él. Tenía, era su deber, que acudir en socorro y amparo. Para lo cual, primero tenía que bajar a la calle y luego, acercarse al buraco para saber a qué carta quedarse. Sobre el terreno se ven con más claridad los problemas. E incluso podría decírselo a la policía, porque era un caso claro de violencia de género. 

Decidido. Miró hacia el buraco. Los movimientos seguían insistentes. Por momentos aceleradísimos. Según se levantaba de la silla, cogía el abrigo, abría y cerraba la puerta, bajaba las escaleras, abría y cerraba la puerta de salida a la calle, iba pensando que Ahmed no podía ser así. No reunía las características que se le supone a un maltratador... Pensado esto ya se estaba arrepintiendo de su razonamiento, acordándose de aquel gitano tan simpático, tan dicharachero. Él era muy niño y los recuerdos de aquella época remota pueden no ser fieles, pero lo que vio lo tiene grabado: llegaron a su pueblo un grupo de gitanos y su padre, que era alcalde, le dio permiso a que se establecieran, por unos días solo, en el pueblo; lo hicieron en los soportales de la iglesia; a cubierto de la lluvia.

-El jefe de ellos era, como ya te he dicho -contaba mi amigo- un hombre amable, simpático, sonriendo siempre a todo el pueblo; pero una vez, estando yo jugando con otros niños de mi pueblo en el atrio de la iglesia -siguió contándome mi amigo- contemplé cómo a una mujer gitana le dio un codazo que la tumbó al suelo sin inmutarse y así se fue hasta el bar sin mirarla siquiera, mientras ésta lloraba tirada en el suelo. De modo que Ahmed podría hacer lo mismo con su mujer. Ya se dice por ahí: marroquies y gitanos primos hermanos. 

En esto iba pensando mientras bajaba las escaleras de la su casa. Tan distraido se hallaba que resbaló en uno de los últimos peldaño cerca de la puerta de entrada y se dio de bruces con el picaporte. 

-Y menos mal que no me caí. Pero el golpe contra el picaporte me abrió una ceja y comencé a sangrar -y mi amigo señalaba con el dedo una cicatriz.

Salió a la calle sin preocuparte de la herida. Sangrando y corriendo. Dobló la esquina tropezando con un conocido, quién mirándole la cara le preguntó que qué le pasaba.

-¡Ahmed, Ahmed! ¡Allí, allí! ¡En el buraco! -le decía yo medio atontado señalando el buraco.

-¿Ahmed?... ¿Qué Ahmed!... El Ahmed que tu y yo conocemos se marchó de aquí hace ya cuatro o cinco meses.

Mi amigo, mientras oía lo que le decía el vecino, continuaba señalando el buraco.

Buraco donde un tordo, o grajo, aleteaba intentado entrar en el ventanuco. Su cuerpo, sus alas en mayor medida, proyectaban sombras sobre la pared iluminada por el sol.

Entre la línea recta del tejado y la sombra recta de la pared de ladrillos rojos, circundaban un trapecio regular iluminado por el sol.

El tordo, o grajo, a una palmada del vecino, se salió del ventanuco yendo a posarse, con otros, en las ramas del árbol que sobresalía de la tapia del solar abandonado.




miércoles, 19 de enero de 2011

VAMOS A PASAR DEL CABREO A LOS HECHOS: Apagón el 15

Este puede ser el comienzo, 
así lo he recibido y así os lo mando.

VAMOS A PASAR DEL

CABREO

A LOS HECHOS.



APAGÓN GENERAL


DÍA 15 DE FEBRERO

El DÍA 15 DE FEBRERO DÍA DEL CONSUMIDOR, apagón general de electricidad


en los hogares españoles a las 22 horas en señal de protesta


por la subida abusiva que ENDESA, IBERDROLA y FENOSA


han llevado a cabo en sus tarifas eléctricas.

La única forma que tenemos de luchar los consumidores


contra estas practicas abusivas,


es con medidas como esta por eso os convocamos


a seguir esta iniciativa Que comenzara a las 22 horas y durara 5 minutos.
CON SOLO 5 MINUTOS HAREMOS UN HUECO EN SUS ARCAS,


QUE SE ACORDARÁN DE TODOS A LOS QUE ESTÁN ROBANDO.!!!

!!!! OS ROGAMOS QUE LO HAGÁIS PASAR


AL MAYOR NUMERO DE CORREOS ELECTRÓNICOS!!!!!......

VAMOS A PASAR DEL CABREO A LOS HECHOS: Apagón el 15

Este puede ser el comienzo, así lo he recibido y así os lo mando.

VAMOS A PASAR DEL CABREO A LOS HECHOS.

APAGÓN GENERAL DÍA 15 DE FEBRERO

El DÍA 15 DE FEBRERO DÍA DEL CONSUMIDOR, apagón general de electricidad en los hogares españoles a las 22 horas en señal de protesta por la subida abusiva que ENDESA, IBERDROLA y FENOSA han llevado a cabo en sus tarifas eléctricas.

La única forma que tenemos de luchar los consumidores contra estas practicas abusivas, es con medidas como esta por eso os convocamos a seguir esta iniciativa Que comenzara a las 22 horas y durara 5 minutos.
CON SOLO 5 MINUTOS HAREMOS UN HUECO EN SUS ARCAS, QUE SE ACORDARÁN DE TODOS A LOS QUE ESTÁN ROBANDO.!!!

!!!! OS ROGAMOS QUE LO HAGÁIS PASAR AL MAYOR NUMERO DE CORREOS ELECTRÓNICOS!!!!!......

martes, 4 de enero de 2011

Historias de esclavos: Comprándose a si mismo (*)

La larga lucha del esclavo para comprarse a si mismo podría se el tema de un relato conmoverdor. A menudo podía significar una amarga decepción el que un amo se negara a aceptar tal acuerdo o en el peor de los casos que muriese sin haber llevado a cabo la transación a buen puerto; otras veces, sin embargo, el objetivo se lograba; como fue el caso de Charles White, un 'trabajador muy hábil y eficiente' que en cualquier parte hubiese sido útil, empezó su campaña en pro de su libertad en 1832, cuando solicitó permiso a su amo para prestar a otros sus servicios. Su propietario aceptó y White empezó a ahorrar todo lo que le quedaba después de haber pagado sus gastos y lo que al amo le correspondía. Y por el año 1841 la meta parecía estar a su alcance, tanto, que se había llegado a hablar ya de 'papeles emancipatorios' para White, que le envió a su amo 'testimonio de su inmensa gratitud y de lágrimas de alegría'. Sin embargo cuatro años más tarde le faltaban aun 80 dólares, pues, debido a su condición de esclavo, le costaba conseguir le pagaran el importe de lo que se le debía. Por fin, en 1847, a los 15 años, Charles White pagó el montante reclamado por su propietario y logró de esa manera sus 'papeles de emancipación'. Pocos podían vanagloriarse de haber accedido con tan gran honestidad a la calidad de hombre libre como en el caso de este herrero de Virginia.

(De la obra de Kenneth M. Stampp titulada 'The Peculiar Institution', 1956)

(*) Título nuestro